viernes, abril 29, 2011

"La Verdad de la Crisis" (Inside Job)


Parece mentira que un documental tan extraordinario (el del título de esta nota) no haya sido visto por profesionales y estudiantes de economía, como he podido comprobarlo -a ojo de buen cubero- en estos días. El año pasado se ha ganado merecidamente la mayor presea que ofrecen los festivales de cine de Cannes, Nueva York, Toronto y otros.
No pienso reseñarlo aquí, porque hay que verlo para creerlo. Nunca me hubiera imaginado que se pudiera hacer una película (de 110 minutos) tan fluida e ilustrativa, que pueda relatar de manera tan completa y fascinante –con gráficos, entrevistas a los principales personajes, etc.- el proceso de gestación de la crisis financiero-hipotecaria de EEUU y del intento por afrontarla con éxito.
Que se ignorara tan sospechosamente este valioso documento seguramente se debe a que nunca se había desnudado tan crudamente el nefasto rol que cumplieron en ese proceso algunos grandes economistas. Lo más interesante es  la “trenza financiera” (no quiero usar la palabra ‘maffia’)  que se formó en el Imperio entre economistas serios que asumieron indistintamente –cual puerta giratoria- los cargos máximos del Tesoro, de la Reserva Federal, de la Comisión Supervisora de Valores y otros órganos gubernamentales, junto con su rol como CEOs en la banca de inversión y las compañías de seguros, su ‘alianza’ con las agencias calificadoras de riesgo, así como con las empresas consultoras en que participaron célebres académicos. Todos los que salieron indemnes (para no decir que cobraron más milloncitos) de la crisis. Y, para colmo, esos mismos, los que contribuyeron a fabricar las burbujas, fueron luego recontratados por Obama para “resolver” el entuerto.
Más sorprendente aún, porque tampoco es muy santa que digamos, la Academia le dio un Óscar al director y guionista Charles Ferguson (con la voz del actor Matt Damon) en febrero pasado por tratarse del mejor documental del año.
Pero vayamos al grano: ¿Cómo se puede ver la película? Hay tres maneras. La primera: comprarla en Amazon por US$  16.99, lo que  no es recomendable porque tendrían que hacer el pedido, insertar arriesgadamente su tarjeta de crédito (si tienen alguna), esperar tres o cuatro semanas para que llegue… con lo que no podrían verla este fin de semana. La otra: comprar el CD pirata en los mercadillos a cuatro soles, lo que tampoco es muy sensato (a pesar de la opinión en contra del simpático cineasta Alberto ‘Chicho’ Durand, fundamentada en su libro Dónde Está el Pirata, 2009). La tercera y más recomendable, no porque sea gratén, la puede conseguir y ‘visionar’ entrando a la siguiente dirección (impecablemente plagiada y amablemente compartida por el economista Miguel de Arriba):
http://economia.migueldearriba.net/2011/03/inside-job-historia-de-la-avaricia/  

miércoles, abril 27, 2011

"Economía Nacional de Mercado": Recordando a Friedrich List

A la luz de los debates actuales en torno a uno de los conceptos centrales del plan de gobierno de "Gana Perú", aprovecho la oportunidad para introducirlos al poco conocido pensamiento de uno de los economistas que plantearon algunos de los aspectos cruciales de ese “modelo” hace exactamente 170 años (1).

***

La experiencia y reflexiones de un economista alemán de la primera mitad del siglo pasado es muy ilustrativa sobre algunos de los requerimientos teóricos y de política necesarios para remontar el "subdesarrollo". Esa era precisamente la preocupación de este autor en vista al retraso y "dependencia" (término éste que usó List entonces) de Alemania respecto a Gran Bretaña. Sus marcos teóricos y propuestas de política, que expondremos a continuación, nos servirán para aprender del pasado, sin que por ello nos esperancemos en su transposición mecánica al presente.

La principal obra de Federico List (1841) se puede trabajar básicamente como una crítica y una propuesta alternativa a la de los economistas clásicos entonces dominantes (2); sobre todo en torno al libre comercio internacional y a la doctrina de las ventajas comparativas. Nadie como él, a contracorriente, se empeñó en cuestionar ambas, aunque básicamente por razones políticas.

Como punto de partida, cuestionó la visión "cosmopolita" de esos autores, quienes partían del comportamiento económico egoísta individual y de ahí saltaban a la noción de comercio libre a escala mundial, dejando de lado el estudio de las condiciones del desarrollo nacional:

"Llegó a ser evidente para mí que, entre dos países muy adelantados, la libre competencia no puede sino reportar ventajas a uno y a otro si ambos se encuentran en el mismo grado de educación industrial (...). En una palabra, distinguí entre la economía cosmopolita y la economía nacional" (1840: XXI).

De manera que List no cuestionaba en sí -y en el largo plazo- la teoría clásica del comercio internacional, sino únicamente para el caso de las naciones que no habían alcanzado aún el desarrollo interno necesario para sujetarse a la doctrina de las ventajas absolutas o comparativas del comercio internacional. Esta debía seguirse, en su concepto, únicamente a partir del momento en que una nación lograse alcanzar el desarrollo general y generalizado de la "educación industrial", lo que -en su época- no se aplicaba sino a Inglaterra (que se beneficiaba de la doctrina dominante, como lo demostró nuestro autor con una sutileza ejemplar), mientras los demás países (Alemania, Francia, EEUU) aún estaban "subdesarrolladas" respecto a aquella. De donde deduce que

"La misión de la economía política es llevar a cabo la educación económica de la nación y prepararla para entrar en la sociedad universal del porvenir” (p. 154), momento a partir del cual le "convienen" las lecciones de los economistas clásicos y, por tanto, la apertura al libre comercio internacional.

El otro eje del enfoque listiano radica en la noción de las Fuerzas Productivas, paradigma que contrapone a la doctrina clásica de los Valores de Cambio, distinción que puede iluminarse en sus propios términos:

"Las causas de la riqueza son cosa muy distinta de la riqueza misma. Un individuo puede poseer riquezas, es decir, valores de cambio; pero si no es capaz de producir más valores de los que consume, se empobrecerá. Un individuo puede ser pobre, pero si está en situación de producir más allá de su consumo, llegará a ser rico. (...). El poder de crear riqueza es, pues, infinitamente más importante que la riqueza misma; garantiza no solamente la posesión y acrecentamiento del bien ya adquirido, sino, además, el reemplazo de lo perdido. Si esto es cierto tratándose de personas privadas, lo es aún mucho más aplicado a las naciones, que no pueden vivir en rentas" (p. 123); donde salta a la vista el parangón con los conceptos de Amartya Sen.

En su libro principal señala los factores que potencian las "fuerzas productivas" de una nación (base del futuro desarrollo), tales como la educación y el capital intelectual, determinadas instituciones y circunstancias sociales, la capacidad de innovar y de adaptar tecnologías, la unidad nacional, el desarrollo integrado entre ramas económicas, entre otros. Más concretamente, el desarrollo de las fuerzas productivas, según List, estaría garantizado por tres factores centrales.

En primer lugar, señalaba que es esencial para toda nación, a fin de alcanzar su independencia, desarrollar independientemente su industria manufacturera, cuestionando la "especialización" productiva que sugerían los economistas clásicos. Luego de destacar la "desigualdad de género de vida y de educación de agricultores y manufactureros" (p. 170), que no percibían los clásicos, propugna la industrialización de los países, ya que la manufactura estimula el desarrollo de las ciencias, las artes, la política y los demás sectores económicos, en especial de la agricultura (que sola hace permanecer "una porción considerable de las fuerzas productivas y de los recursos naturales, ociosa e desempleada"), "populariza" las ciencias y las artes, etc.:

"Las manufacturas y las fábricas son las madres y las hijas de la libertad civil, de las luces, de las artes y las ciencias, del comercio interior y exterior, de la navegación y de los medios de transporte perfeccionados, de la civilización y de la potencia política. Son el medio principal de libertar la agricultura, de elevarla al rango de industria, de arte, de ciencia; de aumentar la renta de la tierra, los beneficios agrícolas y el salario y dar valor al suelo. La escuela (J.S.: se refiere a la Clásica) ha atribuido ese poder civilizador al comercio exterior; pero en este caso ha tomado al intermediario por causa" (p. 129).

Ligado a lo anterior, List era plenamente conciente de la diferencia cualitativa existente entre la producción de tela (un típico producto industrial) y la de vino (sujeto a la ley de rendimientos decrecientes) en el ejemplo usado por Ricardo para sustentar su modelo de dos países (Gran Bretaña y Portugal), en que el comercio libre llevaría a la especialización según los diferenciales de costo (a pesar de lo costos absolutos más bajos de Portugal) y, con ello, a la maximización de bienestar de ambos en conjunto.

En segundo lugar, reconocida la "superioridad" de la manufactura (respecto a los demás sectores económicos, como ya lo reconocía Adam Smith) y que las exportaciones apenas son un instrumento secundario para el desarrollo de las fuerzas productivas, sin embargo, List no propugnaba una especialización en esa dirección. Todo lo contrario, su propuesta iba hacia una "Asociación de las Fuerzas Productivas", con lo que se convierte en el antecedente más lejano y lúcido de la teoría moderna del "desarrollo equilibrado", cuando propugnaba la importancia que cada nación debía darle al desarrollo integral y homogéneo de sus fuerzas productivas (que, en nuestra terminología actual, sólo es parcialmente sinónimo de lo que llamamos sectores y ramas económicas:

"(...) la escuela desconoce en particular la importancia de un desarrollo paralelo de la agricultura, la industria manufacturera y el comercio, del poder político y de la riqueza nacional, y, sobre todo, de una industria manufacturera independiente y desarrollada en todas sus ramas. Comete el error de asimilar la industria manufacturera a la agricultura, y de hablar, en general, de trabajo, fuerzas naturales, capital, etcétera, sin considerar las diferencias que existen entre ellos" (p. 129).

Al efecto era plenamente conciente de la importancia que debían tener en esa dirección los encadenamientos hacia adelante y hacia atrás, en el consumo y fiscales, en la línea planteada por Albert O. Hirschman (1958).

En tercer lugar, a estas alturas el lector seguramente estará considerando -como lo han hecho apresurada y erróneamente varios autores- que List fue el antecesor inmediato, tanto de los facismos europeos, como de la escuela "cepalina" (o de sus intérpretes), en tanto otorgó contundentes argumentos a favor de una industrialización del tipo "sustitución de importaciones". Sin embargo, repasando el texto original, se observará inmediatamente que este autor siempre centró el énfasis en el desarrollo del mercado doméstico para las mayorías, es decir, la producción de artículos de primera necesidad, o como él las llamó: "industria de las masas" (p. 172), "productos fabricados ordinarios" (p. 254), "objetos de consumo general" (p. 167), "artículos ordinarios de uso común" (p. 321), más que de mercancías destinadas a los estratos de ingresos altos y medios. Ello es así porque estimó -correctamente- que sólo un mercado masivo de bienes básicos permite dinamizar y desarrollar las fuerzas productivas internas, a la vez que es alentado por la ampliación de éstas.

A partir de estos principios, largamente sustentados en el texto principal de List, presentando muchos casos extraídos de la experiencia histórica europea, concluye que los países requieren desconectarse selectivamente del comercio exterior, mientras no hayan desarrollado plenamente sus fuerzas productivas domésticas (pensaba entonces que Alemania requeriría de un siglo para alcanzarlo), ya que de lo contario todos los países se convertirían en colonias inglesas:

"Francia se repartiría con España y Portugal la misión de proporcionar al mundo inglés los mejores vinos, bebiendo ella los peores; (...). Alemania apenas tendría otra cosa que suministrar a este mundo inglés que juguetes para niños, relojes de madera, escritos filológicos y, a veces, un cuerpo auxiliar destinado a ir a consumirse a los desiertos de Asia y Africa para extender la supremacía manufacturera y comercial, la literatura y la lengua de Inglaterra. No transcurrirían muchos siglos en que en ese mundo inglés se hablase de los alemanes y de los franceses con tanto respeto como hablamos hoy día de los pueblos asiáticos" (p. 121).

A fin de evitar ese "mundo inglés", por tanto, era indispensable implantar un sistema de protección que permitiera la expansión del empleo, de las fuerzas productivas domésticas y del mercado internos, como paso previo a la libertad de comercio con otras nacionales. List justificaba así su propuesta central de política (otra de sus sugerencias nucleares incluía el desarrollo del sistema interno de transportes a través del establecimiento de una densa red de ferrocarriles):

"A fin de que la libertad de comercio pueda actuar naturalmente, es preciso, ante todo, que los pueblos menos adelantados sean elevados por medio de medidas artificiales al mismo grado de desarrollo a que Inglaterra ha llegado artificialmente" (p.122). Ningún país podía prosperar, según él, si no se decidía -como lo hizo Alemania en su época- a "asegurar, por medio de un sistema comercial fuerte y general, el mercado interior para su propia industria" (p. 107), instaurando un "sistema aduanero, considerado como medio de ayudar al desarrollo económico de la nación regulando su comercio exterior, debe tener como regla constante el principio de la educación industrial del país" (p. 16).

A ese efecto, no sólo propuso elevar sustancialmente los aranceles a los productos manufacturados y a algunas materias primas, sino que asimismo planteó la necesidad de potenciar tal política: con la modificación de la estructura tributaria del país; con la aplicación de una política expansiva de la demanda efectiva (del tipo "keynesiano", cien años antes de Keynes); y con la inversión masiva en vías de comunicación que estrecharan lazos al interior de la nación (más que con el resto del mundo). Sabiamente, estimaba que -para el desarrollo de una economía- la integración interna de la nación estaba antes de la integración al mercado mundial.

La teoría económica contemporánea, en cambio, ha recogido estas propuestas de List en forma recortada y deformada (con pocas excepciones, como la de Samuelson, quien reconoció sus méritos en un texto de 1960), encontrándose en los textos apenas como base del argumento de la "industria infante".

Es importante señalar que en la época de List las regiones al interior de la Nación que él propugnaba (hay que recordar que entonces Alemania se iría a constitutír sobre la base de 30 estados relativamente autónomos) ya habían desarrollado sus propias fuerzas productivas y habían fortalecido sus grados de "educación industrial", lo que les permitiría a su vez "abrirse" a un espacio mayor, el propiamente "nacional". Este es un aspecto importante para la propuesta de autocentramiento a plantearse más adelante, en especial respecto a la relación que debería existir entre los desarrollos de los espacios regionales y el de la Nación.

Pero List también era conciente de la lógica política que estaba a la base de la doctrina de los costos comparativos. Sabía que Inglaterra no sólo tenía interés en el comercio libre, sino que era una necesidad para ella, a fin de exportar sus excedentes de productos industriales a cambio de la importación de insumos o bienes finales agrícolas (sobre todo de cereales; ver Ricardo, 1816) para mantener los salarios relativamente estables (y reducidos). En cambio, durante el siglo XVII, previamente a la Revolución Industrial, Inglaterra no era muy propensa al comercio irrestricto a escala mundial (p.ej. prohibió la exportación de lanas para establecer su propia industria textil).

List terminó suicidándose en 1847, aparentemente cuando percibía que sus propuestas no tenían acogida y asidero en la realidad alemana de entonces. Paradójicamente, algunas décadas más tarde, los principios de política adelantados por él fueron aplicados casi al pie de la letra, a pesar de su "heterodoxia" en materia económica y de su "utopismo" en materia política (si bien tenía muy claras las alianzas políticas que era necesario establecer para materializar su proyecto).

Finalmente, en tiempos recientes han aparecido varios textos de autores que recogen las ideas principales de List, de los que son especialmente recomendables los de Eric Reinert, Dieter Sengahaas y Ha-Joon Chang (4). En el Perú, Santiago Roca es su más lúcido prosélito (5).

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NOTAS:

(1) Este artículo ha sido elaborado en 1994, a excepción del último párrafo y estas notas.

(2) Las citas corresponden a su obra maestra El Sistema Nacional de Economía Política. Madrid: Editorial Aguilar, 1955. El original en alemán es de 1841.

(3) Sus cuestionamientos iban dirigidos principalmente a las teorías de Adam Smith y Jean Baptiste Say. Curiosamente no había leído a David Ricardo.

(4) La lectura de los libros y ensayos de estos tres autores es absolutamente necesaria para cualquier estudiante o estudioso de Economía (y que, por lo demás, son accesibles a toda persona alfabeta mayor de 15 años). Véanse, especialmente, los siguientes textos:

-Eric Reinert. La Globalización de la Pobreza. Como se enriquecieron los países ricos… y porqué los países pobres siguen siendo pobres. Barcelona: Ed. Crítica, 2007.
-Dieter Senghaas. Aprender de Europa. Consideraciones sobre la Historia del Desarrollo. Barcelona/Caracas: Editorial Alfa, 1985 (original en alemán: 1982).
-Chang, Ha-Joon. Kicking Away de Ladder: How the Economic and Intellectual Histories of Capitalism Have Been Re-Written to Justify Neo-Liberal Capitalism. Londres: Anthem Press, 2002 (me parece que hay una edición en castellano).

(5) Véase su texto sobre la Economía Nacional de Mercado en “Actualidad Económica del Perú”: http://aeperu.blogspot.com/2011/04/la-economia-nacional-de-mercado_27.html

martes, abril 26, 2011

Humala entre Escila y Caribdis

La mutua indispensabilidad entre el gran capital extractivo extranjero y los gobiernos “nacionalistas” del subcontinente es evidente, pero debe mantenerse dentro de rangos bien delimitados. Que se trata de un equilibrio delicado lo demuestra la extraordinaria conversación que en Madrid sostuvieran Hugo Chávez y el presidente de Repsol (setiembre del 2009). Éste le confiesa al líder del Socialismo del siglo XXI que “Nosotros estamos muy cómodos y siempre con muy buena relación con el gobierno, con PDVSA y con el Ministro”, a lo que el bolivariano responde: “¿Te das cuenta? No somos, tan diablos, ¿eh?”, añadiéndole de refilón: “¿qué vamos a hacer con tanto gas?”, a lo que el español le respondió cachacientamente: “Alguna utilidad le encontraremos”.

La inevitabilidad del continuismo primario-exportador también la han descubierto nuestros vecinos más cercanos para cubrir sus inexplicablemente alicaídas arcas fiscales. Desde el proyecto de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa se disparó contra sus crecientes opositores, confirmando aquellas preferencias: “Las comunidades no son las que protestan, sino un grupillo de terroristas. Los ambientalistas románticos y los izquierdistas infantiles quieren desestabilizar al gobierno" (diciembre 2007), porque “es un absurdo estar asentado sobre centenares de miles de millones de dólares y por romanticismos y novelerías decir no a la minería” (octubre 2008). Evo Morales, por su parte, marcaba la misma pauta contra quienes supuestamente querían “una Bolivia sin petróleo. Entonces, ¿de qué va a vivir Bolivia?” (octubre 2009).

De manera que, ni en esos países ni en el nuestro, existe posibilidad alguna para transitar del capitalismo al socialismo, como tampoco habrá cambio sustancial del modelo primario-exportador. Aunque a la larga (¿en unos veinte años?), sí podría constituirse el tan necesario mercado interno amplio, que nos cobije frente a los embates externos y nos asegure cierta paz social doméstica. Evidentemente tampoco se trata de cerrar todos los pozos gasíferos y las pozas mineras. Para eso está el Estado, quien deberá negociar adecuadamente las concesiones que se brinden a las empresas transnacionales (ETN), respetando los derechos de los pueblos y de la naturaleza.

Así que el comandante no debería despertar miedo alguno. Ese miedo debemos guardárnoslo para los que tienen miedo, que son los mismos que durante la campaña y en la CADE pasada se llenaron la boca con cocteles de inclusión social y que ahora vienen gestionando visas y preparando maletas para sus inversiones, ahorros, familias y mascotas. No parece que quieran construir una sólida democracia andina. ¿O será que estarán dispuestos los Nuevos Dueños del Perú, por una vez, a concertar, a cooperar y a compartir con el próximo gobierno para sentar las bases para ir estableciendo la igualdad de oportunidades?

El eje del muy completo y ambicioso plan de gobierno de Gana Perú propone reformar la económicamente fragmentada y socialmente excluyente sociedad, para convertirla paulatinamente en Nación. Para ese efecto, La Gran Transformación consistiría en la aplicación de una serie de políticas redistributivas y de generación de ingresos para financiar programas sociales masivos y establecer un amplio y diversificado mercado interno descentralizado. Como tal es un programa claramente socialdemócrata, con lo que –bien llevado- ocuparía la yerma centroizquierda que el APRA abandonó hace décadas.

Los principales candidatos para sufragar el sustancial financiamiento requerido serán -sin duda y como debe ser- las grandes corporaciones de los sectores extractivos de nuestros recursos naturales no renovables. Por lo que habrán de incrementarse los impuestos a la renta para alimentar el canon y/o el que se aplicaría a las sobreganancias, así como las regalías para restituir el capital doméstico explotado.
En ese entendido, es evidente que la principal contradicción económico-política de este esquema dual de “desarrollo” radicará en la potencialmente conflictiva relación que pueda darse entre dos coaliciones. De un lado, actuarán las empresas transnacionales (ETN), a las que habrá que seguir ampliándoles cuidadosa y negociadamente las concesiones que son indispensables para financiar el proyecto político. Del otro lado del espectro, será indispensable cumplir con los desde siempre ignorados derechos e intereses de las poblaciones involucradas directa e indirectamente en esas explotaciones y de las que se encuentran en la base de la pirámide.

El desequilibrio distributivo y, consecuentemente, el choque de intereses, puede desatarse desde cualquiera de los dos bandos. Sea porque el gobierno otorgue excesivas concesiones a las ETN, con lo que amenazaría el desborde social, sea porque la proliferación de las movilizaciones sociales traben la expansión del capital extranjero extractivista, con lo que se ahogaría la economía.

Por lo que Humala tendrá que aprender a navegar con mucha precisión -como Ulises en su momento- en ese estrecho marítimo que discurre entre las rocas habitadas por Escila y Caribdis. Será ese el reto que tendrá que asumir el timonel: escabullir a cada una de esas voraces criaturas para constituir la Economía Nacional de Mercado en democracia. Es un esfuerzo que parecería la cuadratura del círculo, ya que deberá cuidar -negociando las condiciones pertinentes- a las gallinas de los huevos de oro para poder alimentar el proceso que permita establecer el indispensable equilibrio sociopolítico y el que debe darse entre un mercado doméstico amplio y una sólidamente sostenible base de exportaciones.

jueves, abril 07, 2011

Las preferencias por el sistema capitalista de mercado


 Capitalismo, te quiero
El libre mercado enamora a los alemanes, pero deja fríos a los franceses y tibios a los españoles
J. P. VELÁZQUEZ-GAZTELU - Madrid - 07/04/2011 
Fuente: www.elpais.com/articulo/economia/Capitalismo/quiero/elpepueco/20110407elpepueco_4/Tes

¿Qué país del mundo ama con más pasión el capitalismo? A bote pronto la respuesta más lógica sería que EEUU o Reino Unido, cunas del modelo de libre mercado. Pero una encuesta elaborada por la empresa canadiense GlobeScan ofrece resultados sorprendentes: son los alemanes quienes en mayor proporción, un 68%, opinan que el capitalismo es el mejor sistema. Les siguen de cerca, con un 67%, brasileños y chinos, habitantes estos últimos de un país gobernado por el Partido Comunista. Francia, una de las naciones más prósperas del planeta y sede de enormes multinacionales, es donde el capitalismo tiene más detractores, un 57%, acompañada de Turquía (56%). Son estos los únicos países con más críticos que partidarios del libre mercado entre los 25 incluidos en la encuesta.

España se sitúa más o menos a mitad de la tabla, ligeramente por debajo de la media. El 52% de los españoles está de acuerdo en que los medios de producción permanezcan en manos privadas, mientras que el 34% rechaza la idea. Los británicos se sitúan en un discreto 55%. ¿Y EEUU? Sus ciudadanos son algo más entusiastas (59%), aunque la crisis parece haber hecho mella en su estado de ánimo, ya que diez años antes, cuando GlobeScan comenzó a hacer su encuesta, la cifra acariciaba el 80%.

Como sucede entre las personas, el amor por el capitalismo puede ser interesado. Los resultados del sondeo indican que aquellos países que lo abrazan con más ardor son los que menos han notado la crisis y que las grandes naciones emergentes -China, Brasil, India..., donde las clases medias están en pleno crecimiento y el consumo aumenta rápidamente- son los nuevos motores de la economía mundial.

"EEUU es el último lugar en el que esperábamos ver una caída tan pronunciada de la confianza en el sistema de libre empresa", comentó el presidente de la empresa, Doug Miller. Los estadounidenses con ingresos inferiores a 20.000 dólares anuales son quienes han perdido la fe en sistema, ya que solo un 44% de ellos dice creer en él. "La encuesta sugiere que la clase empresarial estadounidense están a punto de perder el contrato social con la familia media que le ha hecho prosperar en el mundo, dijo Miller.

La encuesta de GlobeScan fue efectuada por teléfono en China y EEUU, y por teléfono, en persona o por Internet en los otros 23 países entre el 24 de junio y el 18 de septiembre de 2010. El margen de error del sondeo oscila entre +/- 3,0% y +/- 4,9%.


P.D.: También es interesante saber que los chinos simpatizan más con el sistema capitalista que los norteamericanos en 2010; además, en los últimos 8 años los estadounidentes han reducido su confianza en el sistema en 21 puntos porcentuales (Fuente: www.globescan.com/):