domingo, septiembre 21, 2008

Esta vez el Viagra será inútil

Desde el año 2006 la economía norteamericana sufre una notoria disfunción eréctil, en el sentido que su aparato productivo no logra “levantarse, enderezarse o ponerse rígido”, según definición de la Real Academia. En efecto, desde entonces, su economía ha venido encorvándose y aplacándose paulatinamente, opinión que recién comparten los expertos en la materia y que hasta hace poco ridiculizaban a quienes venían pronosticando hace un buen tiempo la debacle actual. Sin embargo, de acuerdo a esos especialistas el problema sería estrictamente financiero, más que uno que está enraizado en los fundamentos macroeconómicos, institucionales y tecnológicos del coloso.

Para resolver el problema, inicialmente la Reserva Federal (FED) creía poder afrontarlo como lo hizo para acabar con la recesión del 2001, derivada del estallido de la burbuja tecnológica del ‘dot.com’. Aplicaron políticas monetarias y fiscales expansivas muy agresivas, con lo que reanimaron los “espíritus animales” del empresariado. Se creció sostenidamente sobre la base del consumo y la inversión ligados al muy rentable sector de la construcción y, sobre todo, de su abigarrado y fraudulento entorno financiero. Como era inevitable, dadas la sobreinversión y el sobreendeudamiento que se desplegaron, la ‘burbuja hipotecaria’ comenzó a desinflarse hace un año y terminó estallándoles en la cara hace unas semanas.

En su desesperación, desde entonces el Banco Central (FED) venía adoptando sus tradicionales engañifas monetarias, las que no surtieron efecto y que acaban de culminar con pantagruélicos paquetes de nacionalizaciones y multimillonarios salvatajes financieros. El problema es que esta vez el macro-viagra recetado no habrá de funcionar, ya que las inversiones aparentemente no tienen adonde ir, en ausencia de potenciales rentabilidades que pudieran ofrecer otros ámbitos económicos. De manera que, como bien se ha dicho, “el maletín de trucos macroeconómicos se ha quedado vacío”.

Con lo que parece haberle llegado la hora de la verdad a EEUU. El carnaval que han festejado sus empresas, el gobierno y los consumidores durante el último quinquenio ha terminado y no hay brebaje que les permita seguir creciendo. Como en la más común de las deficiencias eréctiles, la falta de testosterona de los empresarios y la calcificación de las arterias de la estructura económica es lo que está a la base de la crisis norteamericana. Debido a la sobreinversión, atada a una reducción del ahorro doméstico (familiar y gubernamental), todo el proceso de crecimiento fue financiado engañosamente con borbotones de ahorro externo.

Lo que significa que, hasta que no madure una nueva revolución tecnológica que les permita volver a alzar vuelo sobre la base de mayores tasas de ganancia, por fin tendrían que afrontar el transfondo estructural de la debilidad norteamericana, que radica en sus gigantescos e irresponsables déficit fiscal y externo. Lo que por supuesto no querrán asumir, tanto por las elecciones generales ad portas, como por las agresivas actitudes que vienen adoptando sus grupos de presión frente al resto del mundo y que confirman su senectud: creciente tendencia al proteccionismo; ingenua construcción de kilométricos muros fronterizos; promoción de costosísimas guerras; incapacidad para convencer a China para que revalúe el yuan; debilidad para revertir la dependencia energética. En fin, ya que pretenden seguir viviendo más allá de sus posibilidades, el infarto o ‘hard landing’ que se les avecina, sería aún más devastador para el resto del mundo.