viernes, abril 18, 2014

De Camaleones y Camarones Políticos



En su edición del viernes pasado, el prestigioso semanario The Economist calificaba atrevidamente al presidente peruano como “camaleón político”, aludiendo a su colorida mutación desde el chavismo reflejado en la Gran Transformación, pasando por la variedad carioca de la socialdemocracia materializada en la Hoja de Ruta, hasta su sometimiento al neoliberalismo criollo, una vez que se asentó en Palacio y se libró de sus consejeros heterodoxos. ¿Cómo entender ese proceso? 


Recordemos que el camaleón más prominente llegó al poder gracias al eslogan del No-Schock para sustituirlo por el Super-schock en 1990. Al que le siguió, a lo largo de toda la década de los noventa, la aplicación implacable de las políticas económicas del Consenso de Washington y algunas de las reformas de Segunda Generación. La liberalización de la economía y su reprivatización permitieron aprovechar las ventajas comparativas estáticas del país, con lo que se reimplantó en toda su plenitud el esquema extractivista, concentrado en la explotación minero-hidrocarburífera. 


El éxito de esa otra gran transformación fue rotundo en materia económica, ya que se creció a tasas relativamente elevadas, la inflación se redujo a un dígito y se sanearon las cuentas fiscal y externa. Por lo que los gobiernos democráticos que le siguieron, a pesar de sus campañas de supuesto origen socialdemócrata, se dejaron llevar por la primario-exportación, gracias al boom global de las commodities, que aseguraba suculentos flujos tributarios y de divisas.


Pero no sólo la comodidad o la falta de creatividad explica que se siguiera el rumbo adoptado, sino el simple hecho de que una vez instaurado el modelo, económica e institucionalmente, generó fuerzas sociopolíticas endógenas que presionaron automáticamente a su prolongación y profundización. Asentada la nueva ruta de acumulación, el resto vino sólo para asegurar el cambio: las políticas macroeconómicas, las leyes, las instituciones, las alianzas políticas y hasta la mente de la población se ajustaron inercialmente a las fuerzas endógenas que le darían coherencia al modelo extractivista. Es decir, se procesó rígida y convencidamente en una marcha que los economistas denominan sendero-dependencia (“path dependence”). 


Eso explica por qué los gobiernos democráticos que se instalaron en 2001, siguieran por esa misma vía primario-exportadora. Pero se ignoraron las lecciones que nos ofrecía la historia, propia y ajena, sobre las patologías que generaba subrepticiamente ese esquema de acumulación. Se trata de lo que los politólogos denominan la “Paradoja de la Abundancia” y los economistas llaman la “Maldición de los Recursos Naturales”. Entre sus principales procesos malignos, algunos son exógenos, como la exagerada volatilidad de los precios internacionales de las commodities. Pero la mayoría son endógenos al modelo y de los que resulta complejo escapar: la enfermedad holandesa por efecto de la sobrevaluación del tipo de cambio doméstico; la desnacionalización de la economía y la dependencia de la inversión extranjera; la creciente concentración de la riqueza; el “efecto voracidad” y los conflictos sociales ligados a la propiedad, a la distribución de los impuestos derivados de la actividad extractiva y a los relacionados con el medio ambiente (ríos envenenados y bosques deforestados); la cooptación del gobierno por parte de los exportadores primarios y los organismos internacionales; etc. 


En casos más extremos se desemboca en guerras civiles e, incluso, en confrontaciones armadas entre países, siempre en torno a los valiosos recursos naturales. Asimismo son comunes los gobiernos altamente autoritarios que surgen en esas condiciones. Incluso, en la coyuntura peruana actual, ya hay quienes visualizan un “golpe militar” por el notorio “vacío de poder” existente, como MVLL ya lo “advirtió melodramáticamente” (The Economist) en relación al tormentoso  voto de confianza del quinto gabinete del gobierno. 


De esos perniciosos virus que agobian a las economías extractivistas solo se han salvado aquellos países que previamente tenían instalados anticuerpos en forma de instituciones y organizaciones consensualmente establecidas, como son los casos de las excolonias inglesas (Australia, Canadá, Nueva Zelanda) o aquellos que ya disponían de ellos antes de las bonanzas primario-exportadoras (Noruega y, aunque sufrió por unos años la enfermedad holandesa,  Holanda).


En buena cuenta, si bien nuestros gobernantes fueron camaleones para llegar al poder, tuvieron que cambiar de color para adaptarse al modelo. Estaban atados de manos, por lo que –más bien por comodidad y para no enfrentarse a los poderes fácticos- no aprovecharon la bonanza internacional para llevar a cabo –cuando menos desde el año 2001- las tan necesarias transformaciones en la distribución de la riqueza y en la estructura productiva sectorial y geográfica del país, a fin de ampliar el mercado interno que permitiría reducir en algo nuestra dependencia externa de las fluctuaciones de la demanda global de nuestras commodities. La abundancia de divisas e impuestos lo habría permitido. Pero el “pragmatismo”, forzado por la sendero-dependencia, los llevó a seguir el mismo rumbo que marcaba el piloto automático que habían instalado. Pero, como era de esperarse, camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Y, en efecto, esos gobiernos acabaron sus mandatos a duras penas y notoriamente deslegitimados, acumulando frustraciones que permiten vaticinar –más temprano que tarde- desagradables tempestades que quedarán al desnudo en las próximas tandas electorales.



FUENTE: Hildebrandt En Sus Trece, abril 18, 2014; P. 35.

Un Lustro del TLC con EEUU, 2009-2013




Acaba de cumplirse el quinto aniversario desde que se iniciara efectivamente –en febrero 2009- nuestro TLC con EEUU, por lo que vale la pena evaluar los beneficios que ha contraído para el Perú en materia de comercio exterior.

Las cifras del Departamento de Comercio estadounidense nos deberían alegrar, porque el valor nominal de nuestras exportaciones a EEUU aumentó en 40%, de US$ 5.812 millones en 2008 a US$ 8.122’ en 2013. Sin embargo, los resultados netos ya no son tan halagüeños si observamos que nuestras importaciones aumentaron bastante más (en 63%), de US$ 6.183 millones en 2008 a US$ 10.056’ en 2013.

Las consecuencias de esa asimetría para nuestra balanza comercial deberían ser motivo de preocupación, como se desprende de las tediosas pero inevitables cifras que apuntaremos a continuación. Ya el primer año del TLC generó un déficit comercial de US$ 696 millones (2009) con EEUU, el que siguió subiendo abruptamente, dando lugar a un promedio anual negativo de US$ 2.020’ en el cuatrienio 2010-2013. Específicamente: - US$ 1.506’ en 2010; - US$ 1.731’ en 2011; - US$ 2.927’ en 2012 y – US$ 1.933’ el año pasado. Con lo que les hemos ayudado a reducir –aunque solo sea en una pizca- sus déficits comerciales con el resto del mundo, que han bajado de US$ 834.000’ a 704.000’ del 2008 al 2013.

Muy distinto lucía el panorama de nuestro comercio exterior de bienes con EEUU entre 2002 y 2008, antes de la apurada firma de este TLC. Durante ese septenio regía la Ley de Preferencias Arancelarias y Erradicación de la Droga (ATPDEA), a lo largo del cual –con excepción del último año- gozábamos de sustanciales superávit, que ascendían a un promedio anual de US$ 1.600’ entre 2002 y 2007: 2002 (377 millones), 2003 (710’), 2004 (1.601’), 2005 (2.810’), 2006 (2.954’), 2007 (1.152’) y 2008 (- 371’).

Nótese que no estamos afirmando que todo déficit comercial sea dañino, como lo querría la Escuela Mercantilista de antaño. Pero sí resulta preocupante cuando  ampliamos la mira y contemplamos nuestra balanza comercial con todas las economías del mundo. Nos permitirá recordar que, ya al margen del TLC, durante todos los once años anteriores (2002-2012), gozamos de superávits, los que –en términos promedio anuales- llegaron a sustanciales US$ 5.150 millones. En algunos años llegó a rebasar los US$ 8.000’, como en el bienio 2006-2007 y hasta a más de US$ 9.000’ en 2011.

Esa tendencia ha cambiado drásticamente para mal, considerando el déficit comercial del año pasado de US$ 308’, aún diminuto pero revelador. Y el primer bimestre de este año ya lo hemos empezado mal, con un déficit acumulado de US$ 620’. Más grave, sin embargo, es la situación de la balanza de servicios, cuyos déficit crecientes están llevando al despeñadero nuestra Balanza Exterior en Cuenta Corriente. Ella muestra un déficit de US$ 10.169 millones en 2013, equivalente a un 4,9% del PBI.

A la larga su impacto puede ser preocupante para el necesario equilibro del conjunto de la balanza de pagos, la que -gracias al ingreso de capitales- permitió acabar el año pasado con un superávit de US$ 2.907’, pero que significó una caída estrepitosa del 80% frente al resultado del año 2012 en que se alcanzó un superávit -récord histórico- de US$ 14.827’. Deterioro acelerado que no parece preocupar mayormente a nuestras autoridades económicas, probablemente por su exageradamente optimista expectativa en el ingreso masivo de inversión extranjera directa. Todos sabemos, sin embargo, que siempre ha sido desde el frente externo –tal como se expresa en los números de nuestra balanza de pagos- que se han gatillado las crisis económicas en el Perú.


FUENTE: Opinión – El Comercio, abril 28, 2014 (http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/lustro-tlc-eeuu-jurgen-schuldt-noticia-1725591).

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Contribución:



4/28/14




Inspired by this column in El Comercio today, authored by Peru's greatest (JS: recordar que este analista -como buen inglés- tiene mucho sentido del humor) economist Jurgen Schuldt, your humble scribe decided to check up on how trade has been doing between Peru and The United States of America recently. 


By way of some necessary background, the early 2000s saw protracted negotiations on a Free Trade Agreement (FTA) between Peru and The USA. An agreement was eventually reached in 2006, which then went through a slight amendment process and then a ratification process in 2007. The final agreement was signed in December 2007 and the FTA came into force on February 1st 2009.


Now that we have the context straight, let's have a look to see how Peru's monthly trade balance with The USA has been since 2005, with all data from the specific US Census Bureau page right here:


 

Well riddle me ree, looks like The USA is doing better out of this deal than Peru. Hoodathunkit, eh?


Or maybe the timing is just sheer coincidence and I'm just too suspicious about these things.



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Crítica 1: ¿Cómo se evalúa un TLC? Alfredo Ferrero
Fuente: Perú.21, mayo 15, 2014 (http://peru21.pe/impresa/como-se-evalua-tlc-2183326).

A propósito de un artículo de Jürgen Schuldt en El Comercio me permito unas precisiones. Jürgen no es amigo de la apertura y los TLC; enfoca su preocupación en los déficits comerciales de la balanza comercial Perú-EE.UU. ¿Es eso realmente importante? Los TLC implican mucho más: seguridad jurídica, inversiones, etc. Su fin es exportar e importar más, captar inversiones y permitir que consumidores y empresas accedan a productos a precios competitivos. Más relevante que un pequeño déficit son las cifras de incremento comercial y de inversiones, más aún cuando lo que más importamos son insumos y maquinarias industriales que dan competitividad al sector productivo. Con el ATPDEA teníamos superávit comercial, pero los productos nos costaban de 30% a 50% más. Hay que evaluar los TLC en forma integral. La política promotora de TLC es beneficiosa para el país.

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Crítica 2:  Importar es Bueno
Por: Eduardo Ferreyros          Fuente: Perú 21, 06 de mayo de 2014 (https://www.facebook.com/LampadiaOficial/posts/454110284691812)


Hace poco un economista local dijo que el TLC con EE.UU. no funciona porque importamos más de lo que exportamos. Resulta que el 91% de los US$8,028 millones que importamos son bienes intermedios y de capital; son maquinarias e insumos que elevan competitividad.
Nuestros productores están “sacando músculo” y perdiendo “grasa”, haciéndose fuertes y competitivos gracias a las importaciones de insumos y maquinaria de las que algunos reniegan. Importar es bueno. Por alguna razón, pretenden denigrar nuestras compras sugiriendo que debemos comprar productos nacionales. El producto nacional también se vende y cada vez más. Si aún no hay última tecnología o maquinarias nacionales, debemos traerlas de afuera y mejor si es sin aranceles. Mientras tanto, las exportaciones no tradicionales a EE.UU. crecen 7% y seguirán creciendo cada vez más.