martes, noviembre 29, 2011

Un Gobierno poco previsor frente al "nuevo desempleo"


Merece aplausos el actual mandatario por haberse tomado muy en serio, entre otros, tres grandes problemas, todos los que llevarían a una sustancial erradicación del contrabando, de las plantaciones no autorizadas de coca y de la minería informal. Las tres son actividades altamente intensivas en fuerza de trabajo, que alimentan a unas 50.000 familias, si le añadimos las actividades conexas (bodegas y farmacias, tabernas y prostíbulos, transportistas y demás).
Gran parte de esos trabajos “informales” surgieron a lo largo de las últimas décadas como consecuencia de la falta de trabajo o porque el que desempeñaban no les permitía alimentar a sus familias, especialmente a las del campo andino. No surgieron del hecho que a esas personas les fascine el peligro o su muerte temprana: cruzar la frontera boliviana en noches sin luna,  vivir en plantaciones avasalladas por policías, narcotraficantes y senderistas, o andar a diario descalzo y jorobado  en ríos envenenados, no es un juego de niños (aunque desgraciadamente también los que ni siquiera han llegado a la pubertad se han visto obligados a sacrificarse en esas labores inhumanas).
¿Se ha percatado el gobierno que –cuando menos en teoría- todos esos trabajadores (por lo demás, despreciados por la sociedad) tendrán que buscárselas en otro lado y de otra manera? ¿Han imaginado los funcionarios públicos las consecuencias sociales que ese fenómeno ejercerá sobre la seguridad y la tranquilidad sociales, al margen de los de por sí preocupantes niveles de delincuencia y de las movilizaciones sociales bien justificadas a falta de Estado?
Pues no parece que les interese. Porque antes de adoptar esas medidas de erradicación del “mal” han debido ofrecerle alternativas -en el campo o en la ciudad- a estos “nuevos desempleados” para poder desenvolverse al amparo de un trabajo decente. ¿Hasta cuándo esperarán los burócratas? ¿O esperan que los damnificados esperen?