lunes, septiembre 21, 2009

¿Dónde está la Crisis?

Observando las deprimentes cifras macroeconómicas, uno diría que nos encontramos en una situación desastrosa a nivel microeconómico. Sin embargo, muchos se preguntan cómo así las familias de casi todos los estratos socioeconómicos siguen comprando a un buen ritmo, si bien a manos no tan llenas como el año pasado. Parecería existir, por tanto, una incongruencia entre la desaceleración económica y el aparente bienestar relativo de la población.

En efecto, la demanda interna ha caído en 5.6%, comparando el segundo trimestre de este año respecto al mismo del anterior, en gran parte por el descenso de la inversión en 20,8% y del gasto público y otros menores en 18,2%. En el segundo trimestre respecto al primero de este año, la inversión siguió cayendo (-10%), pero fue compensada en términos absolutos por el aumento del gasto público (32%). Las calamitosas cifras de producción sectorial asustan y son de dominio público, especialmente el derrumbe de la producción manufacturera en 12,5%.

¿Dónde está el secreto de la curiosa bonanza relativa? Evidentemente en la expansión del Consumo Privado real, que representa el 71% de la demanda interna. Ese gasto familiar aumentó apenas en 1,9% en ese periodo, pero se expandió a una sorprendente tasa del 10,1% en el segundo trimestre vis a vis el primero de este año. Curiosamente, sin embargo, resulta que los ingresos no han aumentado y el empleo urbano a nivel nacional ha caído en 2,9%, comparando el primer semestre de este año (promedio del índice: 134,7) con el segundo del año pasado (138,7), considerando únicamente el que se refiere a empresas con diez o más trabajadores.

De manera que no queda sino explicar ese incremento del consumo familiar como consecuencia del crédito que el sistema financiero le ha otorgado a las familias y a las microempresas: aumentó en 35%, comparando los primeros siete meses de este año con similar periodo del año anterior. El crédito para consumo se expandió en 14%, para vivienda en 40% y para microempresas en 30%. Con lo que las deudas acumuladas de las familias han aumentado a ritmos que hacen pensar que la insolvencia podría estar a la vuelta de la esquina. Es cierto que aún la tasa de morosidad es baja, pero ha aumentado en 39% (de 1,19 a 1,65) en los últimos doce meses, lo que ya es una primera señal preocupante.

Como en EEUU hasta hace poco, estamos flotando sobre una pareja de burbujas, resultado del estímulo espurio proveniente del sector financiero, que -si bien se está desacelerando- resulta peligroso porque en cualquier momento puede colapsar. La acumulación de las deudas y la sobreinversión en viviendas están a la vista. Bastará una pequeña chispa, digamos la quiebra de algunas empresas textiles o agroindustriales exportadoras, que enfrentan graves problemas de demanda y que sufren a consecuencia de una tremenda sobrevaluación del sol respecto al dólar, el que se ha revaluado nominalmente en más del 11% desde marzo (cayendo de 3,259 a 2,894).

Ciertamente la vejiga aún tardará en desinflarse, lo que sucederá a más tardar cuando El Niño juguetón la pinche. Las injustificadas expectativas tan optimistas que mantienen a flote nuestro bote en estos momentos y la expansión del crédito pueden voltearse con la menor ventisca. Guerra avisada no mata gente.

P.D. (set 24, 2009): Es una lástima que este cuadro del BCR no me haya llegado antes de publicar este texto en el diario, ya que confirma plenamente la amenazante hinchazón de la burbuja crediticia, la que es notoria desde el cuarto trimestre del año pasado:



P.D.2 (set. 25, 2009). Hoy apareció en 'Gestión' (p. 12) una informativa entrevista a Leslie Pierce, Gerente General de ALICORP, en la que señala que han logrado un aumento del 14% "con nuestras marcas Opal y Bolívar", las que -en efecto- son buenos sustitutos (como tales serían 'bienes inferiores') de las marcas de mayor prestigio o precio (y no sé si también en calidad). En cambio nos dice que este año en la venta de ciertos bienes 'superiores' -los que ahora se llaman 'productos más sensibles'- han sentido el golpe, que es el caso de chocolates, helados y galletas, entre otros.

Por supuesto que hay muchos más ejemplos que están a la mano respecto a este traslado de los consumidores -y no solo me refiero a los estratos medios- de bienes superiores a inferiores, tales como en los casos en que se migra de una a otra marca de productos:
a) En el caso de la leche, ya no se consumen tantas -si es que alguna- latas de leche de vaca (v.gr. Gloria o Ideal), sino que se recurre a las de soya;
b) Igualmente, el aceite vegetal "ya no resulta" y se compra el de soya;
c) En los detergentes se prefiere ahora la marca Opal al Ariel;
d) De la corvina y cojinova se ha pasado a la luna y el perico;
e) De la menestra embolsada a la al granel;
f) La Cola Real sustituye a la Coca Cola y la Kola de Isaac a la Inca Kola; el agua mineral 'Cielo' margina a la 'San Luis;
g) La gelatina en bolsa que se adquiría antes en bolsa, ahora se compra suelta;
h) De los dentífricos 'clásicos' (según el estrato, Colgate o Kolynos) se migra a las nuevas marcas;
i) Las galletas 'San Jorge' sustituyen a las de soda Field;
etc.

La compra de ropa usada en vez de nueva y las visitas al sastre y al zapatero, son también procesos que van en esa misma línea. La compra de automóviles, lavadoras y demás bienes duraderos de 'segunda mano' también parece haber ido en aumento. Y, en general, la calidad de los productos que se compran -por el menor precio- ha bajado ostensiblemente, lo que incluye las carnes, las salsas de tomate, las frutas, la ropa interior, etc. ¡Quedan exceptuados, sorprendentemente (o no tanto), los artículos femeninos de belleza... se sigue considerando que los de precios altos son los mejores (efecto Veblen)!

Por supuesto que este proceso ha sido paulatino a medida que el poder de compra se estrechaba. Es decir, el precio se vuelve a poner de 'moda' frente a la moda de la 'marca'.

Pero lo más importante parece ser la lluvia de 'ofertas', en que las amas de casa las compran, dejando de consumir sus tradicionales productos de marca, para pasar a otros -de precio muy inferior- aunque no los conozcan (incluso si no tienen marca o ni siquiera un envase... como los jabones, ). Indudablemente, también, la reducción del poder adquisitivo es un campo de cultivo muy propicio para que ciertos 'empresarios poco escrupulosos ofrezan la más variada mercadería 'bamba' en todo sentido (y, el peor de los casos, el de las medicinas, se encuentra en 'boom' actualmente; aparte de la tendencia bien conocida -que puede acompañar el efecto anterior- de las personas a 'automedicarse' muy arriesgadamente).

3 comentarios:

Dr. C. Thorpe dijo...

Nooooo puueees, amigo Gregorio, tiene usted que confiar en el poder del pensamiento positivo. Repita conmigo:

¡No va a haber crisis!
¡¡¡No va a haber crisis!!!
¡¡¡¡¡No va a haber crisis!!!!!
¡¡¡NO VA A HABER CRISISISISISISSSS!!!!!

¿No se siente mejor?

¡Suerte y Éxitos!

Jürgen Schuldt dijo...

Excelente consejo, mi estimado Dr. Thorpe.
Repetí el eslogan diez veces y, oh milagro: ¡salió el sol y todos salimos de la depresión que venían causándonos los 17 grados y la aburrida panza de burro de nuestros cielos limeños!
¿Qué me siento mejor? Pues no, creo que repetí la frase demasiadas veces (parece que solo deben ser cuatro: ¿me equivoco?), de manera que me dió un ataque de asma. Si me hubiera muerto, ahí sí que se terminaba la crisis económica del país (¡es que como demasiado!).
Gracias por sus constructivos comentarios.

Miguel Olivera dijo...

Muy interesante. También es cierto que la tasa de crecimiento del crédito privado se está desacelerando. Esto sugiere que más que una burbuja a pincharse, si el crédito es lo que sostiene el consumo, lo que viene por delante es una recesión más prolongada.

Excelente el blog. Muy útil para los que seguimos Perú desde otro país.