viernes, noviembre 30, 2007

Las Urnas Latinoamericanas

En el subcontinente nuestros gobiernos son evaluados permanentemente por dos tipos de electores, los domésticos y, aunque usted no lo crea, también por ciudadanos foráneos. La opinión de los primeros es auscultada mensualmente por las empresas encuestadoras y son publicadas, entre otros, por Latinobarómetro. Los electores externos -más conocidos como ‘los mercados’- depositan sus votos diariamente en el EMBI+ [1], que es elaborado por J.P. Morgan y que mide indirectamente sus preferencias, ya que es un indicador que representa la brecha existente entre el rendimiento promedio ponderado de los instrumentos de deuda externa (bonos en dólares) que emite un país respecto a la tasa de interés de los bonos del Tesoro Norteamericano [2]. En la medida en que estos últimos son altamente seguros y confiables, el EMBI+ no es otra cosa que una medida del ‘riesgo país’ (en puntos básicos): cuanto mayor sea ese índice, menos le simpatiza el gobierno de turno a los votantes foráneos, así como al revés. Los ciudadanos externos, obviamente, están representados principalmente por los delegados de la inversión extranjera directa, la banca de inversión y demás agentes financieros trasnacionales, los que tienen el privilegio de votar en todos los países, por lo que propiamente son electores globales. Naturalmente la tendencia de los votos de estos electores son similares a la de los grandes grupos de poder domésticos y a los segmentos de altos ingresos (A y B) de la población nacional.

1. El esquema teórico del cuadrante

El ejercicio que esbozaremos a continuación consiste en esbozar un marco analítico para ordenar los principales países latinoamericanos en términos, tanto de los votos que reciben de los electores externos e internos (lado de la ‘demanda’), como en base a las especificidades de las políticas económicas y la gestión políticosocial de los gobiernos de turno (lado de la ‘oferta’). En cada caso, comenzando con la perspectiva de la demanda, estableceremos líneas específicas de demarcación (ciertamente discutibles): diremos que la de los votantes internos se ubica en el 50%, mientras que la de los externos está a 250 puntos del EMBI+ y que es el promedio para toda América Latina en estos momentos. Esto nos permite diseñar una cuadrícula (ver Gráfico I), que promete representar una fotografía más o menos fidedigna de cuatro variedades de gobiernos. En tal sentido, en la abscisa (eje X) figurará el porcentaje de aprobación que tienen los gobiernos según las encuestas domésticas de opinión, mientras que en la ordenada (eje Y) figura el ‘riesgo país’ derivado del EMBI+: cuanto más alto sea, menor será también la aprobación que los electores externos le vienen prodigando a los gobiernos en cuestión.



En la urna del sudeste (IV.) se ubican los gobiernos tropicalmente socialdemócratas del subcontinente, con una alta aprobación, tanto interior (superior al 50%), como foránea (inferior a los 250 puntos del EMBI). Se podría afirmar que se trata del mejor de los mundos posibles. Sus gobiernos, originalmente de centroizquierda, ocupan hoy el ‘centro’ del espectro político. Se caracterizan por adoptar complejas políticas socioeconómicas que buscan conciliar el equilibrio macroeconómico (políticas económicas ‘pragmáticas’) con el equilibrio sociopolítico (políticas sociales morigeradoras del conflicto social) [3]. Sus medidas generalmente se relacionan con el denominado Post-Consenso de Washington [4] y se les conoce generalmente como gobiernos concertadores, ‘modernizadores’ y hasta ‘progresistas’, siempre dentro del statu quo por supuesto.

En el tercer cuadrante (III.) tendríamos a los gobiernos que aplican políticas de ajuste y estabilización ortodoxas y/o aquellas derivadas de los diez mandamientos del Consenso de Washington, por lo que gozan de una elevada aprobación externa, pero una baja aceptación doméstica, aunque sin duda el manejo propiamente político puede influir en estas variables, para bien o para mal. Son bien conocidos estos ‘experimentos ' [5] y se acostumbra etiquetarlos como ‘neoliberales’ (y que son castizamente de derecha), los que generalmente buscan alcanzar el ‘grado de inversión’ a toda costa. Aunque puedan estar creciendo a tasas elevadas, generalmente sus frutos no ‘chorrean’ –en la medida de lo posible y de lo esperado- en beneficio de la mayoría de la población, predominando elevados niveles de exclusión social, a la que se añade una distribución muy desigual del ingreso (coeficiente Gini superior a 0,4) y de la riqueza.

En el cuadrante del noreste (I.) se encuentran los gobiernos que tienen elevadas aprobaciones internas y bajas preferencias de los electores externos. Se trataría de gobiernos ‘populistas’, en el sentido simplista del término [6], pero que abarca también a aquellos que tratan de escapar del sistema (v.gr. Allende en Chile), a los populismos en el sentido sociológico del término (v.gr. Perón en Argentina, Cárdenas en México, Vargas en Brasil, etc.), a los que básicamente buscan ganar votos, esencialmente urbanos. Se caracterizan por aplicar políticas fiscales y monetarias exageradamente expansivas, por su extrema manipulación de los precios básicos de la economía (tipo de cambio, tasas de interés, alquileres, salarios, tarifas públicas, etc.), por la nacionalización de los recursos naturales, por la aplicación de reformas agrarias, etc. Por lo que, durante un buen tiempo, tienen harto atractivo popular, pero que –como generalmente recusan al capital extranjero y son amenazados por éste- tienen un elevado EMBI+, el que en todos los casos terminó haciendo fracasar los experimentos progresistas de este tipo, que pretendieron llevar sus naciones a un capitalismo incluyente o a un socialismo democrático. La debacle se desata finalmente por un grave desequilibrio de la balanza de pagos.

El cuadrante II. (del noroeste) presenta los peores resultados posibles para cualquier gobierno, irrespetado igualmente por los ciudadanos internos y los globales, el que estaría representado por los países ingobernables, con estados fallidos y que han perdido completamente el control, tanto sobre la economía, como sobre la sociedad. Su desaprobación es alta, tanto entre la población, como entre los inversionistas foráneos y nacionales (la urna del voto secreto se convierte literalmente en urna mortuoria, porque generalmente le siguen gobiernos altamente autoritarios). Los capitales migran masivamente al extranjero; así como, de paso sea dicho, lo hace la fuerza laboral de los países que están en el cuadrante III, de donde salen forzada y estrepitosamente personas y familias enteras hacia el hemisferio norte.


2. Los resultados del cuadrante latinoamericano

Con esta explicación extremadamente simplificada, por no decir simplista y hasta maniquea, podemos intentar una evaluación de la pertinencia de ese esquema. Para ello baste recoger las cifras de los bancos de datos mencionados a fin de ver los lugares y posiciones relativas que ocupan los países en cada una de las cuatro urnas, como se puede observar en el Gráfico II. Para determinar los niveles de “aprobación del gobierno del presidente” de los ciudadanos de los principales países latinoamericanos, hemos recurrido a los resultados de ‘Latinobarómetro’ (Informe de Noviembre 2007; Tabla 26, p. 90), basados en las encuestas realizadas entre el 7 de septiembre y el 9 de octubre de este año. De otra parte, la evaluación de los electores globales se han tomado de los bancos de datos de Bloomberg, correspondientes aproximadamente a esas mismas fechas [7].




Gran parte de los resultados que se observan en el diagrama no llaman mayormente la atención. En primer lugar, como era de esperarse, los gobiernos concertadores, tanto con el capital foráneo, como con el de las demandas ciudadanas, se ubican en el cuadrante IV. En orden de éxito relativo, según nuestra muy particular opinión basada en los criterios de demarcación utilizados, podemos afirmar que se trata de los siguientes cinco países: México, Uruguay, Chile, Colombia y Brasil (nótese que México y Chile ya han alcanzado el ‘grado de inversión’). Segundo: Panamá y Perú se ubican claramente en el caduco esquema de la ortodoxia económica y, por tanto, con una desaprobación mayoritaria. En tercera instancia, Argentina, Venezuela, Bolivia [8] y Ecuador se encuentran en el ‘área de peligro’ que marca el cuadrante I. Finalmente, como es obvio, aún ningún país se encuentra en la zona caótica de la ingobernabilidad y del desequilibrio económico anárquico, correspondiente al todavía vacío cuadrante II [9].


3. Del análisis estático al dinámico

Obviamente una fotografía como la presentada no nos dice mucho, ni sobre el pasado reciente, ni sobre el futuro que podría esperarse respecto a los países encapsulados en cada urna. Por lo que es necesario presentar un nuevo diagrama para explicar –sobre la base de las experiencias históricas del subcontinente- la dinámica probable por la que discurren los países en términos sociopolíticos y económicos. Como veremos, los países tienden a migrar –en parte como reacción a los resultados de las elecciones internas y externas- de una a otra urna o ‘estilo de desarrollo’, dependiendo del punto de partida.

En primer lugar, los países que se mantuvieron por mucho tiempo en el sector III, después de aplicar políticas drásticas de ajuste y estabilización, con lo que perdieron aprobación popular, han tendido a mudarse, según los grados de equilibrio macroeconómico alcanzados y las condiciones sociopolíticas vigentes, en dos direcciones muy distintas:

-Una posibilidad es que tiendan a ubicarse en el segmento IV, pasando de A a B (como lo hicieran Chile con la Concertación, Brasil con Lula, Argentina con Kirchner, Uruguay con Tabaré). Una vez ubicados en ese espacio pueden transitar por las sendas que conducen a B1 (Chile), B2 (Brasil, Uruguay) o B3 (Argentina). Es posible que las vías B1 y B2 se estabilicen en ese segmento y también es probable que suceda así con B3, aunque el equilibrio en este caso es precario y fácilmente puede aterrizar en C del cuadrante I.

-La otra eventualidad es que, de llegar al poder un gobierno más popular-nacionalista o de izquierda, migre al segmento I, en sus diversas modalidades, con lo que transitaría de A a C. Es ese el caso de Venezuela con Chávez, de Bolivia con Evo, de Nicaragua con Ortega y de Ecuador con Correa, a pesar de sus notorias diferencias políticas y de enfoque económico. En este caso caben dos vías: la indeseable, que lleva por la ruta C1 y que finalmente culmina en D, por el inconsistente manejo interno o por acciones de zapa del capital extranjero; y la deseable, que sigue la vía C2, en que se cumplen las reformas anti-imperialistas y popular-nacionalistas, sin desequilibrar las cuentas fiscal y externa (en que Ecuador es el que parecería más encaminado por esta ruta, si bien es algo temprano para este tipo de pronóstico).

Una vez que se encuentran en el cuadrante I, los resultados dependerán de las más diversas variables. En la práctica, sin embargo, como lo muestra la senda que lleva de D a E y de ahí de regreso a A (en el cuadrante III), deberá retornar al redil acudiendo al FMI y someterse a los rigores que acompañan las consabidas políticas drásticas de estabilización de precios y de ajuste externo.

En cambio, los gobiernos que ocupan el cuarto cuadrante (IV) tenderán a quedarse en él, generando fuerzas endógenas que los refuerzan en esa esfera relativamente estable. A no ser que se desaten acontecimientos inesperados, generalmente externos más que domésticos, que los obliguen a moverse hacia la izquierda (al II) y, en algún caso, hacia arriba (al I). Curiosamente, por tanto, se observa que en estos tórridos paraísos se puede estar bien con dios y con el diablo (países que ocupan el cuadrante IV), aunque muchos prefieran todavía vender su alma (es decir, la de sus pueblos) a Mefistófeles (los que están en el cuadrante III). En tal sentido son los países que, o ya poseen el ‘grado de inversión’ (Chile y México) o están próximos a alcanzarlo (especialmente Colombia), aunque se ha proyectado que hacia el segundo semestre del próximo año lo alcanzarían también Panamá y Perú (ubicados en el cuadrante III), lo que pongo muy en duda.



4. Pronosticando el clima

Hasta aquí hemos presentado apenas un fotografía del mapa de aprobación electoral que afronta cada gobierno y que permitiría determinar el carácter sociopolítico de cada uno de los países considerados. En la medida en que se trata de una imagen instantánea, no es mucho lo que nos dice acerca del destino del gobierno y del país en términos de las preferencias de los electores y, sobre todo, de los cambios y variantes de política que pudieran adoptarse a futuro. Por lo que a continuación intentaremos introducir algunos elementos dinámicos –más bien de estática comparativa- que le permitan dar algo de vida al ‘modelo’ tan simplista presentado.

Por supuesto que, para comenzar, sería muy cándido querer colegir de este esquema, sobre la base de la ubicación de los países en cada urna, que éstos sean iguales a pesar de las características comunes muy generales que hemos dicho que comparten. Mucho menos aún, por el solo hecho que ocupan el mismo cuadrante, puede afirmarse que sus trayectorias de evolución a futuro serán similares, a pesar de las tendencias históricas ‘ideales’ relativamente similares ilustradas en base al Gráfico III [10].

Evidentemente, en cada caso, aparte de las simplistas dos variables utilizadas para establecer un ‘ordenamiento’ y la categorización de los países, puede muy bien ser una buena aproximación para hacerlo. Las limitaciones del esquema son evidentes, ya que no siempre toman en cuenta factores más ‘estructurales’, tales como el tiempo que el gobierno está en el poder, la composición económica y de las exportaciones del país en cuestión, las relaciones externas –políticas y económicas- que alimenta el país en cuestión, la ubicación geográfica del país, las tendencias demográficos, el clima, la gastronomía, las costumbres sexuales, entre otros. En tal sentido, como bien ha dicho Roger Bartra, “esa entidad llamada América Latina es muy borrosa" [11]. Y es que las diferencias fundamentales entre las formaciones sociales en cuestión, que no solo se limitan al desarrollo relativo de sus fuerzas productivas, sino fundamentalmente por las especificidades de las relaciones sociales que las sostienen y divergen tanto entre sí, es que sería simplista y fatal trazar sendas similares a futuro para cada uno según la cuadrado en que se encuentre, por más propaganda proveniente de nuestros sectores más enamorados del status quo que tienen la insidiosa costumbre de verter en un mismo costal a todos los que están en el cuadrante I, especialmente a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y hasta Argentina, que -se considera- inevitablemente aterrizarían en el cuadrante II.

A pesar de lo antedicho, sin embargo, confiando en el perdón de sociólogos y politólogos, nos aventuraremos a pronosticar las eventuales tendencias político-económicas futuras de cada país considerado, tomando en cuenta variables que no explicitaremos aquí, siguiendo procedimientos probados similares a los que siempre hemos utilizado los economistas para este tipo de adivinanzas y que acostumbran aplicar también astrólogos y síquicos (es decir, leyendo la baraja española después de estudiar los periódicos). Para ese efecto volveremos al Gráfico II, al que añadiremos –por medio de flechas- el itinerario futuro de cada país (ver Gráfico IV), sin mayor fundamentación y por respeto a Jesús Gómez, quien de por sí se molestará por la extensión de este texto.


Comencemos con los de más sencilla evaluación. Son los países que están ubicados en el cuadrante IV y que seguirán en esa zona por un buen tiempo, probablemente perdiendo aprobación doméstica, pero sin mayores sobresaltos; a excepción de la capacidad que cada uno tenga para afrontar los efectos de las amenazantes turbulencias que provienen del mercado mundial, especialmente de los EEUU. De otra parte, los dos países ubicados en el tercer cuadrante tenderán a recuperar votos domésticos, pero muy precariamente.

Lo que nos lleva a los casos más complejos, que hablan por sí solos si observa usted la dirección de las flechas. Bolivia ya sabemos como anda [12], Venezuela seguramente saldrá airoso del referéndum de pasado mañana (con algunos buenos raspones, que ojalá no lleven a mayores), Argentina promete dentro del sistema y Ecuador ilusiona y promete escapar del redil (especialmente porque, y disculpen por la deformación profesional, el presidente de la república y el de la asamblea constituyente son buenos políticos y mejores economistas, si bien de los del ‘otro canon' [13]). Por supuesto que ya no estamos en los tiempos en que se podía culpar de todos los males que nos aquejan al imperialismo, por más acciones de zapa que vienen realizando en contra de esos gobiernos y sus economías.

A este último respecto es importante recordar que el EMBI+ no solo mide el desempeño doméstico de los gobiernos, tal como lo perciben los electores globales, sino que también incorpora –y el efecto es sustancial- puntos adicionales cuando se desatan crisis económicas y/o financieras en otros continentes o países, por el efecto ‘contagio’ que ejercen. Por ejemplo, la crisis asiática (octubre 1997) aumentó el EMBI+ promedio de América Latina en 75 puntos base; el ‘default’ ruso (agosto 1998) lo elevó en 130 puntos; la crisis brasileña (enero 1999) en 15; y las de Argentina (octubre 2000 y julio 2001) en 10 y 25, respectivamente. De otra parte, los factores considerados positivos disminuyen el EMBI, como por ejemplo la aprobación del ATPDEA (octubre 2002), que solo favorecía a los países andinos y que llevó a una reducción del EMBI en 80 puntos. Más aún, considerando el fenómeno más reciente de la implosión de la burbuja hipotecaria norteamericana, el EMBI ha vuelto a bailar la lambada; tan es así que, solo entre junio y noviembre de este año, subió en 70% en Colombia (de 108 a 184 puntos), en 58% en Perú (de 104 a 164), en 53% en México (83 a 127), etc. Es otro de los gajes de la globalización.

Más aún y para terminar, las señales que da el EMBI+ a los inversionistas están políticamente muy bien direccionadas, asustando –muchas veces sin base alguna en ‘los fundamentos’- a los electores externos si el país no es política y/o económicamente amable con ellos. El caso más reciente es el de Venezuela, que hoy en día está en mejores condiciones que Chile para afrontar cualquier crisis externa, como lo ha demostrado lúcidamente Mark Turner [14].


[1] Acrónimo del inglés para: Emerging Market Bond Index.

[2] Una buena introducción a los detalles de este indicador lo puede encontrar en el texto elaborado por Diego Garaycochea, Guicela Melgarejo y Roddy Rivas-Llosa, “Riesgo País... ¿pero de qué país?”, en Punto de Equilibrio, Lima, Universidad del Pacífico, 2004 (www.puntodeequilibrio.com.pe/punto_equilibrio/01i.php?pantalla=noticia&id=

15220&bolnum_key=12&serv_key=2100).

[3] Lo que coincide con las tendencias hoy ‘políticamente correctas’, tal como han sido expuestas en el libro del economista jefe del Centro de Desarrollo de la OECD, el español Javier Santiso, América latina: la economía política de lo posible. Washington, D.C.: Banco Interamericano de Desarrollo, 2006. El trabajo pionero de esta estrategia de políticas económicas consistentes con la estabilidad sociopolítica fue presentado por John Sheahan: “Market-Oriented Economic Policies and Political Repression in Latin America”, en Research Memorandum Series No. 70, The Center for Development Economics, Williams College; agosto 1978.

[4] La mejor introducción a este paradigma la puede encontrar en el texto de Joseph Stiglitz, “More Instruments and Broader Goals: Moving Toward the Post-Washington Consensus”, Wider Lecture, Helsinki, 1998 (www.globalpolicy.org/socecon/bwi-wto/stig.htm).

[5] Alejandro Foxley, Experimentos Neoliberales en América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 1988.

[6] Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, eds., La Macroeconomía del Populismo en América Latina, México: Fondo de Cultura Económica.

[7] Si bien Latinobarómetro consigna datos de ‘aprobación presidencial’ para casi todos los países latinoamericanos, desafortunadamente no es posible decir lo mismo de las cifras de EMBI+, por la sencilla razón que muchos países no emiten bonos soberanos que pudieran valorarse. Creemos, sin embargo, que la muestra de 11 países con los que trabajaremos bastará para validar la utilidad de los índices propuestos. Solo el puntaje EMBI de Bolivia ha sido ‘estimado’ por nosotros.

[8] El dato del EMBI+ de este vecino lo hemos ‘estimado’ nosotros con muy poca seriedad. Y es que, ya que no han emitido bonos que pudieran ser valuados. Caso igual al de las economías centroamericanas – a excepción de Panamá.

[9] Disculpará el lector la profusión de datos que venimos utilizando en este texto. Debe recordarse que la principal herramienta que poseemos los economistas para impresionar a nuestros lectores son las estadísticas, que ciertamente –como se dice- son como las tangas porque esconden lo principal, por lo que –para consolarnos en tales condiciones- las acompañamos con admirables curvas.

[10] En todo caso, no hay que olvidar esa célebre frase del Dieciocho Brumario, que tan vigente ha sido y sigue siendo en América Latina: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

[11] “Hacia dónde va América Latina?”, en La Insignia, septiembre 2007 (www.lainsignia.org/2007/septiembre/econ_002.htm).

[12] Evo desafortunadamente se ha abierto demasiado apresuradamente demasiados frentes de conflicto político y propiamente económico, tanto internos, como externos, incluidos los que generó con sus vecinos.

[13] Si desea consultar los textos que inspiran esta tendencia, de inspiración schumpeteriana, ingrese a: www.othercanon.org/

[14] Véase su fascinante artículo que, como los demás que acostumbra redactar, se caracteriza por un clásico humor británico aderezado siempre con un típico rocoto arequipeño: “Chile-Venezuela: The Hidden Weakness of a Strong Economy”, en Latin America EconoMonitor, noviembre 26, 2007 (www.rgemonitor.com/latam-monitor/498/chile_-_venzuela_the_hidden-weakness_of_a strong_economy). Concluye el texto señalando nada menos que: “We therefore wonder how much the ‘A’ rating S&P has on Chilean sovereign bonds has to do with purely economic concerns and how much political stability seeps into the equation. We are sure the stability (or the lack thereof) will be front and center in both countries if the price of copper and oil take a sudden and drastic turn for the worse in the next few years”.

miércoles, noviembre 28, 2007

‘Exuberancia Irracional' en EEUU, 1880-2006

En una conferencia que versaba sobre la historia del sistema monetario norteamericano, el entonces presidente de la Reserva Federal introdujo el hoy celebérrimo término de ‘exuberancia irracional’. Curiosamente aparece en una frase marginal de su ponencia, en la que ¡alude al caso del Japón!. Sin embargo, a esas palabras de Alan Greenspan las Bolsas de casi todo el mundo respondieron a la baja al día siguiente (diciembre 6, 1996): -4% en Londres y Frankfurt, -3,2% en Tokio, -2,9% en Hong-Kong; -2,3% en Nueva York; etc. Lo que quiere decir que los ‘inversionistas’ interpretaron sus palabras, sea como el anuncio de que la política monetaria se ajustaría, sea que las bolsas de valores caerían o dejarían de ser tan rentables como lo habían sido hasta entonces. Sin embargo, después del susto inicial, el índice Standard & Poor (S&P), en términos reales, que se encontraba en 743 puntos, siguió subiendo exponencialmente durante los tres años siguientes, hasta duplicarse y llegar a su máximo de 1486 en agosto del 2000. Ese fue el momento que marcó el fin de la ‘burbuja del internet’ y nótese que el pavor que Greenspan le infundiera a ‘los mercados’ en aquella oportunidad, recién se materializó 45 meses después de su célebre slogan. De ahí en adelante, el índice S&P se desplomó paulatinamente en 43% hasta enero 2002, para volver a coger viada hasta que explotó la burbuja hipotecaria que estamos soportando ahora, cinco años después.


Si bien los economistas tenemos una fama similar a la de los astrólogos y síquicos cuando se trata de verificar nuestras capacidades predictivas, poseemos algunas herramientas que nos permiten acercarnos –en algunos casos- a las tendencias futuras de algunas variables. En el caso concreto de la Bolsa, probablemente el mejor indicador –no el único ciertamente, porque el olfato, el oído y la experiencia también juegan un papel- para determinar si existe ‘exuberancia irracional’, es la relación P/E (price/earnings), que los expertos generalmente utilizan para determinar si una acción está o no ‘barata’. Nosotros utilizaremos un índice parecido, elaborado por Robert J. Shiller, autor precisamente del célebre libro ‘Irrational Exuberance’ publicado en 2000, quien modifica la relación P/E y que llamaremos P/G (por Precio/Ganancia). Se calcula dividiendo el índice de precios de las acciones del S&P entre el índice de los rendimientos de las acciones (promedio móvil de una década), ambos deflactados (para corregir la inflación). Los ‘rendimientos’ incluyen la ganancia de capital y los dividendos. Adjuntamos la gráfica de ese Índice P/G el que usted puede observar, mes a mes, entre 1881 y 2006. Lo que ese indicador expresa es qué tan caro es el mercado (P) en relación a una medida objetiva de la capacidad que tienen las empresas para obtener ganancias (G).

En el extendido periodo que abarca la serie, se observan fluctuaciones muy erráticas, en que el promedio del índice P/G para todo ese lapso es de 18,4. Para no exagerar asumiremos que la ‘exuberancia irracional’ se da cuando ese índice sobrepasa los 20 puntos y que se marca por los puntos que están encima del área sombreada (verde claro) del gráfico adjunto. Obsérvese claramente los picos más pronunciados, referidos a 1901, 1929, 1966 y 2000, así como también el de 2006, momento a partir del cual se pincha la burbuja hipotecaria. La lección que de ahí se desprende es que es relativamente común que se den estos procesos de optimismo excesivo en las bolsas y que, tarde o temprano, revientan para luego recuperarse. Prácticamente cada treinta años se alcanza una de esas cúspides, cuyo ascenso está sustentado inicialmente en procesos realistas de ganancia (por progresos técnicos acelerados o posibilidades efectivas de ganancia, como por ejemplo en el sector inmobiliario), pero que seguramente pierden realismo y que a partir de un momento sucumben a la euforia por procesos sicológicos (como los efectos ‘concurso de belleza’ de Keynes, los de tipo ‘manada’ y similares) que vienen acompañados por la facilidad con la que otorgan créditos las instituciones financieras.

En pocas palabras, los procesos de ‘exuberancia irracional’ pueden detectarse en base al indicador de Shiller (proceso que se inicia cuando P/G rebasa los 20 puntos). Sin embargo, es imposible pronosticar el instante preciso en que explosionan las burbujas, momento a partir del cual se desatan las consiguientes crisis bursátiles, dado que el punto de quiebre puede darse en cualquier instante, el que puede desencadenarse por una infinidad de procesos nimios, no necesariamente tan drásticos como un alza súbita del precio del petróleo, pérdidas masivas o quiebra de empresas ‘blue chips’, guerras internacionales, atentados terroristas, etc. Lo que es una lástima, ya que -de ser factible un pronóstico aproximado- podrían evitarse tantas angustias, especialmente entre los millones de familias que ahorran para su jubilación sin conocer bien los mecanismos de funcionamiento y la dinámica de las Bolsas (que se parecen cada vez más a nuestros fuleros casinos), agitados por las ganancias extraordinarias temporales que puedan obtener sus vecinos, o porque las anuncian ingenuamente excitados los diarios o por los intereses no siempre celestiales de los agentes bursátiles.

La recurrencia de las crisis bursátiles y la exuberancia irracional, que no solo se vienen repitiendo más frecuente y más profundamente (también en los países del Norte), nos obligan a repasar nuestras lecturas de los ‘clásicos’ olvidados en la materia, para facilitar la comprensión de la peculiar dinámica financiera del capitalismo contemporáneo. Esperamos, para una próxima entrega, volver a conceptos desdeñados cada vez más relevantes, tales como el “Capital Ficticio” (Marx, El Capital, vol. III; sección quinta) y los de las variedades de financiamiento “especulativo” y del tipo “Ponzi” (Hyman Minsky, Can ‘It’ Happen Again?), así como a las contribuciones de Joseph Schumpeter (cap. 3 de su Teoría del Desenvolvimiento Económico) sobre la materia.


RELACIÓN PRECIO/GANANCIAS (S&P), EEUU: 1881-2006

Fuente: Banco de Datos de Robert J. Schiller (www.irrationalexuberance.com/index.html).


Publicado en:

La Insignia (www.lainsignia.org/2007/noviembre/econ_009.htm).

viernes, noviembre 16, 2007

Alan García: El Filósofo Social Contra el Presidente Constitucional

“Los principios que aquí se enuncian, rescatan los fundamentos del pensamiento de Haya. La modernidad no es patrimonio de la empresa o de la economía neoliberal. La modernidad debe ser la bandera de la política y de las organizaciones laborales”.

Alan García (2003: 119).


Cuando el gran sociólogo Fernando Enrique Cardoso asumió la presidencia del Brasil declaró solemnemente que “se olviden de sus escritos”, refiriéndose a sus célebres aportes a la Teoría de la Dependencia, las que “nada tendrán que ver” con sus políticas de gobierno, como efectivamente sucedió. Aunque Alan García no dijo lo mismo, debe haber rumiado algo parecido para sus adentros, porque efectivamente su último libro, escrito tres años antes de acceder a su segundo mandato, plantea políticas de desarrollo que ha recusado inexplicablemente en sus primeros quince meses de gobierno. Nos referimos a su magnífica obra titulada “Modernid@d y Polític@ en el siglo XXI – Globalización y Justicia Social”, en la que realiza un lúcido diagnóstico de las nuevas tendencias de la economía mundial y que por lo demás es plenamente consistente con las propuestas de política y de cambio estructural que proponía para el Perú y los países globalizados en ese enjundioso escrito del 2003.

Curiosamente el texto no ha sido muy comentado, ni cuando apareció en librerías, ni mucho menos hoy en día cuando adquiere gran relevancia, sobre todo para comparar los tonos de su guitarra de entonces con los golpes de cajón que viene dando desde que asumió el cargo. Usted mismo podrá comprobar la sorprendente metamorfosis que sufrió su pensamiento en el trienio que siguió a la publicación mencionada. Hacia el final de este ejercicio plantearemos algunas hipótesis para tratar de entender este espectacular giro samsiano que lo ha llevado a la profundización de una estrategia de desarrollo y acumulación que entonces había criticado tan acremente.

Solo citaremos algunos párrafos del mencionado texto, que no necesitan mayor comentario por su evidente contradicción con su credo actual y que se refieren a las principales tesis político-filosóficas y propuestas de desarrollo que planteaba cuando no tenía esperanza alguna de llegar nuevamente al poder. Los textos ilustrativos que reproduciremos a continuación se encuentran básicamente en los capítulos II, III, V y XIII. Las citas provienen del libro (las negritas son mías).


  1. Sobre la globalización: el punto de partida

Parte reconociendo al “globalismo (sic) como nueva forma de dominación imperial” (57), en que “la esencia del Modo de Producción Global es la constitución de un solo y gran mercado” (74). Este novedoso proceso “tiene como motor esencial la revolución en las comunicaciones y la información” (37). Como consecuencia de esos cambios, “el Estado administrador, empresario y reglamentario aparece cada vez más debilitado” (57), a la vez que “las fronteras se han reducido y el concepto del Mercado Nacional propio, que fue esencial para el capitalismo industrial y para el pensamiento planificador, se ve disminuido” (46).

En efecto, considera que “la nueva Sociedad de Información y la Economía de las Ideas”, que ha configurado una nueva fase del desarrollo capitalista, consiste en un proceso en que “la consolidación de un mercado mundial impulsado por la tecnología de la comunicación, el viejo imperialismo se ha transmutado en Globalismo, es decir en la imposición de reglas universales de apertura comercial y financiación y de privatización total, para dejar a las sociedades y a los Estados sin un margen de regulación o de control. Pero esa apertura no es aplicada por los países centrales a sí mismos, como en el caso del acero en los EEUU y la agricultura en Europa, y ello muestra la asimetría del proceso de globalización pues de un lado hay países e instituciones globalizadores mientras los demás son sólo países globalizados” (125).

“Y sin embargo el dominio de los mercados y áreas continúa existiendo, pero con un nuevo sentido. Existe en el abismo que separa, de un lado, a los países globalizados y débiles y de otro a las empresas y los países globalizadores y desarrollados. Hoy, el viejo Imperialismo en el proceso de consolidación del mercado mundial tiene como nueva expresión al Globalismo, es decir a la imposición de los intereses comerciales de los países o empresas más fuertes sobre los países más pobres y periféricos, pero comprendiendo que en el espacio comercial y económico único que tiende a crearse, la dominación del mercado puede provenir de la penetración del calzado chino, de cadenas comerciales chileno-holandesas, de empresas españolas de generación eléctrica, de empresas mineras canadienses con capital europeo, de importación automotriz asiática o libanesa, etc.“ (77s.).


  1. El nuevo “Misterio del Capital”: la información

Ese nuevo paradigma tecno-económico, como lo llamaría Carlota Pérez, significó un “(...) nuevo salto tecnológico, informático y electrónico con el que se inicia el siglo XXI”. Sin embargo, continúa el autor, es distinto a los precedentes, porque ofrece “la posibilidad de almacenar, sintetizar y transmitir la información (lo que) va determinando el paso de la Economía de las Cosas a la Economía de las Ideas como la ha denominado Paul Romer” (39). “Ya no son el fuego ni el vapor, ni el petróleo, ni el átomo, la energía primaria que mueve al mundo o que sirve para transmitir algo. Es la información que es energía transmisible en sí misma y que puede reproducirse” (44).

En contraste con la economía de las cosas, esta revolución tecnológica, “por ser transferible y recreable como Softward (sic), puede duplicarse, clonarse o adaptarse y puede después acercar a las mismas sociedades y personas. Existe pues una forma de socialismo a través de la información pues con ella se distribuye la riqueza efectiva, porque no debemos olvidar que, hoy en día, en la composición del valor de un objeto, es mayor la proporción de inteligencia e información que lo que fue hace tres décadas; (...)” (38). “Por ello, (...) el sentido de la justicia social tiene ahora menos relación con la apropiación de cosas materiales como la tuvo en otro tiempo y tiene, en cambio, mucha mayor vinculación con la educación tecnológica y la información” (40). “De allí que ocupe cada vez mayor espacio el concepto de Empleabilidad, y que sea una obligación fundamental de la empresa la formación tecnológica e informacional permanente del trabajador; su capacitación le va a permitir vincularse con más libertad al mercado productivo y laboral”.

“Eso lo ha comprendido muy bien el sector más modesto del país, y por ello miles de academias de computación y de Internet se han creado, miles de cabinas públicas de computación se han instalado. El pueblo ha comprendido este nuevo Misterio del Capital” (40).


3. La indispensable Integración Sudamericana

Estos revolucionarios procesos, por la asimetría del poder que los acompañan, obligan a integrarse para afrontar las amenazas de los países e instituciones globalizadoras: “Haya extrajo de la Revolución Mexicana la esencia de sus ideas y planteó desde allí la integración latinoamericana. Pero un diagnóstico realista y el análisis de la historia económica de México de los últimos decenios comprueba que por su vecindad, por su línea diplomática y comercial y por los acuerdos ya firmados con EEUU, México ha tomado ya el camino de su integración con esa gran potencia, de suerte que es más realista y moderno referirse en adelante a la integración Sudamericana como un proyecto continental posible en los temas de la deuda, del comercio mundial y de la complementariedad productiva.

Una estrategia sudamericana común en el plano energético permitiría negociar con los EEUU para los que la producción petrolera sudamericana equivale justamente al monto de su déficit petrolero y al de sus compras al mercado árabe. También sería posible una estrategia de fusión bancaria de las principales instituciones financieras de estos países para poder negociar en el tema del crédito con los EEUU” (123). En la página siguiente también plantea la propuesta, tan sensata como las anteriores, que “se requerirá una política sudamericana común sobre la emigración y sobre la situación de los ‘hispánicos’ en los EEUU y en Europa”.

“El siglo XX termina para el Estado peruano con dos conclusiones. La primera es que ha agotado sus posibilidades de desarrollo nacional aislado como exportador de materias primas, como creador de una industria nacional sustitutiva, o como centro de endeudamiento, y que no podrá confrontar la Globalización y el nuevo Modo de Producción Global de manera aislada como lo pretende el neoliberalismo, sino mediante la Integración Continental” (63). “No debemos perder de vista que este es el tiempo de los grandes espacios o Pueblos Continentes como Europa, China, India; y que Estados Unidos no es, en realidad, un solo país sino un subcontinente integrado. Y a Sudamérica le urge seguir ese camino” (80).

En efecto, “(...) el rol antiimperialista del Estado moderno no reside pues en la nacionalización de los bienes, sino esencialmente en la capacidad de promover una respuesta defensiva e integrada de las sociedades en desarrollo para enfrentar el Globalismo, para que los mecanismos económicos y comerciales dejen de ser asimétricos y para que el capital externo se invierta en condiciones de justa negociación, sin imponer exoneraciones tributarias como condición, sin exigir la abolición de los derechos laborales, sin limitarse a las actividades de extracción más lucrativa y sin comprometer el desarrollo regional. Además, el rol del Estado moderno promueve la integración continental (...) para defenderse de la ideología globalista y de las injusticias del mercado mundial, la constitución de grandes bloques es un paso fundamental” (78s.).

En síntesis, “(...) solamente la acción integrada de los países en desarrollo podrá oponer un contrapeso eficaz en la negociación para eliminar esas asimetrías del comercio mundial” (79).


  1. Contra el Neoliberalismo y el Modelo Primario-Exportador

Continúa recordando que, después de la caída la URSS, se “canonizó ante los ojos del mundo al libre mercado y al capitalismo. En adelante, todos los medios de comunicación, instituciones intelectuales, agencias ideológicas, personalidades, a través del sistema único y mundial de noticias, difundirían el libre mercado como triunfador absoluto respecto de la planificación centralizada, el comunismo totalitario e inclusive del socialismo democrático” (284).

Por añadidura, “paquetes ideológicos como el llamado consenso de Washington, explicado e impuesto diplomática y propagandísticamente (sic), arrasaron todo intento de resistencia. Los personeros de la ‘izquierda mundial’, tránsfugas ideológicos, adoptaron todos los instrumentos econométricos (sic) del nuevo pensamiento” (284). “Todo lo que se opusiera a la nueva religión era retardatario, obsoleto, populista, condenado al fracaso y al asilamiento” (285). “Ante el inmenso peso de los nuevos poderes fácticos (Organismos Internacionales, prensa mundial, empresas multinacionales gigantes), la política fue arrinconada como expresión de antigüedad e ineficiencia. (...) Entonces se redefinió la política como acción individual y surgió por eso la categoría de los ‘independientes’, nuevos personajes ajenos a toda acción colectiva organizada o ajena a toda estructura ideológica. El libre mercado encontró su expresión carnal en tal categoría humana. Y sin darse cuenta convirtieron a los grandes grupos empresariales, a los medios de comunicación más importantes y a los Organismos Financieros internacionales en los nuevos partidos políticos del neoliberalismo” (96).

“Como corresponde a un país marginal, dispuesto a adecuarse a los requerimientos del mercado externo, desde los primeros momentos de la globalización, el Perú insistió en las ventajas comparativas de las materias primas y se dio prioridad al establecimiento de la industria minera. Por eso, desde 1990, se asumieron con fanatismo todas las tesis neoliberales y gobalizantes: reducir el peso y papel del Estado, privatizar los activos públicos a cualquier costo, abrir las importaciones aceleradamente, dar prioridad esencial al pago de la deuda externa, etc. Hoy se sabe como las consecuencias de recesión, desempleo, incremento del endeudamiento y la mayor gravitación tributaria del Estado para el pago de la deuda, precipitaron después la caída del régimen, pero tras 10 años de aplicación del modelo” (287). Es así como, “durante los diez años de vigencia incontestada del neoliberalismo, como consecuencia del estrepitoso derrumbe del orbe soviético, despareció el comunismo, pero también se condenó al silencio y se declaró obsoleta toda otra propuesta de planificación o de concertación social” (95).

Pero “el Modo de Producción Global como proceso real en marcha, es muy diferente del Neoliberalismo como ideología. Según éste, no puede ni debe hacerse nada frente a este libre mercado creciente y global, lo que es inexacto pues los países globalizadores, se decir, los que impulsan y aprovechan el proceso, usan subsidios para su agricultura, se unen en grandes bloques como el europeo para manejar mejor los mercados, usan de las cuotas de importación para defender sus industrias, etc. De manera que el extremismo procede solamente de un interés ideológico” (50).

“En diciembre de 1991 publiqué un breve libro advirtiendo los peligros de la ola ideológica que proclamaba con fervor ideológico la supremacía del mercado. Lo titulé ‘El Nuevo Totalitarismo’ e intenté señalar en él, los límites del nuevo modelo económico y social que entonces comenzaba a ponerse en práctica. Advertí en sus páginas que su fanatismo llevaría, en algunos países como el Perú, a la destrucción de la democracia (Pág. 70), como después ocurrió” (51). Y es que “meta final o tesis absoluta son enemigas de la libertad, porque son el fin que justifica los medios, tanto para el comunismo científico como para el neoliberalismo que proclamando el ‘fin de la historia’ sacrifica la libertad y la tolerancia para imponer el dominio del libre mercado” (85). “Y en el Perú, al igual que en el mundo se creó la ‘Moral del Mercado’ como fundamento ético de todas las acciones. Así se pretendió legitimar la injusticia” (97s.).

Las tesis planteadas en ese texto y en “La Falsa Modernidad”, fueron posteriormente confirmadas: “No fue hasta el año 2002, cuando el Premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz publicó su libro ‘El malestar en la Globalización’, que los análisis de mis dos textos alcanzaron comprobación con la fuerza de la autoridad y la celebridad económica de Stiglitz” (51). “Advertí, al igual que Stiglitz lo hizo más adelante, que la privatización de activos y empresas públicas cumplida por la consigna ideológica sería hecha ‘contra los consumidores y los trabajadores’ (Stiglitz Pág. 92), y que el crecimiento cuantitativo de la economía agravaría la dualidad, entre la producción minera (Stiglitz Pág. 112) y el resto de la economía, a la que no ‘gotearía’ o ‘se filtraría’ (Stiglitz 119) tal crecimiento” (52). También advirtió entonces el autor, “que la apertura de China, hecho por su propio gobierno, y de manera gradual, haya funcionado mucho mejor para su población que la imprudente apertura impuesta por el FMI en gran cantidad de países (Stiglitz Pág. 96)” (52), aparte de que “(...) la riqueza y la ganancia de las empresas debe apoyarse en la tecnología y no en la reducción del salario o en el endurecimiento de las condiciones laborales como lo pretende el neoliberalismo” (68).


  1. Roles indispensables del Estado

Frente a la Globalización, “el Estado debe encontrar un nuevo rol, orientado siempre al bienestar y a la justicia” (48). “El rol del Estado no puede ser reducido a un papel subsidiario como pretende el neoliberalismo, sino que debe reafirmarse en su rol promotor. Y esta función supone la necesidad de planificar estratégicamente las áreas cuyo desarrollo interesa prioritariamente a la sociedad (62). En tal sentido, “el Estado no puede abandonar su compromiso con las urgencias de los humildes y las mayorías, ni dejar el destino de éstas al libre mercado. Debe tener políticas explícitas de redistribución, de vivienda, de apoyo al campesinado, política de educación pública e información de erradicación de la pobreza, de descentralización de las decisiones y las inversiones, de defensa de los consumidores, etc.” (62).

A ese respecto, “Chile, que ha sido señalado por los economistas como un ejemplo de modernidad, mantiene una poderosa y eficiente gestión pública sobre la producción y el comercio del cobre, sobre la refinación del petróleo, e inclusive su banca pública actúa con eficacia en las asignación del crédito al sector privado.

Así, el rol del Estado (...) supone la necesidad de planificar estratégicamente las áreas cuyo desarrollo interesa prioritariamente a la sociedad” (62).

Para ese efecto, según García-filósofo, el ‘Estado Moderno’ debe:

-“ (...) tener políticas explícitas de redistribución, de vivienda, de apoyo al campesinado, política de educación pública e información, de erradicación de la pobreza, de descentralización de las decisiones y las inversiones, de defensa de los consumidores, etc.” (62).

-“(...) descentralizar sus funciones y socializar regional y municipalmente sus atribuciones” (122).

-“(...) participar en la defensa del mercado nacional al que no puede renunciar como tampoco lo hacen los países avanzados, tal cual lo demuestra la reciente legislación proteccionista del acero promulgada por el gobierno del Presidente Bush o el uso de aranceles de producción agrícola que no permiten la importación durante la cosecha de espárragos en Norteamérica” (122s.).

-“(...) tener un compromiso esencial con la agricultura” (62).

-“(...) rescatar el objetivo humano de las sociedades y el margen de acción social y económica del Estado ante los monopolios y como árbitro regulador en las relaciones entre el capital y el trabajo o entre la producción nacional y la economía internacional” (125).

-consagrar “su información, tecnificación y organización en centros y cadenas productivas” (41).

-“(...) impedir el abuso en el que puede caer la inversión externa, (...)” (74).

-“(...) contrarrestar las tendencias monopólicas y excluyentes del mercado” (41).

-“(...), en vez de nacionalizar o estatizar, debe garantizar el acceso de los accionistas al gobierno societario” (67); y, entre otras muchas responsabilidades, repetimos que

-“debe cumplir su función promotora y de regulación a través de la regionalización, pero también comprometerse urgentemente con la integración continental” (64).


  1. Política, Concertación y Frente Único

Sin duda, “la política está en crisis porque no se ha adecuado a los cambios técnicos y a la consolidación del mercado mundial” (99). Por lo que ”hoy es imperativo relanzar la Política. (...). Una política de las ideas compartidas, no la vieja política de las organizaciones materiales cerradas. Una política de las soluciones concretas y no la de las concepciones integrales y excluyentes” (12).

Reconoce para ello que, “naturalmente, el campo social está dividido entre los informados y los excluidos de la información, entre los integrados al mercado y los desempleados y marginados, entre los propietarios y los carentes de propiedad, entre los que ejercen el poder y las decisiones y quienes sufren esas decisiones y obedecen al poder. Y el objetivo de la política es disminuir y erradicar esas diferencias, impidiendo el abuso de los privilegiados” (87).

Para acometer todas estas tareas, para poder sustentarlas políticamente, el Frente Único debe ser reconstituido y ampliado, porque “la época de las doctrinas totales y de las organizaciones cerradas pertenece al siglo XX. Para relanzarse, la política y los partidos deben adecuarse al movimiento social con nuevas propuestas y una nueva organización” (89).. En la concepción original de Haya (de 1926) solo incluía a “campesinos, grupos obreros entonces incipientes y clases medias” (88). ¿Quiénes más deben participar del Frente según el Dr. García, teniendo en cuenta que “la política del Siglo XXI es la Política de la Concertación“ (87)? Básicamente los informales, las capas medias de la industria manufacturera y los servicios, los pequeños y medianos industriales, los movimientos locales, entre otros, como se verá a continuación.

“Pero seguir la lógica del movimiento social ocurrido en los últimos 40 años en el Perú obliga a recomponer ese bloque histórico o Frente Único. En primer lugar debe integrarse a él, como la clase social predominante de hoy, al Subempleo estructural, los ambulantes, los microempresarios, los informales que suman el 60% de la población económicamente activa. (...) en segundo lugar, debe integrarse al Frente Único aprista a los representantes de la industria nacional, cuyos sectores progresistas y manufactureros han demostrado en estos años su vocación nacional frente al globalismo. (...). Esos miles de medianos empresarios son amenazados o han sido destruidos por el Globalismo, por los costos básicos impuestos por los monopolios y por el extremismo aperturista del Estado neoliberal y deben integrarse en la acción común. (...). En tercer lugar, ha aparecido una nueva pluralidad dinámica de actores políticos que debe hacer parte del Frente Único. (...) movimientos regionales y provinciales cuya dinámica excede la lógica y la planificación política y central de una partidos. Y esos movimientos regionalistas engloban las organizaciones espontáneas y populares de la sociedad civil” (127s.).

“Hoy, en el proceso de Globalización, una diferencia se establece entre el gran monopolio o corporación internacional, y los grupos industriales manufactureros y de servicios más vinculados al interior. Inclusive las pugnas y divisiones en las instituciones que agrupan al empresariado (CONFIEP) y la actitud de la industria ante el proyecto neoliberal, demuestran la diferencia entre esos sectores. Hoy, en la nueva magnitud y velocidad de la economía nacional, la manufactura en su mayor parte, el comercio y los servicios que en la década de 1920 no existían ni tenían gran dimensión física, son parte de la Clase Media. Y a ella pertenecen como componente básico la pequeña y mediana industria (PYMES) que brindan el 80% del empleo del Perú. Un partido social moderno debe ser el partido de la pequeña y mediana industria que expresan juntamente con el autoempleo, el conflicto social y la defensa de los sectores populares” (114).

“La política moderna privilegia la educación y la información como medios de justicia social, pero no pierde de vista el objetivo de construir mediante el acceso a las decisiones sociales y a la propiedad, la justicia social en una nación de propietarios, en la que todos los ciudadanos participen de manera simétrica y equitativa en el mercado” (121).

“Y ello impone fortalecer los partidos y asociaciones laborales y ciudadanas en los términos modernos de la participación y la concertación. Cuando las empresas tienen estrategias mundiales y enormes poderes, cuando los medios de comunicación tienen mayor influencia, las organizaciones sociales deben fortalecerse. Sin sindicatos coherentes y modernos, sin poderes regionales, sin partidos políticos sólidos, la democracia tiende a desaparecer, y con ello el ingreso y las decisiones tienden a concentrarse en un pequeño grupo. Ello ocurrió durante la década dictatorial en el Perú. Pero tal concentración, rompe las posibilidades económicas del país al destruir el mercado de consumo y finaliza afectando a los propios grupos monopólicos y al sistema total” (121s.). Solo así se podría, “(...) ante el fracaso del neoliberalismo o del individualismo metodológico, según las definiciones de Hayek, un nuevo principio ideológico puede abrirse paso y es el de la democracia social concertada” (297).


  1. Trabajo, Educación y Sindicalismo

“(...) un derecho histórico que es el de la negociación colectiva debe tener cada vez mayor valor y preeminencia, considerando que el capital sin fronteras tiende a fusionarse, a unirse y a hacerse más fuerte. Por consiguiente, la modernidad de las organizaciones laborales consiste en hacerse más poderosas e informadas y a internacionalizar sus demandas cuando la circunstancia lo exija. Porque, como lo demuestran los avances de la globalización jurídica, no podrá haber trabajo sin seguridad social, sin salario adecuado o sin derechos internacionalmente establecidos, bajo pena de excluir del mercado la producción de las empresas que abusen de sus trabajadores” (42). Y es que, en efecto, “la lógica de la ciencia libera al trabajador de su relación servil con un solo lugar o con una sola máquina” (45).

La integración a la nueva división internacional del trabajo “supone un nuevo tipo de educación y de trabajo estatal para lograr que la actividad manufacturera y no sólo actividad primaria, pueda insertarse a través de la calidad y la educación. (...) uno de los motores básicos para esas inserción competitiva, deberán ser las pequeñas y micro empresas porque ellas asocian la actividad productiva, a la creación de empleo masivo, y con menor inversión pueden incorporar mayor tecnología. Por el momento, sin embargo, el nuevo régimen democrático (J.S.: se refiere obviamente al gobierno de Toledo) parece continuar en lo esencial, el modelo anterior” (288).

“(...) para los países y personas, el mejor medio de navegar en la globalización, es y será la educación tecnológica” (48). “Tanto mayor tecnología se tiene más rápidamente se adquirirá la nueva y tanto más se aprenda, mayor será la capacidad de seguir aprendiendo. (...) al ser por esencia transferible y si se incorpora a la educación, que la sociedad pueda ingresar en mucho mejores condiciones al mercado mundial. Tal es uno de los aspectos favorables de la Globalización” (49). De manera que “si antes se entendía la justicia social como la distribución equitativa de las cosas, ahora tiende a comprenderse como la distribución equitativa de las ideas y como la oportunidad de acceder a ellas” (90).


***

Observamos así como el Dr. García se atribuye modestamente la labor de aggiornar el “pensamiento de Haya de la Torre, porque sigue siendo el más vigoroso aporte a la ciencia política y social del continente” (12). Sin duda alguna, Haya se habría sentido muy contento con el texto de su discípulo predilecto, quien por lo demás ya presentía que Alan no lo defraudaría, tal como se desprende de una cariñosa dedicatoria en que -con su extendida escritura- señala nada menos que “(...) la esperanza de que será para el APRA el continuador de la obra que por mandato de estirpe debe seguir. Con el afecto de su viejo compañero Víctor Raúl” (recogido del facsímil reproducido en las primeras páginas del texto aquí glosado).

Recuérdese que, nos recuerda Alan, “Haya definió originalmente su pensamiento como filosóficamente hegeliano y dialécticamente marxista” (84). Y es así como, desde su orígenes, “el pensamiento dialéctico y creador de Haya de la Torre continuó relanzándose ante cada cambio de la realidad mundial y nacional para dar nuevos contenidos a sus propósitos antiimperialistas y de justicia social” (107), por lo que García se vio en la obligación de hacerlo también con muy buena pluma y fortuna. Para lo que le bastó aplicar “la ideología aprista que aportó la noción del antiimperialismo y la integración continental como pasos en el camino de la justicia. Reafirmar esos objetivos en la realidad actual es el trabajo continuador que debemos proponer, comprendiendo que los medios pueden variar sin que se abandonen los objetivos” (120).

He aquí, por tanto, un auténtico programa filosófico-político para la yerma centro-izquierda peruana. Por supuesto que estas citas tan breves no le rinden los honores y no le conceden el mérito que se merece el texto, pero esperamos que esta introducción por intermedio de las citas presentadas incite a los lectores a recurrir al original, aunque los deprima la comparación de las políticas que ahí se proponen con las que efectivamente se están llevan a cabo en el Perú desde el 28 de julio del año pasado.

Las políticas del gobierno anterior y la bonanza de precios internacionales dejaron la mesa bien puesta para la implementación de las propuestas que se hacen en el libro (el lector enterado habrá notado, por lo demás, la gran similitud de ese pensamiento que la CEPAL propagara a partir de 1990, comenzando con su texto “Transformación Productiva con Equidad”). Si se hubiera asignado gran parte del canon y de las regalías para financiar el desarrollo tecnológico, la innovación productiva, la asociatividad y el apoyo para la constitución de encadenamientos y cluster, la capacitación del personal de los gobiernos provinciales y distritales, el apoyo a las PYMES, etc., le creeríamos al actual presidente.

Desafortunadamente, por esas cosas de la vida, de la historia, del azar, de los intereses o de los estados de ánimos, en estos quince meses de gobierno se viene adoptando gran parte de las políticas que en el libro se cuestionan acerbamente y se ignoran otras. Como no somos expertos en campo alguno de los señalados, le dejamos a usted –estimado lector- el arduo desafío de explicar cuál(es) de la siguientes hipótesis se aplica(n) al mandatario para entender su profunda metamorfosis:

  1. Llegó al poder sin tener mayoría en el Congreso y, consecuentemente, sin poseer el voto necesario para realizar las profundas transformaciones que postulaba;
  2. La evolución de la economía iba a un ritmo tan satisfactorio, que no parecía tener sentido cambiar de rumbo y arriesgar un nuevo fiasco;
  3. Los ‘argumentos’ de los poderes fácticos se impusieron a los del líder del gobierno, cooptándolo, como en el anterior lo hicieran los ‘12 Apóstoles’;
  4. Preferencia por los éxitos de corto plazo y por los resultados de las encuestas de opinión, puesto que sus propuestas ‘verdaderas’ solo madurarían en una generación;
  5. Este quinquenio le serviría para fortalecer el modelo primario-exportador, cuyos frutos le permitirían –en su próximo gobierno inmediato- iniciar efectivamente con el proyecto expuesto.
  6. El sueño de la integración sudamericana no es posible por la presencia de gobiernos (dígase Chávez y Evo) que escapan a la lógica del auténtico anti-imperialismo o, más realistamente, porque sería incongruente con el (más importante) TLC con EEUU;
  7. Una cosa es la teoría que uno expresa en un texto académico y otra muy distinta es la acción política pragmática (‘efecto Cardoso’);
  8. Otras (complete a su gusto): ..................................................................................................
Fuente: La Insignia, noviembre 19, 2007 (www.lainsignia.org/2007/noviembre/econ_003.htm).


POSDATA (Nov. 28):

Es interesante que haya quienes opinan que las actuales opiniones del presidente son resultado de un proceso de renovación y rejuvenecimiento del pensamiento hayista y consistentes con éste. Así, según Javier Tantaléan, “los artículos de opinión escritos por el presidente García son parte de un proceso de ‘aggiornamento’ (reacomodo, actualización) de la ideología aprista a los nuevos cambios que se dan en el mundo. ‘Ese proceso se activa en los congresos del Apra, en los 90, y produce un nuevo programa y un nuevo planteamiento doctrinario que se reactiva en una comisión presidida por el presidente García y que se llamó: Actualización y Relanzamiento doctrinario del aprismo (2001, 2002 y 2003)’, precisó” (nuestro subrayado). Fuente: La República, noviembre 28, p. 7 (www.larepublica.com.pe/component/option,com_contentant/task,view/id,190990/Itemid,0/). ES DECIR, EL LIBRO QUE AQUÍ HEMOS GLOSADO COINCIDIRÍA PERFECTAMENTE CON LAS OPINIONES, ESCRITOS Y POLÍTICAS QUE EL DR. GARCÍA COMPARTE Y APLICA HOY EN DÍA.

En ese mismo texto se señala que “Los cuestionamientos sobre una supuesta derechización del pensamiento del presidente Alan García, debido a los planteamientos esgrimidos por el mandatario en sus artículos de opinión sobre el llamado "síndrome del perro del hortelano", fueron rebatidos por diferentes personalidades ligadas al partido de gobierno, como Hugo Neira, Javier Tantaleán y Javier Barreda” (también este subrayado me corresponde, desafortunadamente no se puede subrayar con líneas más gruesas y en color). Solo para recordar hay que decir que esta defensa tan cerrada no es porque se trate de personas remuneradas por el gobierno (o el partido), ya que se trata de intelectuales bien conocidos y hasta brillantes, que poseen sus propios medios: Hugo Neira (Director de la Biblioteca Nacional, que es pública), Javier Tantaleán (simpático Director del Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres, que es privada) y Javier Barreda (Viceministro de Promoción y Empleo, que casualmente está instalado en el Ministerio de Trabajo).