lunes, mayo 04, 2009

Taurobamaquia

Como sucede de vez en cuando en alguna fiesta brava, el público invita al torero para que le encaje unos buenos pares de banderillas a la bestia. Hace unos días, en una audaz entrevista concedida al New York Times , Obama aceptó el reto y le asestó literalmente varios rehiletes de a cuarta al célebre toro representativo de Wall Street.

La primera puya llegó precisa: “Lo que yo pienso que cambiará, lo que yo pienso que fue una aberración, era la situación por la cual las ganancias corporativas del sector financiero representaban una porción tan pesada de nuestra rentabilidad general a lo largo de la última década”. En efecto, las cifras oficiales nos dicen que desde el 2002 las ganancias del sector financiero-hipotecario ascendieron –en promedio- al 35% de las utilidades corporativas totales, contrastando con su el 20% del valor agregado que genera.

Y vino la segunda: “Ahora bien, en cierto sentido, pienso que es importante entender que parte de esa riqueza fue ilusoria”. A lo que añadió: “Eso, yo pienso, cambiará”, con lo que aludía a las regulaciones que le impondrá al capital ficticio. Obviamente, añadía, “Wall Street seguirá siendo una parte importante de nuestra economía, tal como lo fuera en los años setenta y ochenta. Pero no será la mitad (sic) de nuestra economía”.

Luego incrustó el tercer garapullo: “Y eso significa que más talentos y más recursos irán a otros sectores de la economía. Creo que eso efectivamente es saludable. Nosotros no queremos que todos los graduados universitarios con aptitudes matemáticas se conviertan en vendedores de derivados. Queremos que algunos de ellos se vayan a las ingenierías y queremos que algunos otros se vayan a diseño computacional”. Lo que implica redirigir la educación: “Yo también quiero ver más graduados en matemáticas y ciencias”. Y es que, añade, en el pasado “no hicimos un buen trabajo para equilibrar el entrenamiento con los requerimientos externos. Y esa es una cosa en la que el gobierno puede ayudar a guiar nuestros procesos educativos de forma tal que cubra las necesidades futuras y no precisamente las del pasado”

Lo que significa que se le daría un mayor peso a la economía real vis a vis la de servicios: “Pienso que la economía post-burbuja que estoy describiendo es una en la que estamos restaurando el balance entre los que hacen las cosas y los que proveen los servicios”. “Pero el punto más general es que, si usted mira a quienes en la economía global serán nuestros competidores en el largo plazo –China, India, la UE, Brasil, Corea-, verá que son los países que están produciendo la fuerza de trabajo mejor educada, cuyo sistema educativo enfatiza las ciencias y las matemáticas, (…) con lo que ellos tendrán una ventaja significativa en la economía. Y yo pienso que tenemos que tener lo suficiente de eso para mantener nuestra fortaleza económica”.

Obviamente, el papel aguanta todo, porque una cosa es ser banderillero y otra matador. Y encima ha tenido la osadía de atacar a los demás grupos de interés más poderosos del país: al complejo militar-industrial le ha rebajado el presupuesto federal; a los petroleros los aterra con su programa de sustitución energética; y a las transnacionales y los multimillonarios que gustan tanto de los paraísos fiscales los intenta lanzar a los caimanes de las Islas Caimán.

¿El que mucho abarca poco aprieta? Él mismo lo reconoce en la entrevista: “Los críticos me dicen: estás haciendo demasiado, tu no puedes hacer todo a la vez. El congreso no puede digerir todo”. Y, en efecto, los lobbies tendrán problemas para tragar sus propuestas, aunque –si insiste- no me sorprendería que se lo devoren a él.