jueves, febrero 28, 2008

¿Será posible reducir la pobreza al 30% hacia el año 2011? (Ejercicios aritméticos para niños)

El sábado pasado nuestro flamante Ministro de Economía declaró tajantemente que el año pasado la pobreza se redujo en 2,5 puntos porcentuales, al descender del 44,5% de la población total en 2006 a 42% en 2007. Lo que habría significado que 600.000 personas escaparan de la pobreza [1]. Logro que efectivamente merecería todo tipo de felicitaciones, aunque no precisamente para el mencionado, quien aparentaba estarse atribuyendo tamaña hazaña.

Lo que primero llama la atención es que, como lo informara La República, el ministro haya dicho “que estas cifras son una aproximación (sic) a los resultados oficiales que presentará el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) a mediados de año (otro sic), luego de culminar la revisión (doble sic) de la Encuesta Nacional de Hogares”. De manera que está advertido el jefe del INEI: ¡no se le vayan a apartar demasiado las cifras ajustadas a las que hiciera públicas el ministro! Por lo demás éste no debió dar estas declaraciones (¡habiendo tantos temas pendientes que podría tratar!) sino hasta que dispusiera de las cifras definitivas, lo que francamente da que pensar sobre se seriedad.

Al margen de todo el debate político en torno a la forma, las políticas y los procesos por los que salieron de la pobreza y si ello significa que no retornarán a ella [2], nos limitaremos a los simples números y sus más elementales proyecciones. Como tal este es un escrito dirigido a escolares primariosos para entrenarlos en aritmética, más que en economía.

Lo que, de paso, nos servirá para demostrar que –a partir de los datos del INEI difundidos por el ministro- es un cuento que los pobres hayan disminuido en 600.000 (sección 1.) y, de refilón, servirán para señalar que es prácticamente imposible lograr reducir la pobreza incluso al modesto y casi vergonzante 30% de la población hacia el año 2011, como lo ha prometido y repite a cada rato el gobierno. Para ésto último partiremos de los supuestos del ministro, cuando –muy suelto de huesos- afirmara, refiriéndose al año 2007, que: “A ese ritmo (...) la meta propuesta por el gobierno de reducir a 30% los niveles de pobreza en el país hacia el 2011 sería una realidad”.

A este último respecto, la pregunta clave sería ¿qué significa “a ese ritmo”?, términos muy gaseosos, criollamente muy inteligentemente utilizados por el piloto de la economía peruana. Porque ese ritmo puede referirse, cuando menos, a cuatro variables que podrían definir el ‘ritmo’ específico (adoptado de lo que sucedió en 2007), a saber: a. Que todos los años baje la pobreza en 2,5 puntos porcentuales (sección 2); ó b. Que todos los años disminuya la pobreza en 600.000 personas (sección 3.); c. que cada año la pobreza absoluta disminuya en 4,3% (sección 4.); o d. Que en base al crecimiento económico de los próximos años –dada la elasticidad empleo/producto del 2007- se alcance la mencionada meta (sección 5.). Haremos el cálculo para cada una de estas posibilidades, que los colegiales deben realizar por su cuenta [3].


1. Los imposibles 600.000

Para determinar la reducción de la pobreza en 2007 respecto a 2006, todo lo que tenemos que hacer es establecer la población total, ya que -como conocemos los porcentajes de pobreza en esos dos años- podemos obtener los números absolutos de pobres. Los resultados se muestran en la Tabla I y nos llevan a la conclusión que habrían disminuido en algo más de 535.000 personas, 12% menos que los 600.000 anunciados por el ministro. Se habrían inventado así más de 72.000 personas que ya no son pobres, por un simple error de cálculo o acto de birbibirloque [4].


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Pero, como el Dr. Carranza goza de nuestra simpatía, intentaremos sacarlo del apuro, para ver como cuadramos su cifra de la disminución de los pobres en 600.000. Para lo que podemos ejercitarnos con dos métodos, obviamente con la complacencia del INEI.

Una posibilidad es aumentar la población del Censo de 2005 (que de por sí ha sido cuestionado desde múltiples perspectivas). El problema es que, si hacemos el cálculo, los 27 millones y pico consignados oficialmente como la población total habría que inflarlos en nada menos que unos 4 millones redondos, con lo que el Perú llegaría a 31 millones de habitantes (que es como traernos a casi todos los peruanos que viven en el extranjero). El problema es que con ese ‘artificio’ los pobres del 2006 ya no serían 12 sino 14 millones en el 2006 y casi 13,4’ en el 2007, superiores en más de 1 millón a los que oficialmente se estiman. De manera que habrá que descartar esta vía, por más que con ella sí se llegaría a una disminución de los pobres en 600.000 durante el año pasado.

El otro método para sacar del apuro al ministro, consistiría en reducir la tasa de crecimiento demográfico. Ejercicio que hemos hecho, pero que nos lleva a la increíble respuesta de que –para que los pobres se hayan reducido en 600.000 en 2007 [7] -la población tendría que haber aumentado apenas al 0,75% anual en el trienio pertinente, es decir a una tasa que es la mitad de la que ostentaba en el lapso intercensal de 1993 a 2005. Aunque es cierto que muchos peruanos han migrado al exterior, resulta difícil justificar que se hayan ido más aún de los que efectivamente se fueron (2006: 414.700; y 2007: 342.000). Porque habría que añadir 360.000 emigrados más para que las cifras del ministro cuadren.

Finalmente, cabría hacer una mezcla entre los dos métodos anteriores y los resultados cuadrarían, pero no le cabrían a nadie en el cerebro, ni serían muy recomendables para la transparencia y responsabilidad social y moral que requieren a gritos las autoridades económicas y el INEI en estos días de incredulidad relativamente generalizada frente a las cifras oficiales que divulgan cada cierto tiempo. Pero que no pierdan la esperanza de quedar bien: existe un fórmula políticamente sagaz para sacar al ministro del entuerto, en que bastaría que se corrija diciendo que los pobres cayeron a 41,7% (y no 42%), cifra que -podría ser su justificación- redondeó porque a nadie le interesan los decimales (claro que habría tenido que aumentar los datos del 2006: en vez de 44,5 habría tenido oque decir 45%). Parece mentira la diferencia que puede hacer un 0,3 de punto porcentual (Haga Ud. mismo el ejercicio).

Con lo que estamos en condiciones de realizar los ejercicios a futuro, para ver hasta qué punto es posible cumplir con la meta de reducción de pobreza al 30% para cuando llegue el año 2011. Insistimos que se trata de gimnasia aritmética, más que económica, lo que ya sería otro cantar.


2. 2,5 puntos porcentuales menos por año (para aprender a restar)

Este es el caso más sencillo para determinar los pronósticos del ministro, porque basta restar los 2,5 puntos porcentuales cada año al porcentaje del año anterior. La conclusión es que no se alcanzará a reducir la pobreza al 30% en el 2011, sino en marzo del 2012. Atraso que, de cumplirse, no sería mayormente preocupante por tratarse de décimas. Quizás sólo el Presidente estaría algo molesto porque no podría anunciar el logro de la meta prometida cuando deje el cargo[8] y, en caso de llegar, ofrezca su Mensaje a la Nación el 28 de julio del 2011.

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3. 600.000 menos cada año (para reforzar la clase del ‘aprender a restar’)

En este caso, el cálculo no se hace mucho más difícil. Mientras el anterior lo puede hacer un estudiante de segundo de primaria, este tendría que hacerlo uno de tercero. Ahora debemos establecer la población de mediados de cada año, partiendo con el dato del 2005 (que es el ‘oficial’ del Censo, tal como lo consigna el INEI) y le añadimos un crecimiento demográfico de 1,4% anual [10], como en el ejercicio anterior (recuerde que entre los dos censos anteriores fue de 1,5%). Luego se establece el número de pobres de cada año, asumiendo que en el 2007 eran 42%, como lo proclamó el ministro. Finalmente, a la cifra absoluta de pobres obtenida, se le restan 600.000 personas, año por año.

Aunque se acerca a la meta, tampoco en este caso la llega a achuntar plenamente, pero como en el ejercicio anterior, a pocos meses del año 2012 la vería hecha realidad. Una vez más, trinará el Presidente cuando tenga que dirigirse al Congreso a mediados del 2011.


4. Cada año 4,3% pobres menos

En este ejercicio todo lo que hay que hacer es reducir el número de pobres en un determinado porcentaje, aquel correspondiente al 'ritmo' del año 2007, es decir, 4,3% por año. De ahí resulta el cuadro siguiente. Como es evidente, en ese caso la meta del gobierno solo se llegaría a alcanzar en el año 2013, mucho más de lo deseado.


5. Crecimiento y Pobreza

Una cuarta posibilidad, ya bastante más sofisticada y de mayor contenido económico para un estudiante inicial de educación secundaria, consiste en estimar la reducción de la pobreza sobre la base de la elasticidad pobreza/crecimiento. Es decir, estimando el porcentaje en el que disminuye la pobreza como consecuencia del crecimiento económico. Para ello utilizaremos el dato de 2007 vis a vis 2006.

Del cuadro anterior se desprende que la pobreza se redujo en 4,3% en el 2007, mientras que el crecimiento económico fue del 9%. De manera que la elasticidad-arco que utilizaremos será del –0,48 (=-4,3/9). Es decir que, por cada punto porcentual que crece el Producto Interno Bruto, la pobreza se reduciría en casi medio punto [12]. Lo que nos hace falta ahora es conocer las proyecciones del crecimiento económico, el que obtenemos de las proyecciones del propio gobierno, según el cual en los próximos años la economía crecería a las tasas que figuran en un informe del FMI, tal como se consignan en la Tabla V. Finalmente, lo que tenemos que hacer es aplicar ese relación a los años que siguen al de 2007, tal como se muestra en el cuadro siguiente.

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A juzgar por estas proyecciones, que serían las más realistas de las que hemos realizado, la meta del 30% no se logrará sino –en el mejor de los casos- hacia comienzos del año 2015. De manera que la euforia que irradió el ministro en sus declaraciones derivó seguramente del muy exitoso crecimiento económico del año pasado, por lo demás bastante más deslumbrante en cantidad que en calidad.

En conclusión, el gobierno va a tener que apurarse y esmerarse bastante más que en sus primeros 20 meses de gestión para intentar reducir la pobreza a fin de alcanzar esa ansiada meta (que tampoco nos lleva al paraíso, pero algo es algo) para el día de la patria del año 2011. Pero para ello será necesario seguir algunos de los consejos sugeridos por Francke e Iguiñiz en el trabajo arriba mencionado, así como otras políticas que no es del caso discutir aquí. Y, por cierto, tampoco le haría mal que sus altos funcionarios se ejerciten un poco más en el uso de las operaciones matemáticas básicas [17]. Una vez bien entrenados en la materia, llegarían a la conclusión que la elasticidad pobreza-crecimiento debería llegar a ser -1; nada menos que el doble de la que sería actualmente. Es decir, que la pobreza se reduzca en el mismo porcentaje en que aumenta el PIB anual proyectado y para lo que serían necesarias políticas sociales muy bien focalizadas y otras que prioricen el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas.



[1] Las afirmaciones del ministro que aquí utilizamos han sido reproducidas del informe de Vanessa Ochoa, aparecidas bajo el título “600 mil dejaron de ser pobres en el 2007”, publicado por La República, febrero 23, 2008; p. 12 (www.larepublica.com.pe/component/option,com_contentant/task,view/id,205770/Itemid,484/).

[2] Porque aparentemente se les sacó de la miseria paternalista y clientelarmente “ofreciendo pescado en vez de enseñar a pescar”, esa tan manida parola que el Dr. Toledo utilizó antes, durante y después de ejercer la presidencia. A ese respecto es ilustrativo el artículo de Armando Mendoza, “Pobreza: ¿Repartiendo pescado o enseñando a pescar?”, en La República, febrero 26 (www.larepublica.com.pe/content/view/206224/645/).

[3] Por adelantado les agradezco a quienes me indiquen los errores que pueda haber cometido en algunos cálculos.

[4] No llego a entender porqué esta palabra tan atractiva no figura en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Habrá que sugerírsela a nuestro paisano MVLL para que, como miembro ilustre de la Academia desde 1996, la incorpore. Esperamos las gracias.

[5] Dado que la tasa de crecimiento demográfico entre 1993 y 2005 fue del 1,5%, asumiremos que ha bajado al 1,4%, tasa que postularemos para este cálculo.

[6] Este dato es oficial y corresponde al Censo de ese año.

[7] En cuyo caso los pobres caerían de 12,2’ a 11,6 millones en el año 2007.

[8] O se las arregle para continuar por otro quinquenio, que actualmente todavía lo prohibe la Constitución vigente. Dos Legislaturas Ordinarias podrían arreglar el problema, pero evidentemente los votos y alianzas –por más provechosas que fueran las ofertas del partido de gobierno- no permiten vislumbrar un final (in)feliz en ese sentido.

[9] A los estudiantes que no han aprendido la diferencia que existe entre ‘porcentajes’ y ‘puntos porcentuales’ los remitimos al siguiente artículo, que también incluye otros errores típicos y que será de gran utilidad para políticos y periodistas (y hay economistas que no se salvan), ya que confunden ambos términos, imperdonablemente: “Cinco Errores o Trucos Numéricos Comunes” (www.lainsignia.org/2006/julio/econ_002.htm).

[10] Podría postularse un 1,3% anual de crecimiento de la población, pero dado que la emigración del país ha venido cayendo, aparentemente por el aparatoso crecimiento económico, asumiremos un 0,1 de punto porcentual más. En efecto, según informa la Dirección General de Migraciones, mientras en el año 2006 emigraron del país –para no regresar más- 414.700 personas, mientras que el año pasado ‘sólo’ lo hicieron 342.000 (ver: “Perú, país de donde fuga el talento”, en Gestión, febrero 26, 2008; p. 30).

[11] Nótese, de partida, que aquí ya el ministro sobrevaluó la disminución de pobres para el 2007, ya que disminuyeron en 527.719; es decir, en menos de 72.000 personas de las que él dio a conocer.

[12] Esta cifra coincide gruesamente con los estimados de Pedro Francke y Javier Iguiñiz, “Crecimiento Pro-Pobre en el Perú”, Lima: CIES, febrero 2006. Véase especialmente el Cuadro 10 que presentan los autores, en que se estiman minuciosamente las elasticidades pobreza-crecimiento, incluso por regiones, por consumo y por ramas económicas. Es evidente que esta elasticidades divergen –a menudo muy radicalmente- según cada uno de esos criterios, aparte de que son relativamente volátiles en el tiempo.

[13] Las proyecciones han sido tomadas de las que publicara el FMI en enero de este año y están referidas al periodo 2008-2012: “IMF Country Report No. 08/28 “, enero 2008; Tabla 12, p. 36 (www.imf.org/external/pubs/ft/scr/2008/cr0828.pdf). Es interesante señalar que su cifra referida al crecimiento económico de 2007 es del 7,5%, frente a la cifra oficial peruana del 9%.

[14] Esta cifra se obtiene por regla de tres.

[15] Datos oficiales para el crecimiento y el porcentaje de pobres. El número absoluto de pobres lo calculamos en el ejercicio anterior.

[16] Desde este año en adelante las proyecciones son nuestras, muy optimistas... para no perder las esperanzas.

[17] También es cierto que no se les puede culpar a los funcionarios públicos que divulgan esas cifras, dado que somos mundialmente famosos por nuestro analfabetismo matemático. Comprensible en ese caso, porque de niños seguramente los profesores del SUTEP (los culpables de siempre y de todo), en vez de enseñarles esas reglas elementales, se las pasaron inculcándoles los mucho más complicados esquemas de reproducción simple y ampliada de Marx.


Una lúcida edición y traducción al inglés de este texto fue elaborada por Otto Rock y puede encontrarse en el ‘Latin America Economonitor’, bajo el título: “Peru: Is a Poverty Level of 30% Possible by 2011? (Or ‘Carranza, Have a Word with Your Math Teacher, please?’)”. Nueva York, marzo 6, 2008 (www.rgemonitor.com/latam-monitor/

632/peru_is_a_poverty_level_of_30_

possible_by_2011_or_carranza_have_

a_word_with_your_math_teacher_please).



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Addenda:

“¿Con la estrategia que define el presidente García, en cuánto se reducirá la pobreza?, pregunta El Comercio (marzo 3, 2008, en ‘Al Grano’: www.elcomercioperu.

com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-03/

recomiendan-elevar-calidad-gasto-lucha-

contra-pobreza.html).

Respuesta del Presidente del Consejo de Ministros:

“Nuestra meta es llegar a 30% de pobreza. Estamos hoy en 44%”.

Nos preguntamos: ¿Quién los entiende, si hace una semana el Ministro de Economía había dicho que en el 2007 se había reducido la pobreza al 42%? ¿No se ponen de acuerdo ni siquiera entre Ministros sobre esta cifra tan crítica?

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martes, febrero 26, 2008

También la Inflación Discrimina

La discriminación es un fenómeno generalizado en el Perú, comenzando por la racial y la de género, pasando por la laboral y la religiosa, hasta llegar a la que explota a los niños y maltrata a los ancianos. A lo que se añade que esos segmentos de la población son los que reciben la peor educación, sufren el ultraje del poder judicial (y carcelario) y se someten a los más deficientes servicios de salud, si es que reciben alguno. En su gran mayoría, tales exclusiones recaen sobre los más pobres en forma brutal y perfectamente transparente, por lo que podrían evitarse si solo hubiera la voluntad política (lo que ya es mucho pedir) y las instituciones indispensables (que es un proceso de largo plazo) para evitarlas.

Sin embargo, existe una modalidad peculiar de discriminación que acompaña a las mencionadas, pero se procesa de una manera bastante más sutil, porque los castiga a través de la aparentemente impersonal inflación. La forma más tradicional de plantear el asunto consiste en señalar que la inflación es dañina para los pobres porque no tienen cómo defenderse frente a ella, sea porque no están sindicalizados o no tienen trabajo o están jubilados o, más aún, porque no poseen activos que les permitan sostener sus ingresos reales en procesos de alta inflación.

Esa visión es, sin duda, correcta. Pero hay otra forma aún más sofisticada para discriminar contra los pobres a través del sistema de precios, lo que puede suceder a partir del impacto indirecto que sobre ellos ejerce la inflación, tanto por su localización geográfica, como por su ubicación en la pirámide de ingresos. Estas últimas, derivadas de los aumentos asimétricos de los precios básicos de la economía, son las que trataremos en lo que sigue, a fin de demostrar que hasta los precios discriminan a los pobres.

Inflación Limeña, Regional y Nacional [1]

A inicios del año el gobierno nos informó que la inflación “del Perú” fue del 3,9% en 2007. Lo que sus voceros volvieron a festejar como un triunfo más de la actual gestión económica. Por más que haya rebasado el límite superior (3%) de la meta de inflación fijada por el Banco Central para el año pasado, trataron de consolarnos aduciendo que era la más baja del continente, lo que es bien cierto si exceptuamos los casos de EEUU (2,5%), Ecuador (3,3%) y México (3,8%) [2], aparte de Canadá.

La cuestión es que ese guarismo no refleja realmente el aumento de los precios del país, ya que mide exclusivamente la “inflación de Lima-Metropolitana”. Lo que no sería problemático, si esos aumentos ponderados de los precios de la capital equivaliesen aproximadamente al promedio nacional. Sin embargo, si revisamos las cifras de las otras 24 ciudades para las que se dispone de datos sobre el aumento anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC), nos daremos con la sorpresa que la inflación limeña fue la más baja de las principales ciudades del país. Incluso hay cuatro urbes que sobrepasan el 8% anual y la gran mayoría está entre el 5% y el 7%.

Esto resulta extremamente preocupante y podría explicar parte importante de las movilizaciones sociales reiteradas que se dan en el ‘interior’ del país. Téngase presente que el rubro más sensible de la canasta de los consumidores, el de ‘Alimentos y Bebidas dentro del Hogar’, aumentó en 8,9% a nivel nacional, destacando entre su componentes ‘pan y cereales’ (19,9%), ‘grasas y aceites comestibles’ (15,6%), ‘leguminosas y derivados’ (13,9%), ‘frutas’ (13,6%), así como ‘Leche, Quesos y Huevos’ (13,3%), entre los más delicados. Sin duda, parte importante de tales aumentos es atribuible a la inflación importada (que se aceleró de 0,3% en 2006 a 10,5% en 2007), lo que explica gran parte de los sustanciales incrementos de los precios de los insumos, tanto los de los combustibles (petróleo), como los de aquellos necesarios para producir alimentos (trigo, maíz, aceite de soya, leche en polvo).

De manera que lo más adecuado sería aproximarnos a un cálculo de la tasa de inflación “del Perú” sobre la base de los datos pertinentes que disponemos de las principales ciudades. Con lo que nos acercaríamos bastante más a una medida ideal, aunque solo se refiera al Perú Urbano (y, más específicamente, de las capitales de departamento, más Chimbote), lo que excluye a quienes viven en ciudades intermedias, pueblos, aldeas, villorrios, caseríos, comunidades y demás. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEI) ha realizado el cálculo referido (lo hace desde 2002), llegando a la conclusión que el aumento ponderado del nivel general de precios de las 25 ciudades encuestadas –Lima incluida- fue del 4,9% en 2007. De manera que la inflación ‘nacional’ rebasa en un punto porcentual a la de la metrópoli y en casi dos puntos porcentuales la frontera superior de la meta inflacionaria fijada por el Banco Central [3].

Precisando cifras y tomando los datos más recientes del INEI, referidos a la inflación anual enero-2008/enero-2007 de las principales capitales, nos indican que el proceso de inflación podría estar entrando en una espiral ascendente, lo que viene reforzado por el reciente aumento abrupto de las expectativas de inflación [4].

En tal sentido, si nos limitamos a las ciudades que han sufrido las tasas más elevadas de inflación, tal como figuran en la Tabla siguiente, detectaremos que se trata también de aquellas capitales de los Departamentos que, a la vez que son de los más pobres del país, gozan de las más vastas riquezas naturales. Son aquellas que han logrado el crecimiento económico más acelerado de los últimos años, comenzando con el auge espectacular de los sectores de construcción y comercio, pero sobre todo como consecuencia de las actividades mineras de exportación minera que albergan los Andes (marcadas con negrita en la Tabla) o por tratarse de zonas costeñas de bonanza agroexportadora [5].



Si bien los trabajadores que están directamente involucrados en la minería han visto incrementar sustancialmente sus remuneraciones (y el monto que reciben por su participación en las utilidades de las empresas) más allá de la inflación, los demás agentes económicos que se ubican en su entorno, así como los trabajadores no calificados que laboran en la actividad agroexportadora, deben haber visto reducidos sus salarios reales. Lo que hay que atribuírselo a los precios de su canasta familiar, los que aumentaron en más y hasta en mucho más del 6%[7]. Y es que, si bien en esas zonas ha aumentado el empleo no calificado, no lo han hecho así sus remuneraciones (la oferta es casi perfectamente elástica) y los pocos que sí las han visto aumentar, perdieron en términos reales por las altas tasas de inflación que consignáramos arriba.

Con lo que –cierto que es una atrevida hipótesis- las relativamente elevadas y crecientes tasas de inflación ‘provinciales’ se deberían al aumento de la masa de ingresos acumulada por el aumento del empleo que resultó del crecimiento económico, más que del alza de las remuneraciones reales por habitante. Porque, dado que la demanda de trabajo ha crecido mucho más de lo que han disminuido los salarios reales, los mercados regionales seguramente se han expandido aceleradamente, pero casi exclusivamente por el aumento de la oferta de trabajo (casi) perfectamente elástica, más que por el poder de compra de la remuneración por trabajador. Por lo demás, la espectacular expansión del crédito debe haber contribuido también a esa coyuntura expansiva.

Inflación por Deciles de Ingreso

Desde otra perspectiva también es posible detectar la cólera con la que los precios pueden ensañarse contra los pobres en determinadas circunstancias. En un estudio reciente, Eduardo Morón y Edgar Salgado[8] calculan la inflación de Lima y de las capitales de departamento segmentando la población en deciles de gasto, en el que no solo incluyen lo que se gastó en base a su ingreso corriente, sino “cualquier forma de pago (o financiamiento) para el consumo de cada bien; esto es, pago en especie, autoconsumo, transferencias públicas o privadas y la categoría no sabe”.

Los datos los han recogido de las Encuestas Nacionales de Hogares (ENAHO), construyendo la canasta de consumo de cada 10% de la población en cuestión en base al promedio del periodo 2004-2006, diferenciando las que corresponden a las de Lima Metropolitana de las del resto del país. Desde ahí obtienen también la inflación nacional. Sus resultados se despliegan en la Tabla II[9].


Como se puede observar, una vez más se presentan diferencias abismales en las tasas de inflación por deciles. Considerando solo los extremos de las distribuciones de gasto, el 10% inferior (el más pobre) afronta una inflación que es superior en 30% a la de los de mayores ingresos[10]. En Lima la inflación resultó ser casi un punto porcentual superior en el estrato bajo (1) que en el más alto (10), mientras que en las ‘demás ciudades’ la diferencia llega a alcanzar los dos puntos porcentuales más, en promedio. Resultados verdaderamente sorprendentes, tanto que merecieron muy justificadamente la primera plana del diario El Comercio el sábado pasado.

Concluyendo

De manera que, en síntesis, se observa que los estratos pobres –específicamente a lo largo de 2006/2007- sufrieron los mayores niveles de inflación, afectados por dos efectos. De un lado, por sus bajos ingresos, los que sesgan su patrones de consumo hacia los bienes esenciales (v.gr. alimentos), que son los que más se incrementaron en ese bienio. De otra parte, también se vieron perjudicados por su localización geográfica en ciudades del ‘interior’, donde el costo de vida subió bastante más que en Lima, básicamente por la reactivación económica de las regiones (por el lado de la demanda), donde efectivamente aumentó el empleo agregado, pero no las remuneraciones reales de cada trabajador.

Y, aunque no lo hemos analizado aquí, este efecto redistributivo que ejerce la inflación también se ha venido dando en el país porque las remuneraciones nominales por trabajador han aumentado menos que los aumentos generales de precios. Por lo que no debería sorprendernos que, a partir de este año, la puja por aumentos salariales también contribuya a acelerar la aún débil espiral inflacionaria por el lado de costos.

Usted dirá que la inflación en el Perú es tan baja, que no debería preocupar mayormente, a pesar de estarse acelerando, en parte por las propias expectativas de mayores alzas. Pero, si uno considera que los ingresos nominales prácticamente no han aumentado, su impacto puede ser sustancial, sobre todo por los elevados niveles de pobreza (oficialmente, más del 40%) y de pobreza extrema (extraoficialmente, en torno al 20%) que prevalecen y que, en el mejor de los casos, apenas permiten asegurar un nivel mínimo de subsistencia.

Lo interesante del asunto es que esos datos y el carácter innatamente discriminador de la inflación, nos permiten entender hasta cierto punto las recientes movilizaciones sociales en esas regiones, las que vienen explotando por motivos aparentemente irrelevantes y que interesadamente, para liberarse de responsabilidades, son atribuidas por el gobierno a elementos ‘sediciosos’[11]. En nuestra opinión, buena parte de la insatisfacción y la frustración ‘provincianas’ parecerían provenir de las alzas de precios, especialmente las de los alimentos; ciertamente agravadas por el deterioro de los salarios reales, las pésimas condiciones de trabajo (para quienes lo consiguen), las precarias políticas sociales y la extremamente desigual distribución del ingreso y los activos.


[1] Sobre este espinoso tema ya hemos llamado la atención hace tres meses (http://schuldtlange.blogspot.

com/2007/12/inflacin-2007-

acercndose-al-5.html), así como Humberto Campodónico en dos artículos: (www.larepublica.com.pe/

content/view/192716/559/) y

(www.larepublica.com.pe/content/view/194326/559/).

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[2] Fuente: http://ipsnoticias.net/inflacion.asp

[3] Comprensiblemente el presidente del ente emisor ha cuestionado los datos elaborados por el INEI para ‘provincias’, cuya metodología sería –por decir lo menos- deficiente... con lo que probablemente ha querido dar a entender que procedimientos más completos y sofisticados bajarían la tasa, pero que en la práctica bien podría sorprendernos con niveles aún más elevados a los detectados por el INEI. Según Nota Informativa No. 013-2008-BCRP (febrero 5, 2008): "Ante las preguntas de los parlamentarios sobre el uso de la inflación nacional en lugar de la de Lima, detalló (Julio Velarde) que ello se debe a que el indicador de la capital tiene una metodología más sólida respecto al índice calculado para las provincias. Se mostró de acuerdo en apoyar al INEI en la elaboración de la encuesta a los hogares, cuyos resultados pueden servir para mejorar el cálculo de la inflación nacional, indicador que actualmente es defectuoso". A pesar del cuestionamiento que se hace de esas cifras, el propio BCR las publica en su “Reporte de Inflación – enero 2008” (www.bcrp.gob.pe/bcr/dmdocuments/PolMon/Archivos/RI_2008_01.pdf); p. 30. En honor a la verdad, debe señalarse, sin embargo, que en ciertos años para los que tenemos datos (2002 a 2007), la inflación de Lima ha sido superior a la ‘nacional’, como en 2002 (1,5% contra 1,1%), 2003 (2,5% vs. 2,4%) y 2005 (1,5% frente a 1,4%). En cambio, la nacional rebasó a la limeña en 2004 (3,7%/3,5%), 2006 (1,2%/1,1%) y 2007 (4,9%/3,9%). Acumulando todo el sexenio tenemos que la nacional fue del 15,6% y la limeña del 14,8%; pero, ya que la nacional incluye a la limeña, la de las capitales de Departamento seguramente ha sido superior a esta última en 2 o tres puntos porcentuales. Estas cifras aparecen en el mencionado ‘Reporte de Inflación – Enero 2008’ del BCR.

[4] Lo que también se aplica a los agentes generalmente ‘mejor informados’ y tal como se desprende de las encuestas que se realizan –desgraciadamente solo en Lima- entre ‘analistas económicos’, representantes de instituciones financieras y los de instituciones no financieras, quienes estiman que –promediando sus percepciones del mes pasado- la inflación de 2008 será de 3,2% (en enero del año pasado ‘pronosticaban’ una inflación limeña del 3%). Ver: BCR, “Reporte de Inflación – enero 2008”; Gráfico 15, p. 23.

[5] Según Eduardo Morón, entre otros factores, este proceso inflacionario en las ciudades del ‘interior’ estaría reflejando “la ausencia de supermercados, los mismos que actuarían como una suerte de normalizadores de precios al contar con recursos logísticos que los hacen menos vulnerables a las escaseces y al ofertar a todos los segmentos de la población en iguales condiciones, lo que evita la volatilidad de los precios y su dispersión”. Ver el reportaje de Luis Davelouis Lengua, “La inflación para los más pobres habría llegado a 8,2%”, en El Comecio, febrero 23, 2008 (www.elcomercioperu.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-02-23/la-inflacion-mas-pobres-habria-llegado-82.html).

[6] Este parecería ser el Departamento que más ha crecido económicamente el año pasado, ya que se trata del que más ha incrementado su pago de impuestos a la SUNAT (¡en 115,7%!), frente al 12,3% de Lima.

[7] El año pasado el salario mínimo vital solo se incrementó en octubre, pasando de 500 a 530 soles (6%), suma que ‘oficialmente’ perciben 700.000 trabajadores. Desde el primer día de este año el SMV ha aumentado a 550 soles mensuales.

[8] Fuente: Eduardo Morón y Edgar Salgado, “Estimación de la Inflación según percentiles del gasto”. Lima: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, febrero 2008 (http://docs.google.com/View?

docid=dgcq4j9g_1csbp7khh).

[9] No hemos incluido las series que elaboraron –siguiendo el mismo procedimiento- para 2005 y 2006, ya que en esos casos las diferencias no son muy notorias entre los deciles extremos (1 y 10). Pero sí vale la pena señalar que, tanto la inflación en Lima fue superior en los estratos altos en 0,2 de punto porcentual respecto al decil más bajo en 2005 y lo contrario en 2006 (por 0,3), como en el ‘resto nacional’ en 0,45 de p.p. a favor del decil 1 en 2005 y, al revés, en 0,29 de p.p. para el decil 10 en 2006.

[10] Algo parecido sucedió en 2006 y lo contrario en 2005 (en que los estratos de altos ingresos soportaron aumentos mayores en el nivel general de precios), datos que no se presentan aquí y que se pueden consultar en el estudio mencionado. De paso, es pertinente señalar que las ENAHO no recogen adecuadamente los ingresos y gastos del grupo de ingreso más alto, que generalmente se niega a responder las encuestas o lo hace minimizando o devaluándolos. Otra deficiencia, ya más de fondo, del cálculo del IPC ha sido señalada por Kurt Burneo: El índice se construye hoy tomando como referencia los precios del 2001 y utilizando la fórmula de Laspeyres, que expresa un promedio ponderado de variaciones de precios usando ponderaciones fijas. ¿Por qué no evaluar la posibilidad de uso de la fórmula de Paasche para el cálculo del IPC, la cual utiliza ponderaciones variables actualizadas según el período de estimación del índice dado que hoy es muy común el reemplazo de productos y servicios como reacción ante cambios en precios en los niveles socioeconómicos bajos? El procedimiento es más costoso que el actual, pero este mayor gasto y esfuerzo permitirían contar con un indicador de variación de precios más realista, con periodicidad mensual y estratificado. Seguir como se está es seguir en el salón de los espejos” (“Inflación: ¿Igual para Todos?”, en El Comercio, febrero 23, 2008).

[11] Para lo que lo invito a leer un texto ‘políticamente correcto’ (sí, señores, sobre todo si lo ha escrito el editorialista estrella de nuestro principal diario), de acuerdo al cual “las explicaciones sociológicas y estructuralistas de la violencia social no tienen sentido cuando hoy el extremismo no oculta sus planes”. De acuerdo a esa simplista lógica bastaría, “además de fortalecer a la policía y a los órganos de inteligencia, (que) el Ejecutivo debería advertir a Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua, que no se permitirá una injerencia en nuestros asuntos internos; dejando en claro que si aquí se producen incidentes terroristas, la comunidad internacional ya está notificada (sic) de quienes son los principales sospechosos de vinculación”. Si no me cree, vea el editorial por su propia cuenta, riesgo y susto: Hugo Guerra, “Dejémonos de eufemismos”, El Comercio, febrero 23, 2008 (www.elcomercio.com.pe/

edicionimpresa/Html/2008-02-23/

dejemonos-eufemismos.html). Pero no se sorprenda usted si personajes públicos repiten la misma cantaleta, que comparte un sector importante de la población. Veamos lo que nos dice la célebre lingüista fujimorista Martha Hildebrandt a ese respecto: "El Gobierno tiene que ser más fuerte, poner mano dura y autorizar a la Policía a que reprima más drásticamente" (Perú.21, febrero 26; p. 3); o lo que opina el flamante Ministro de la Producción (que sabe tanto de ésta como yo del Opus Dei), según lo reseña Gestión (febrero 26, p. 22): "Para Rafael Rey las armas de los policías no deben quedarse en los estuches, por lo que instó a los efectivos a usarlas cuando consideren que tienen que restablecer el orden público. '¿Para qué tienen armas, ¿para tenerlas colgadas en su casa?, o para usarlas cuando hace falta', se preguntó el titular de Producción. En ese sentido, rechazó las opiniones de quienes advierten un supuesto abuso de la autoridad". De manera que ya están advertidos los revoltosos. Una opinión contraria, si bien políticamente muy incorrecta es la de Raúl Wiener, "Los que protestan no son pobres”, febrero 27, 2008; en: www.rwiener.blogspot.com/

Ahora, hablando algo más en serio: ¿no están dados así algunos condimentos para ese caldo de cultivo tan apreciado por gobernantes fascistas o candidatos a serlo?


ADDENDA sobre la última nota:

Su visión proto-fascista la ha vuelto a repetir el señor Hugo Guerra (“El esquizofrénico desatendido”, en El Comercio, marzo 1, 2008; p. a4; www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-01/el-esquizofrenico-desatendido.html), insistiendo en los mismos tres temas del artículo anterior, a saber:

a. Ya hay que dejarse de hacer análisis y diagnósticos de tipo ‘sociológico’ o ‘estructuralista’, los que no llevan a nada: “Históricamente gran parte de la polémica nacional se ha estancado en hacer los diagnósticos de fondo, lo cual es importante académica e ideológicamente; pero las explicaciones estructurales no pueden ser paralizantes cuando los retos presentes exigen avanzar en el desarrollo económico, social y de pacificación dentro del orden de un Estado de derecho que, aun cuando imperfecto, es viable”.

b. Hay que resolver el problema desarrollando y fortaleciendo el sistema de inteligencia y, en el extremo, ‘meter bala’: “El ejemplo más sencillo es el del esquizofrénico en crisis, a quien no se le medica hasta conocer todo el pasado genético de su familia... Políticamente pasa lo mismo: solo los interesados no reconocen el plan sedicioso de la extrema izquierda, a la cual cómplicemente se suman los seudonacionalistas y el financiamiento chavista”.

c. Y, como quiere acabar con la regionalización, vuelve a repetir: “frenar el desvarío de que siga acumulándose dinero que la incompetencia de las regiones no utiliza (más de 5.000 millones de soles depositados bancariamente) para aplicarlos en las urgencias de seguridad nacional tanto interna como externa”.

Lo interesante es que en la misma edición de El Comercio aparecen dos textos que le dan la contra radicalmente. Uno, que se publica en la misma página editorial, firmado por Ernesto Velit Granda, “¿Es escuchada la opinión pública?”, en El Comercio, marzo 1, 2008; p. a4 (www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-01/es-escuchada-opinion-publica.html). Basta citar cuatro frases de su artículo:

“Los recientes episodios de agitación social en el país, alentados principalmente por algunos desaciertos en la conducción política, nos muestran cuán frágil y precariamente se desarrolla la democracia en el Perú”.

“Las urgencias sociales no son enfrentadas y los modelos empobrecedores continúan vigentes generando cada vez más incertidumbre y enturbiando las pocas esperanzas y expectativas que aún retienen muchos peruanos”.

“Ese cosmopolitismo aberrante, que tantos males arrastra, ese autoritarismo y esa soberbia que envilecen, esa corrupción que se exhibe desvergonzada por que confía en la impunidad, esa incoherencia en el ejercicio del poder, todo junto nos recuerda que la violencia contestataria tiene para rato si el diálogo sigue ausente y si seguimos negando la necesidad de una nueva organización de la sociedad”.“La pregunta que nos hacemos es cuánto ajuste puede aguantar una democracia y cuánta pobreza puede soportar la libertad. No hay civilización sin opinión pública, nunca como ahora hizo tanta falta escucharla”.

A lo que se puede añadir otro comentario pertinente a este respecto: “Dicho sea de paso, Riva Agüero fustigó a ’la turba abogadil, cómplice de la ignorante clase dirigente, que fue incapaz de construir una nación’. Nuestros gobernantes de hoy, que se inflaman la garganta con la frase ‘justicia social’, son incapaces de tocar esa fibra. Prefieren las balas y el insulto”. César Lévano, “Cusco, cumbre alternativa”, en La Primera, marzo 1, 2008 (http://diariolaprimeraperu.com/online/indSeccion.php?IdSeccion=11).

El otro artículo que aparece escondido en la página b2 del mismo día, firmado por Guillermo Arbe (“Los cusqueños y la Ley 29164”, en El Comercio, marzo 1, 2008; www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-01/los-cusquenos-y-ley-29164.html),quien –a diferencia del editorialista estrella- ha ido a visitar a los forajidos y revoltosos en el mero Cusco, dejándolo en flagrante off-side con las siguientes constataciones (en este caso respecto a la Ley 19164):

  1. “(...) TODOS los cusqueños con quienes hablé estaban, sin excepción, en contra de la ley”;
  2. “(...) la mayoría estaba en contra del giro violento que habían tomado las protestas”;
  3. “(...) no es cierto que los cusqueños estén siguiendo en forma inocente y engañada a los dirigentes. Es al revés. (...). No encontré a ninguno que los apoyara. Más bien son los dirigentes los que se han subido al carro de la oposición a la ley, un carro que no es de ellos”;
  4. “Los cusqueños están convencidos de que la ley no los beneficiaría. Y a los hechos se remiten. Su argumento es que cada vez que se da en concesión algo al sector privado, pasan dos cosas: el acceso al lugar o al servicio se restringe y su precio se encarece” (n.s.). Porque, en efecto, “Desde Lima, a veces parece que nos olvidamos de que el Cusco no es solo para los turistas, es también el hogar de los cusqueños”.
  5. “El tema de fondo es este. Los lugares históricos, por su propia naturaleza, son únicos. Darlos en concesión genera monopolios, lo cual abre la puerta a abusos en tarifas y acceso (abuso de posición de dominio). Esta ha sido la experiencia histórica del Cusco. Si existiera un Estado fuerte y consciente de la necesidad de controlar los monopolios, tal vez los cusqueños verían el sentido de la ley. Sin embargo, intentos pasados por romper los monopolios, abriendo el ferrocarril a la competencia, por ejemplo, han fracasado por razones que nadie entiende”; y
  6. “Los cusqueños sienten que abrir la puerta a las concesiones monopólicas implica perder el acceso ellos mismos. Además, sostienen que ha significado siempre un incremento tal en las tarifas que podría poner en riesgo a la propia actividad turística. Es decir, la ley no promueve el turismo, sino que lo hace peligrar. En este sentido, las protestas de los cusqueños son a favor del turismo, no en contra".

Disculpen en la insistencia en un tema aparentemente ridículo, pero nos da la impresión que se va imponiendo cada vez más una tendencia fascistoide en ciertos diarios, los que son un buen receptáculo del sentir de un sector de la población que -al sentirse cada vez más amenazado por los 'levantiscos'- tiende a refugiarse en este tipo de valores y a buscar actores cada vez más autoritarios, dentro y fuera del gobierno, para resolver sus problemas.

Fuente: La Insignia (www.lainsignia.org/2008/febrero/ibe_016.htm).



NOTA: Véase un texto muy recomendable, que sintetiza y complementa el aquí publicado: Humberto Campodónico, “Inflación de Pobres no es Inflación de Ricos”, en La República, marzo 3, 2008 (www.larepublica.com.pe/content/

view/207314/559/).

jueves, febrero 21, 2008

Para entender la explosión de los ‘subprimes’

¿Le interesa conocer –en términos muy sencillos y humorísticos- cómo se procesó la crisis de los ‘subprimes’? Encontrará una especie de ‘cartilla’ para entender -en unos pocos minutos si entiende el inglés- cómo se las ingeniaron para gestar tremendo desbarajuste en la siguiente dirección:

http://michaelperelman.wordpress.com/2008/02/15/a-subprime-primer/

Luego presione su dedo índice virtual sobre: presentation1.pps, donde encontrará un ilustrativo Power Point sobre el asunto y cómo se incubó el fiasco.

Estamos convencidos que alguno de nuestros estudiantes traducirá este texto al castellano en los próximos días. Gracias anticipadas.



miércoles, febrero 20, 2008

¿Qué tan bien le va a Alan?


El Gráfico que me ha cedido amablemente Manuel, muestra que la aprobación del Dr. García aún está por encima de los votos que obtuvo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2006. De manera que aún puede darse el lujo de caer unos siete puntos porcentuales antes que se desate el descontento generalizado, ya que para entonces ni siquiera sus más fieles seguidores lo apoyarían.

Se comprueba así, una vez más, que las cifras excepcionales de crecimiento económico no necesariamente abonan en favor del júbilo generalizado de los ciudadanos por un Presidente. Tanto ahora, como durante el periodo de Toledo, los beneficios de la prosperidad se han distribuido muy desigualmente, que es una de las muchas hipótesis que permitirían entender esta paradoja. A ello habrá que sumar el descontento derivado del tremendo incremento del precio de los alimentos, tal como lo refleja la caricatura reproducida a continuación (aunque sería un error atribuirle el problema a los minoristas: ver, sin embargo, abajo la 'Nota sobre la Caricatura').

En contraste, los 'electores externos' (FMI, BID, Banco Mundial, banca de inversión, inversionistas extranjeros y similares) parecen mostrar un desbordante regocijo por la gestión presidencial.


Fuente: Alfredo, en La República, febrero 21, 2008; p. 18.


Addenda: “En la encuesta nacional urbana de Ipsos Apoyo para El Comercio se aprecia que la aprobación presidencial es estacionaria con leve tendencia a la baja. Sin embargo, entre enero y febrero, la desaprobación pasó de 59% a 64%, siendo estable en el sector A/B (48%), pero empeorada 10 puntos en el C (de 55% a 65%) y 4 puntos en el D/E (de 65% a 69%)”. Fuente: Luis Solari de la Fuente, “Las Lianas de Tarzán”, en El Comercio, febrero 21 (www.elcomercio.com.pe/

edicionimpresa/Html/2008-02-

21/las-lianas-tarzan.html).

***

NOTA SOBRE LA CARICATURA (marzo 4, 2008):

De acuerdo a información de la Dirección General de Información Agraria del Ministerio de Agricultura, publicada en el diario Gestión de hoy (p. 2), los "minoristas tienen elevados márgenes". De acuerdo a sus encuestas (realizadas ayer en La Parada y en el mercado mayorista de frutas), las diferencias porcentuales entre el precio al que los comerciantes minoristas le venden a los consumidores y al que ellos le compran a los mayoristas serían los siguientes para ciertos productos (en orden decreciente del 'margen'): ajo (376%), mango (228%), zanahoria (227%), zapallo (227%), mandarina (177), haba (173), limón (154), olluco (102), papaya (95), uva (88), cebolla (87), naranja (83), piña (57), vainita (54), arroz corriente (49), etc. Se considera que un margen 'aceptable', 'justo' o 'correcto' estaría entre el 7 y el 20% (dependiendo del producto), según informa El Comercio (www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-04/

la-mayor-demanda-interna-estaria-impulsando-inflacion.html).

El Ministro de Agricultura ha señalado que esos altos márgenes se deberían al hecho que el 75% de las ventas minoristas se realizan en mercadillos, tienditas y carretillas, y tan solo un 25% en los supermercados. Con lo que parece sugerir que, en nombre de la eficiencia y la competencia, habría que acelerar la desaparición de aquellos minoristas especuladores. De eso ya se están ocupando las grandes tiendas en Lima (Metro, Wong, Vivanda, Sta. Isabel, etc., cuyos márgenes tampoco son despreciables... aunque es cierto que su ganancias se basan más en volúmenes) y, crecientemente, en provincias.

martes, febrero 12, 2008

Un Impuesto Espanta-Especuladores

Casi cuarenta años atrás, James Tobin (1918-2002) hizo pública su célebre sugerencia de cobrar un impuesto del 1% sobre todas las transacciones de divisas que se realizaran en el mundo, con el objeto de reducir las fluctuaciones cambiarias [1]. Recuérdese que, poco antes, en agosto de 1971, Richard Nixon había suspendido la paridad oro-US$ (de 35 dólares por onza), con lo que se recusó el régimen de tipos de cambio fijos que caracterizó el sistema de Bretton Woods inaugurado oficialmente en 1944. Y posteriormente, ya en 1973, el mundo ingresó de lleno al régimen de tipos de cambio flexibles.

Es interesante recordar lo que decía a ese respecto el profesor de Yale en 1978: “Creo que el problema básico hoy no es el régimen cambiario, sea de tipo de cambio fijo o flotante. El debate sobre el régimen evade y oscurece el problema esencial. Esto es, la movilidad internacional excesiva del capital privado. (...). Las economías nacionales y los gobiernos nacionales no están en condiciones de ajustarse a los flujos masivos de fondos en los mercados cambiarios, sin sufrimiento (de la economía) real y sin un sacrificio significativo de la política económica nacional respecto al empleo, la producción y la inflación. Específicamente, la movilidad del capital financiero limita las diferencias viables entre las tasas de interés nacionales y, por tanto, restringe severamente la habilidad de los bancos centrales y de los gobiernos para adoptar políticas monetarias y fiscales apropiadas para sus economías domésticas”.

En ese contexto, la mejor vía para enfrentar los problemas, nuevamente según el Premio Nóbel de 1981, habría consistido en ir "hacia una moneda común, una política monetaria y fiscal común y a la integración económica" plena, que él denominó "el ideal de un mundo", en el que "los movimientos de los fondos para explotar el arbitraje de las tasas de interés o para especular en base a las fluctuaciones de los tipos de cambio no pueden ser el origen de los desarreglos y de los ajustes regionales dolorosos". Entonces afirmaba que, probablemente por las resistencias políticas que acarrearía, "es muy difícil imaginarse un escenario de evolución gradual hacia un régimen tan radicalmente distinto, aun cuando bien podría ser el óptimo global". Consecuentemente, Tobin se inclinó por otra alternativa, que consideraba como un second best, que es lo que hoy denominamos Impuesto Tobin.

Él mismo reconocería posteriormente, en un magistral artículo de 1978, que entonces su propuesta inicial "cayó como una piedra en un pozo profundo" [2]. Pero insistió en ella, señalando que la esencia de su idea consistía “en lanzarle algo de arena a las ruedas de nuestros mercados monetarios internacionales excesivamente eficientes" [3]. Con ello se intimidaría a muchos especuladores, suavizando así la volatilidad cambiaria, con lo que también se le “daría la oportunidad de tener un mayor espacio de maniobra a los Bancos Centrales de los pequeños países, a fin de afrontar en algo el dictado de los mercados financieros" [4].

Sorprendentemente, hace un mes el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) aprobó varias medidas para disuadir a los especuladores, una de las cuales corresponde exactamente a esa propuesta si bien el ‘impuesto’ –que aquí se esconde bajo el término ‘comisión’- se ha fijado en 0,05% [5]. Sin duda una tasa tímida, pero que bien puede aumentarse en cualquier instante. Además sólo se aplica a ciertos segmentos de los flujos financieros internacionales.

Esa propuesta tobiniana criolla se desprende directamente de una frase lacónica que aparece en la Nota Informativa N°013-2008-BCRP que publicó muy silenciosamente el ente emisor y en la que informaba (el 5 de febrero pasado) sobre las medidas adoptadas para reducir la intrusión de capitales especulativos, que ingresaron al increíble ritmo de US$ 500 millones diarios (sic) durante la primera quincena del presente año.

Por lo que, como se señala en esa Nota, “en medio de este ataque especulativo, comentó (el Presidente del BCRP) que el Banco Central reemplazó este tipo de instrumentos (J.S.: se refiere a los Certificados de Depósitos) por los depósitos a plazo, los que no pueden ser vendidos a los inversionistas extranjeros especulativos al igual que los Certificados de Depósito de Negociación Restringida, puestos en vigencia a partir de esta semana. Además, el aumento del encaje en moneda nacional y extranjera sirvió para reducir la liquidez en el mercado, medida que tiene la ventaja de no atraer capitales golondrinos y equivale a un incremento de la tasa de interés de 50 puntos básicos, lo que sustituye la necesidad de elevar la tasa de referencia del BCRP. Además, se ha introducido una comisión a la transferencia de propiedad de los Certificados del BCRP" [6].

Se trata, sin duda, de un pequeño experimento inédito –casi de laboratorio- para calibrar sus consecuencias en una economía ‘emergente’ como la nuestra. Los mantendremos informados de las consecuencias de estas medidas heterodoxas que -paradójicamente- viene adoptando el muy ortodoxo Directorio del BCRP.


[1] “Janeway Lectures” en la Universidad de Princeton (1972); publicado luego en The New Economics One Decade Older, 1974; pp. 88-92.

[2] Fue duramente criticado por Rudiger Dornbusch y Robert Mundell, entre muchos otros, así como más recientemente por Javier Xala-i-Martin: “Tasa Tobin, pero sin Tobin”, en La Vanguardia, setiembre 11, 2001 (ver: www.columbia.edu/~xs23/catala/articles/2001/tobin/tobin.htm).

[3] “A Proposal for International Monetary Reform”, en: Eastern Economic Journal, vol. 4, Julio-octubre 1978; reimpreso en Cowles Foundation Paper No. 495 (htttp://cowls.econ.yale.edu/P/cp/p.04b/p0495.pdf), de donde provienen las citas del presente artículo.

[4] Entrevista concedida por Tobin al semanario alemán Der Spiegel, no. 36, 2001 ("Die missbrauchen meinen Namen"). Una versión castellana: “El movimiento antiglobalización abusa de mi nombre”, en: El País, septiembre 3, 2001 (www.actualidadeconomica-peru.com/anteriores/ae_2004/agosto/art_ago_07.pdf).

[5] Hasta ahora, que yo sepa, solo el parlamento belga aprobó este impuesto en 2004, pero obviamente “no tendrá efecto a menos que los otros 11 países de la Eurozona la adopten también, lo que no resulta nada probable”, desbordando un optimismo (Fuente: “Bélgica se convierte en el primer país UE que adopta 'tasa Tobin'”, EFE, julio 2, 2004). El mismo Tobin no creía en su aplicación, como se desprende de la entrevista de “Der Spiegel”: “P. ¿Cree usted que, para evitar el ingreso masivo de capitales golondrinos, su tasa Tobin va a ser realidad algún día? R. No hay ninguna oportunidad, me temo. La gente que decide en el mundo financiero internacional está en contra”.

[6] Ver: http://200.121.66.36/bcr/dmdocuments/Publicaciones/notas_prensa/2008/NP_2008013.pdf