miércoles, febrero 11, 2009

Vivir con lo Nuestro


25 años atrás, el gran economista argentino Aldo Ferrer escribió un libro de ensayos con ese título, en el que reflexionó sobre la relación entre ‘Nosotros y la Globalización’. Advertía en él sobre la necesidad de no descuidar el mercado interno y la importancia de aprovechar nuestros abundantes recursos para alimentar el desarrollo local y regional, a pesar de la euforia reinante en torno a las ventajas que aparentemente ofrecía la globalización.


Sin embargo, a contracorriente, desde entonces nuestros gobiernos adoptaron las políticas exageradamente aperturistas del recetario del Consenso de Washington. Como consecuencia de ello y por el éxito espurio de las economías extractivistas como la nuestra, atribuible básicamente a los altos precios de los minerales, la preocupación por fortalecer la demanda doméstica y la producción nacional quedó relegada y fue sustituida por el truculento eslogan del “Exportar o Morir”. Fue así como, de la infructuosa ‘sustitución de importaciones’ y del mal llamado ‘desarrollo hacia adentro’, el péndulo se corrió hacia el otro extremo y volvimos al esquema de acumulación primario-exportador y al bien llamado ‘crecimiento hacia fuera’. Con lo que se creció económicamente por unos pocos años, pero no se logró expandir el mercado interno, ya que las fuerzas endógenas de ese ‘modelo’ consolidaron los bolsones de pobreza y la de por sí desigual distribución del ingreso y la riqueza.


Ahora, frente a la magnitud de la crisis internacional y la caída abrupta de los términos de intercambio, los gobernantes y empresarios se sorprenden de sus pesares, olvidando que en la bonanza descuidaron fomentar el desarrollo interno integrado, las cadenas productivas, los mercados domésticos, la pequeña y mediana industria, el control de los recursos estratégicos, el aprovechamiento de nuestra biodiversidad, las habilidades de nuestros artesanos, la descentralización productiva, la innovación productiva y las políticas sectoriales. Un empresariado exodirigido comercial y productivamente y los gobiernos que dilapidaron la enorme masa de dinero de que disponían no contribuyeron a ese tan necesario ´desarrollo desde dentro’, que hoy en día serviría de sustento para suavizar los impactos externos y para alentar el desarrollo productivo autocentrado.


Y así ya es demasiado tarde, porque en el ínterin ya no existen industrias nacionales y las pocas que sobreviven utilizan insumos y maquinarias que vienen casi exclusivamente de fuera, paralelamente a lo cual nos hemos habituado a patrones de consumo ‘globalizados’, lo que resultaba viable mientras sobraban las divisas. Ahora se apela ingenua y desesperadamente al ‘Compre Peruano’. Pero con la desnacionalización, reprimarización, desindustrialización, sobreconcentración y extranjerización de la producción y el consumo de nuestra economía, se ‘descubre’ tardíamente la necesidad de ‘mirar hacia adentro’ para reducir nuestra dólar-adicción y extrema dependencia externa. ¿Aprenderemos la lección para el próximo ciclo de crecimiento que se iniciaría a mediados de la próxima década?




Fuente: 'Carlincaturas', en La República, enero 9, 2009.


P.D.: Para una visión optimista, véase: Rolando Arellano, “La rendija de Cómprale al Perú”, en El Comercio, febrero 13, 2009; p. b2 (www.elcomercio.com.pe/impresa/notas/rendija-comprale-al-peru/20090213/245587).