miércoles, junio 17, 2009

De monos y peces

Si recuerdo bien, fue George Foster quien, en uno de sus clásicos textos de antropología (1), nos brindó una metáfora que hoy resulta muy aleccionadora. Un mono se apresta a hacer su siesta, trepa a su árbol preferido y antes de acomodarse en una frondosa rama, se percata que un ser vivo se mueve debajo suyo en las profundidades del tormentoso río. Bondadoso como cree ser se descuelga y estrecha su brazo para coger apuradamente al animal que se estaba ahogando. Lo retira tiernamente y lo deposita en un lecho de ramas frescas para que descanse. Feliz se retira a su aposento porque el animal muy agradecido le expresa su agradecimiento abriendo su hocico como gritándole mil veces ‘gracias’ y moviendo vivamente aletas y cola.


No es esa sino la historia como nuestros gobiernos trataron nuestra Amazonía y sus poblaciones nativas, sin conocerlas, sin respetarlas. Explotaron el caucho y el petróleo, sus bosques y su fauna, el oro y su fuerza laboral. Como ahora, pensaron siempre como el mono de nuestra historia, en las pocas oportunidades que buscaron ‘salvar’ a los peces. Experimentos que todos culminaron en procesos de migración y de desintegración comunal, como consecuencia de la tala irrestricta y el irreparable deterioro medioambiental a que llevó su bondad. Este proceso es parte de lo que en la literatura económica especializada se denomina la ‘Maldición de los Recursos Naturales’, en que –una vez descubierta una riqueza en alguna región- se la penetra y el conocido ‘efecto voracidad’ acaba con el recurso que se explota sin miramientos.


Y, en efecto, todo ello dio lugar a un proceso -ligado al anterior- que se conoce como la ‘Paradoja de la Abundancia’, que refleja esa contradicción universal inevitable que se da cuando no existen la instituciones necesarias para afrontar el hecho de que –si no se regulan las actividades productivas y los derechos de propiedad- la plenitud de recursos de ciertas regiones finalmente culmina en la pobreza extrema de los habitantes que la albergan.


A ese respecto, los datos de la región amazónica son muy elocuentes, incluso si nos fijamos solamente en las cifras agregadas del Producto Bruto Interno de los departamentos y, en este caso, de los de la omagua y la rupa-rupa, para usar la lúcida clasificación de Javier Pulgar Vidal (“Las ocho regiones naturales del Perú”, 1943). En efecto, a partir de una distinción burda, los seis departamentos que pertenecen a ellas y que están pobladas por un 15,1% de la población censada del país, apenas generan un 5,8% del PBI nacional (en 2001 era del 6% en términos reales).


Mientras los demás departamentos de la selva han mantenido su participación constante durante la última década, lo que ya es preocupante, Loreto bajó de 2% a 1.8%. Lo que significa que los excedentes generados en el pasado jamás se quedaron en la región para permitirles mejores niveles de vida. Es lo que se conoce como un proceso de crecimiento con bajo ‘valor de retorno’ (Thorp y Bertram). Cuando aquellas utilidades bien pudieron haber sido utilizadas para desarrollar actividades productivas amigables, respetando el Derecho de la Naturaleza y el de los seres humanos.


De manera que mientras el presente gobierno siga pensando como el mono, no sobrevivirán ni los monos que habitan nuestra Amazonía. Porque, como acostumbran recitarlo sabiamente los literatos: “El mismo oxígeno que permite respirar al mono, ahoga al pez; la misma luz que permite ver al águila, ciega al búho; y el mismo alimento que da vida a uno, envenena al otro”. Afortunadamente la Defensoría del Pueblo ha planteado ayer la solución para que el mono entienda al pez. Está por verse si aquel, en estos dos años que le restan, no se transforma en oso que vive del salmón. Seguramente que tampoco sería deseable que éste se convierta en tiburón que engulle titíes.


***


(1) George Foster. Las culturas tradicionales y los cambios técnicos. México: Fondo de Cultura Económica, 1964 (primera edición en inglés: 1962). La metáfora original proviene de: Don Adams, "The monkey and the fish: cultural pitfalls of an educational adviser", en International Development Review, vol. II, no. 2; pp. 22-24.


martes, junio 16, 2009

Para proteger la Amazonía: Aprender del Ecuador

Nadie en su sano juicio le propondría a gobierno alguno que deje sin explotar los recursos petroleros o mineros que posee en el subsuelo. Sin embargo, Alberto Acosta, exministro de Energía del Ecuador y expresidente de la Asamblea Constituyente, ha venido proponiendo esta aparentemente peregrina idea desde 2006. En su propuesta, dada a conocer en 2007 por el presidente Correa en las NNUU, se trataría de dejar de explotar un bolsón de petróleo de 846 millones de barriles de crudos pesados (14,7° API). Aledaño a la frontera noreste del Perú, ese campo ubicado en una reserva natural se explotaría durante trece años, a razón de 107.000 barriles diarios, los que rendirían utilidades netas por un promedio de 800 millones de dólares anuales.


Partiendo de esos datos, lo que se propone es que al Ecuador se le pague anualmente al menos la mitad de esas ganancias por el hecho de mantener enterrado el oro negro. Ese dinero se 'recaudaría', a partir del principio de la co-responsabilidad, por el patrocinio de gobiernos y personas que apuestan por la iniciativa. Otras fuentes podrían consistir en negociar certificados de carbono o en un masivo canje de deuda externa. Con esa suma se crearía un fondo, manejado a través de un fideicomiso, destinándolo a obras sociales, de ecoturismo, de conservación del medio ambiente, de reforestación y piscigranjas, así como para el desarrollo de fuentes alternativas de energía.


Desenterrar el petróleo en esa zona, al envenenar sus ricas aguas y frágiles suelos, arruinaría su flora y fauna -una de las más biodiversas del planeta-, perjudicando el sustento e integridad de las comunidades nativas huaorani que la ocupan. A pesar de que éstas no tienen voz y voto, con lo que no le rinden rédito político alguno al gobierno, éste viene asumiendo su defensa, con lo que evitaría la emisión de unos 400 millones de toneladas de dióxido de carbono.


Aunque no se le entregue la contraprestación mencionada, el gobierno ofrece seguir adelante… aunque esto aún está por verse, tanto por la enorme presión que están ejerciendo las corporaciones hidrocarburíferas para hacerse de ese lote, como por el hecho de que –según información de este diario- “la semana pasada, en la conferencia de la ONU sobre el clima que tuvo lugar en Bonn, varios países industrializados se mostraron poco dispuestos a cortar drásticamente sus emisiones de CO2”.


De esta manera, el gobierno ecuatoriano se ocuparía de uno de los más importantes 'bienes públicos globales', el equilibrio ambiental global. Además, de tener éxito este esfuerzo y otros que lo sigan, contribuirían a aumentar el precio internacional del petróleo, con lo que se acelerarían los esfuerzos para sustituir las energías sucias.


¿No cree usted que eso es suficiente para pedir esa pequeña suma anual de 400 millones de dólares a la comunidad internacional? ¿No es sumamente 'rentable' ese gasto a cambio de que se respete el medio ambiente en un mundo que cada vez sufre más de la petrodependencia y su nefasto impacto climático? ¡Cuánto podríamos aprender en el Perú y los demás países amazónicos de este caso paradigmático de repercusión mundial! Nos obligaría a pensar más allá del estrecho horizonte de nuestros gobiernos que solo contemplan el verdor del dólar frente al que nos ofrece la selva amazónica, aunque ambos estén cada vez más quemados.


P.D.:

Véase un comentario-informe reciente sobre el tema: “Trees or Oil”, en The Economist, Julio 2, 2009 (www.economist.com/world/americas/displaystory.cfm?story_id=13956307). Lo que significa que la iniciativa está pegando a nivel mundial.



An ambitious scheme to save pristine forest starts to take shape



THOUGH half of Ecuador lies in the Amazon basin, its rainforest is shrinking faster than in neighbouring countries (by 1.67% a year). It has been ravaged by logging, poachers and oil extraction. Settlers have streamed in to carve out a precarious life. Over the past decade they have been joined by thousands of refugees fleeing violence in Colombia, as well as guerrillas and drug traffickers who inflict it. Native tribes have been uprooted, forced deeper into the forest or have disappeared.

The government of President Rafael Correa now wants help to keep pristine one of Ecuador’s most important remaining jungle areas, in the Yasuní national park. In a corner of the park known as ITT (after the Ishpingo, Tambococha and Tiputini rivers) lies an oilfield which preliminary seismic studies show holds almost 846m barrels of oil, or around 20% of Ecuador’s reserves. The ITT area is unusually biodiverse. It is thought to be home to several hundred tribesmen who shun the modern world and whose way of life is protected under a new constitution promoted by Mr Correa.

Oil companies, including Spain’s Repsol and Chinese-owned Andes Petroleum, are already extracting about 59,000 barrels a day elsewhere in the Yasuní park. Repsol tightly controls access to its field, keeping out would-be colonists. Further east, Petroecuador, the state oil company and the country’s worst polluter, is developing a block adjacent to ITT.

In 2007 when Mr Correa first mooted the idea that the world should pay Ecuador not to exploit the ITT oil this was widely dismissed as half-baked. Under the influence of a group of politicians from across the spectrum and environmentalists the idea is gaining flesh and credibility.

It now centres on issuing bonds for the value of the carbon emissions avoided by not burning the oil and by preserving the forest. These would be worth up to $5.2 billion at the current carbon price in the European emissions’ market. The money would be lodged in a trust fund managed by international bodies such as the Inter-American Development Bank, and spent on alternative-energy projects in Ecuador. Bondholders would have a say in how the money is spent.

Last year Germany agreed to give €300,000 ($425,000) for feasibility studies, and last month reiterated its support. The scheme will go ahead once the first $350m is raised, says Roque Sevilla, a former mayor of Quito who is promoting it. The hope is that most of this money will come from European governments. If a future government in Ecuador opted to exploit the oil, it would have to repay the bondholders with interest, says Francisco Carrión, a former foreign minister who is another of the promoters.

He accepts that the main obstacle is Ecuador’s poor reputation. In December the government defaulted on $3.2 billion in bonds—the third default in as many decades. As a result of Mr Correa’s expansionist fiscal policy, Ecuador risks running out of foreign-exchange reserves, increasing the temptation to tap the oil. Nevertheless, the Yasuní-ITT initiative, as it is called, is now worth a closer look.



miércoles, junio 03, 2009

¿Le llegó la hora al impuesto Tobin?

En 1973 James Tobin hizo pública su célebre sugerencia de cobrar un impuesto sobre todas las transacciones de divisas que se realizaran en el mundo, con la intención de reducir las fluctuaciones cambiarias. A ese respecto, luego del colapso de Bretton Woods (1971), se desató una muy acelerada movilidad internacional del capital privado, por lo que el profesor de Yale alertó que "las economías nacionales y los gobiernos nacionales no están en condiciones de ajustarse a los flujos masivos de fondos en los mercados cambiarios, sin perjuicio (de la economía) real y sin un sacrificio significativo de la política económica nacional respecto al empleo, la producción y la inflación. Específicamente, la movilidad del capital financiero limita las diferencias viables entre las tasas de interés nacionales y, por tanto, restringe severamente la habilidad de los bancos centrales y de los gobiernos para adoptar políticas monetarias y fiscales apropiadas para sus economías domésticas".


En ese contexto, la mejor vía para afrontar los problemas, nuevamente según el Premio Nóbel de 1981, consistiría en ir "hacia una moneda común, una política monetaria y fiscal común y a la integración económica" plena, que él denominó "el ideal de un mundo", en el que "los movimientos de los fondos para explotar el arbitraje de las tasas de interés o para especular en base a las fluctuaciones de los tipos de cambio no pueden ser el origen de los desarreglos y de los ajustes regionales dolorosos". Entonces afirmaba con toda razón que, probablemente por las resistencias políticas que acarrearía, "es muy difícil imaginar un escenario de evolución gradual hacia un régimen tan radicalmente distinto, aun cuando bien podría ser el óptimo global". Consecuentemente, Tobin se inclinó por otra vía para evitar tales vaivenes, proponiendo el cobro del 1% a toda transacción cambiaria, que es lo que desde entonces se conoce como impuesto Tobin.


Él mismo reconocería posteriormente que su propuesta inicial "cayó como una piedra en un pozo profundo", a pesar de que la esencia de su idea consistía "en lanzarle algo de arena a las ruedas de nuestros mercados monetarios internacionales excesivamente eficientes". Con ello se intimidaría a muchos especuladores, suavizando así la volatilidad cambiaria, con lo que también se le "daría un mayor espacio de maniobra a los Bancos Centrales de los pequeños países, a fin de afrontar en algo el dictado de los mercados financieros".


Con la crisis financiera global en curso hay quienes están volviendo a ese tipo de impuesto, pero desde una perspectiva muy distinta, tal como la planteara Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique de diciembre 1997. Los que lo siguen proponen aplicar un impuesto a las transacciones cambiarias –similar al impuesto francés a los pasajes aéreos- para contribuir a cumplir con los Objetivos del Milenio hacia el año 2015, ya que las economías desarrolladas no están cumpliendo con su compromiso –asumido hace décadas- de dedicarle anualmente fondos equivalentes al 0,7% de su PBI.


Los estudios más serios sugieren implantar un impuesto muy reducido del 0,005%, más viable técnica y políticamente, para financiar la lucha contra la pobreza extrema y las pandemias, lo que permitiría recaudar -conservadoramente- una suma pequeña pero no despreciable de entre US$ 30 y 60 miles de millones anuales (considerando que diariamente se realizan transacciones cambiarias por US$ 900.000 millones), que se administrarían por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Hace algún tiempo los parlamentos belga, canadiense y francés aprobaron la propuesta… ¡pero aún faltan unos 30 países y probablemente 30 años para que la visionaria sugerencia se materialice!