domingo, junio 01, 2014

Inversión Extranjera en el Perú, 1994-2013 - Dimensiones y Relaciones




Considerando toda la historia económica republicana del Perú, nunca han ingresado por tanto tiempo y en tales dimensiones los capitales foráneos al país como en la pasada veintena de años. La presente descripción y las gráficas que lo acompañarán son una aproximación a los montos y cuotas a que ha dado lugar las inversiones extranjeras directa, en cartera y de corto plazo en el transcurso de ese periodo. Los datos han sido recogidos de las Notas Semanales del BCRP.

El flujo total del capital foráneo que ingresó al país en ese periodo alcanzó los US$ 95.000 millones nominales, equivalentes a un promedio anual de US$ 4.750 millones. Esta cifra equivalió al 5% del PBI, al 22,2% de las exportaciones (de bienes y servicios) y al 27,4% de la inversión bruta fija privada (nacional y extranjera) de ese lapso. De ese total, 90,7% es atribuible a la inversión extranjera directa (IED) y el 10,9% a la inversión en cartera (IEC). 

El tercer tipo de capital foráneo –el de corto plazo- lo dejaremos de lado de aquí en adelante, dado su carácter errático y casi puramente especulativo, así como por su poca importancia cuantitativa acumulada en el plazo aquí considerado. Terminó siendo negativo en casi US$ 1.500 millones a lo largo de todo ese periodo. Sin embargo, debe tenerse presente que en algunos años ejerció impactos desestabilizadores notorios por sus drásticas fluctuaciones. Cuatro años son significativos a ese respecto en que la cifra en juego fue cuantiosa: aumentó en más de US$ 2.000 millones en 2007 y 2012; y se desplomó por esos mismos montos en 2009 y 2013.

El Gráfico I representa las trayectorias de la Inversión Extranjera Directa (IED, curva en azul) y de la Inversión en Cartera (IEC, trazada en rojo). La primera representó un flujo promedio anual de US$ 4.300 millones (acumulado: US$ 86.074’) y la segunda de US$ 515 millones por año (total: US$ 10.300’). 

La IED se mantuvo a un ritmo relativamente constante entre 1994 y 2004, a un nivel de US$ 2.008 millones promedio anuales, para luego aumentar espectacularmente a un promedio anual de US$ 7.110 millones entre 2005 y 2013. De otra parte, la IEC, notoriamente inferior a la IED, fue despreciable hasta 2006 (promedio anual: US$ 87’), pero que de ahí en adelante aumentó -con sobresaltos entre 2007 y 2010- a US$ 1.310 millones promedio anual.

Gráfico I: La Inversión Extranjera Total: Directa y en Cartera, 1994-2013


El diagrama siguiente (Gráfico II) se concentra en la variable principal: la evolución de la inversión extranjera directa (IED) entre 1994 y 2013,. Se expandió a una tasa de crecimiento nominal de 29,5% promedio simple anual; mientras, la inversión bruta fija total del país creció a una tasa anual del 13,4%. La IED representó un flujo de US$ 4.300 millones corrientes por año, lo que significó un incremento del stock de capital foráneo (sin depreciación) de US$ 86.070 millones, cifra que equivale a un 24,5%. de la inversión bruta fija privada en estos últimos veinte años.

Lo que contrasta con la que se dio a lo largo de la precedente “Década Perdida”, entre 1980 y 1989, en que ingresaron apenas US$ 29 millones promedio anuales (total del periodo: US$ 289 millones). Cifra que habría sido aún menor si hubiésemos considerado los aciagos años del trienio “anormal” 1990-1992, durante el cual el país estaba cayéndose en pedazos, tanto por la hiperinflación, como por el avance aparentemente incontenible de SL En esos tres años la IED cayó en un promedio anual de US$ 15 millones; es decir, se dio un proceso notorio de desinversión extranjera.

En general, las fuentes del enorme flujo de IED entre 1994-2013 provinieron en un 53% de la reinversión de las utilidades obtenidas por el capital extranjero en el país, 40% de aportes de la empresa foránea y el restante 7% de préstamos que tales empresas obtuvieron de sus respectivas casas matrices. Nótese, sin embargo, que durante los primeros diez años del periodo de la prolongada bonanza económica, prácticamente toda la IED provenía de aportes (dineros “frescos”), mientras que entre 2004-2013 las reinversiones de las utilidades obtenidas en el país fueron las que alimentaron gran parte de los flujos de inversión extranjera directa, alcanzando el 66% del total durante este último período. Es decir, dos de cada tres dólares de IED fueron generados aquí. El tercio restante provino de aportes propios y préstamos de la casa matriz.

Esto no debe sorprendernos pues durante el tramo inicial de 1994-2003 la reinversión osciló entre valores bajos junto con cifras negativas, representando un valor acumulado de apenas US$ 1.018 millones. Esto no se debe tanto a la fuga de utilidades, sino a que muchas inversiones estaban todavía en construcción o maduración. No había muchas utilidades todavía y las que habían se reinvertían (Gráfico III). Es decir, durante los primeros diez años las empresas foráneas invirtieron mayormente dinero fresco y, en los diez años restantes de la serie, la IED se autofinanció "internamente", básicamente por la reinversión de las ganancias obtenidas.

Gráfico II: Valor y Fuentes de la Inversión Extranjera Directa, 1994-2013



A partir de esas tendencias, cabe preguntarse si para el capital foráneo valió la pena invertir en Perú a lo largo de este periodo (1994-2013). Observemos, en primer lugar, las utilidades obtenidas, tal como se presentan en el Gráfico III. De ahí se colige que obtuvieron buenos niveles absolutos: US$ 88.000 millones, lo que equivale a un flujo promedio anual de US$ 4.400 millones  de ganancias

Es interesante señalar que el mayor crecimiento de las utilidades del capital extranjero se procesó a partir del año 2003; no es casual que fuera precisamente ese el año en que se comenzaron a disparar los precios de las exportaciones mineras. Ese crecimiento es especialmente notorio entre 2003 y 2006, así como durante el bienio 2010-2011. La Gran Recesión estadounidense desaceleró la inversión foránea entre 2007-2009 y luego -por efecto de la ralentización mundial- cayó en términos absolutos en 2012-2013 (como lo seguirá haciendo el presente año), aunque todavía se mantuvo muy por encima del promedio del periodo.

Gráfico III: Utilidades totales y reinversión de utilidades del capital foráneo (millones de US$), 1994-2013



No es casual que ese crecimiento de las ganancias haya coincidido con el aumento del índice de los precios de nuestras exportaciones en 176,1% desde el año 2002 hasta el 2008 y, luego de un bache de -12,7% en 2009, aumentó nuevamente en el bienio 2010-2011 cuando los precios subieron en 58,6%. En cambio, durante 2012-2013 los precios cayeron en 7,6%.

El Gráfico IV, que sigue, representa las trayectorias de tales ganancias y de la inversión extranjera directa. Como es evidente en los primeros años del periodo en cuestión la IED es muy superior a las ganancias. Con la maduración de las inversiones foráneas y los incrementos de los precios internacionales de las exportaciones las utilidades llegan a rebasar la IED durante el periodo 2004 a 2011. Con lo que se puede concluir, una vez más, que son –casi exclusivamente- las exportaciones mineras las que le rinden las mayores ganancias a la inversión extranjera directa.

GRÁFICO IV: INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA Y UTILIDADES



Entrando en un campo algo más delicado, por la complejidad que significa estimar las variables críticas, el Gráfico V representa el Stock de Capital extranjero (calculado en base a ciertos ajustes a la serie elaborada por Pro Inversión a partir de datos del BCRP). Se observa que su expansión es relativamente moderada entre 1994 y 2003, para crecer exponencialmente desde entonces en adelante.

GRÁFICO V: STOCK DE CAPITAL FORÁNEO, 1994-2003[1]



Finalmente, conociendo las utilidades y el stock de capital foráneo es posible –como se representan en el Gráfico VI- estimar las tasas de ganancia, que llegan a un promedio anual simple de  13,2% a lo largo de los últimos veinte años. El rendimiento de los primeros  años del periodo (1994-2002)  la tasa de ganancia promedio apenas alcanza un 5 %. Solo a partir de entonces se expandió notablemente. La rentabilidad promedio 2003-2006 ascendió a un apreciable 17,5% anual promedio. En ese periodo aumenta sostenidamente, desde un precario 6% inicial al 30% en 2006. De ahí en adelante se mantiene en una tasa promedio en torno al 20%: cae levemente en el trienio 2007-2009 de la Gran Recesión, se recupera lentamente en el bienio 2010-2011, para volver a decaer hasta llegar a un aún aceptable 13% en 2013.


GRÁFICO VI: RENTABILIDAD DEL CAPITAL EXTRANJERO (%), 1994-2003



En resumidas cuentas, el capital foráneo se ha desenvuelto cómodamente durante los últimos veinte años en el país. Su ventajosa labor fue promovida –sin condiciones mayores por parte del gobierno nacional- por las reformas de política económica e institucionales inspiradas en el “Consenso de Washington”. Estás se realizaron principalmente durante los primeros años de la década de los noventa, en que se logró la estabilización de la inflación y el ajuste de la balanza de pagos, se decapitó SL y se impuso una nueva Constitución. Con lo que se sentaron las bases político-institucionales del Gran Retorno, que aseguró la transición del modelo de acumulación de  “Industrialización por Sustitución de Importaciones” al bien conocido “Primario-Exportador” modernizado.  

En los veinte años que le siguieron, como lo hemos descrito arriba, la Inversión extranjera desempeñó un papel esencial para impulsar y darle sostenibilidad económica al “modelo”, fundamentalmente por la expansión de las exportaciones primarias y los impuestos que generó. Con ello se gestó una sendero-dependencia de la que resulta difícil apartarse, por más “motores” adicionales que se busquen o planes de diversificación productiva que se diseñen por parte del gobierno.

El lado oscuro de este esquema de acumulación extractivista, sin embargo, es que está sometido a drásticas fluctuaciones de los precios de nuestras commodities y, sobre todo, a una elevada vulnerabilidad a los humores del capital extranjero, al que no se le puede tocar ni con el pétalo de una rosa y la que, a su vez, depende del carácter impredecible y errático de la economía global. En efecto, los países se encuentran forzados a competir en un permanente “certamen de belleza” (como lo llamaba Keynes) para seducir capitales, tanto nacionales como foráneos, a fin de que localicen sus excedentes en territorio nacional.

En el plano doméstico, de otra parte, han ido apareciendo las patologías endógenas que acompañan al modelo, sintetizadas en la conocida Maldición de los Recursos Naturales que se da en economías desinstitucionalizadas y plagadas de fallas de mercado (de las que no adolecen Australia, Canadá, Noruega y similares primario-exportadores), como son la desigual distribución de la riqueza, los diferenciales absolutos de los ingresos entre estratos sociales, la enfermedad holandesa, la desnacionalización de la economía, el deterioro del medio ambiente, los conflictos sociales, las burbujas especulativas en los sectores no transables (construcción, inmuebles), los débiles encadenamientos productivos internos, el efecto voracidad y la corrupción, la precaria generación de empleo y sus forzosas consecuencias (informalidad, delincuencia, narcotráfico, contrabando), etc.



[1] Esta estimación se ha realizado a partir de la acumulación de la inversión foránea directa y en cartera a partir del año 1980. Se ha considerado una depreciación anual del 5%.     

NOTA: El presente trabajo se ha elaborado para ofrecer una visión panorámica de la inversión foránea en el país durante los últimos veine años. Dió pie a ello la publicación, la semana pasada, del valioso informe anual  de la CEPAL:  La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2013, que se limita -como todos los años-InIiI al estudio del año pasado en perspectiva comparativa.