martes, octubre 18, 2011

De Bancos de Oro y Balones de Gas

Finalmente los países andinos han encontrado la vía adecuada de Desarrollo de largo plazo en su sostenida marcha hacia la tan ansiada membrecía en el selecto club de países del Primer Mundo (OECD).

Cuando menos desde 1990 han venido desandando sistemáticamente la fracasada ruta de la Industrialización por Sustitución de Importaciones, vía exitosamente utilizada por las economías del este asiático en su transición, antes de convertirse en exportadoras de bienes industriales. En los Andes se aplicaron a pie juntillas las políticas y reformas estructurales dictadas por el WC (acrónimo en inglés del Consenso de Washington), en el que el eslogan “Apertura y Liberalización” sirvió para establecer en la práctica lo que en teoría nos predicara la Doctrina de las Ventajas Comparativas (estáticas) para ser competitivos.

Y, en efecto, una tras otra economía andina, gracias a las fuerzas del libre mercado, se ha ido especializando en la exportación masiva y casi exclusiva de hidrocarburos y/o minerales, con lo que han logrado resolver su problema de balanza de pagos, el consuetudinariamente principal limitante del crecimiento económico. Comenzaron a hacerlo los gobiernos más conservadores, con Pinochet a la cabeza y, con alguna tardanza, lo siguieron los demás. Y, para sorpresa de todos, incluso los más recientes regímenes progresistas adoptaron esa misma vía de sensatez, todos los que querían una gran transformación inspirados en el “Socialismo del siglo XX”, la “Revolución Ciudadana” o alguna otra hoja de ruta similar.

Y, en efecto, la lógica de esta nueva vía de desarrollo es impecable: ¿Para qué preocuparnos de la agricultura para la seguridad alimentaria, si con la masa de divisas que rinden las minas podemos importar todos los alimentos que requerimos, los que además vienen subsidiados por los países del Norte, garantizando así nuestra sana alimentación? En el mismo sentido: ¿para qué queremos esas inversiones nacionales o extranjeras que podrían desarrollar nuestra industria con tecnologías de punta o intensivas en trabajo, cuando nuestro mercado interno es tan pequeño y el mercado mundial para nuestros productos es infinito?

Más aún, por si lo anterior no fuera poco, gracias a la masiva inversión extranjera en minería e hidrocarburos y a los elevados precios que han venido rigiendo, los impuestos que han venido recaudando nuestros gobiernos, les ha permitido asignar un gasto creciente en programas sociales. Con lo que la desnacionalización de la economía se está trocando a cambio de aparentemente crecientes niveles de paz social.

Los resultados de la bonanza están a la vista en nuestros países. Las RIN se aproximan a un tercio de nuestros PBIs. La deuda externa se ha comprimido notoriamente. El precio del dólar está cada vez más barato. El crecimiento económico promedio anual asciende al 5%, duplicándose el PBI cada 14 años. La pobreza ha disminuido sustancialmente, ya que hay cada vez menos personas que reciben un ingreso diario menor a los US$ 2.00, tanto que casi todos ya están obteniendo US$ 2.10 por jornada. El desempleo está cayendo, gracias también a la masiva migración al extranjero y al trabajo que encuentran en los sudaderos de la minería informal, en las plantaciones de coca o en las covachas de las pequeñas industrias clandestinas. Por lo demás, los perros del hortelano ya no molestan, porque se están terminando de talar los bosques y de colorear los ríos.

Finalmente, también la religiosidad de nuestros gobernantes ha aumentado exponencialmente, aunque sólo le estén rezando a los precios de nuestras materias primas y le pongan velitas a la inversión foránea ¿Qué más queremos? Quizás la única nube gris que anda flotando por ahí, pero que a nadie tiene porqué interesarle, es la desigual distribución del Ingreso Nacional y de la riqueza.

De manera que, en pocas palabras, gracias al Desarrollo de los últimos veinte años, se ha sustituido al implacable “mendigo sentado en un banco de oro” (lo que Raimondi nunca dijo) por otro, uno que está sentado sobre un balón de gas. Afortunadamente se ha prohibido fumar en público, porque se trata de un asiento que contiene un líquido altamente inflamable. Lo único que falta es que prohíban la venta de fósforos, ya que se están comprando en cada vez más regiones interiores de las entrañas andinas: ¿Por qué será?

1 comentarios:

Erick Toledo Apolinario dijo...

Interesante los hechos que narra el artículo estimado Dr. Schuldt, sería interesante un libro que cuente ello.

Saludos...