miércoles, mayo 24, 2006

Volando como gansos silvestres

Si no conocemos las fuerzas que determinan la división internacional y regional del trabajo (y del poder) resulta ininteligible la compleja y cambiante dinámica de los flujos de inversión, producción, comercio y financiamiento, así como las peculiares alianzas y conflictos entre países y entre empresas a escala mundial y regional. Con lo que tampoco estaremos en condición de diseñar políticas adecuadas para integrarnos activa y fructíferamente a la globalización. Muchos son los marcos teóricos que se han desarrollado para captar estos procesos, básicamente sustentados en las ventajas comparativas estáticas.

En contraste con éstos, desde los años treinta del siglo pasado el famoso economista japonés Kaname Akamatsu (1896-1974), ilustre desconocido en nuestras tierras, diseñó y perfeccionó el ingenioso paradigma de ‘La Bandada de Gansos Silvestres’, en que se explicitan los procesos dinámicos y cambiantes de la división del trabajo entre países de una región, liderados por una economía dominante. De acuerdo a su planteamiento, en los procesos exitosos de desarrollo económico regional o internacional siempre hay un ganso líder que precede una bandada que se desplaza en forma de ‘V’. Como es sabido, en la naturaleza, el peculiar discurrir de los gansos les permite ahorrar hasta un 60% de energía a los que le siguen, lo que es perfectamente aplicable a ciertas economías integradas regionalmente.

En concordancia con la metáfora, el ganso líder representa la economía dominante de una región, por poseer los más avanzados conocimientos tecnológicos, las más adelantadas técnicas financieras, los mejores sistemas de comercialización, distribución y organización del espacio en cuestión. A medida que esa poderosa economía se desarrolla y aumentan los salarios y la sofisticación tecnológica de los bienes que produce se va desplazando la producción de bienes más intensivos en trabajo y menos complicados hacia los gansos seguidores, que son las economías de su entorno que están en condiciones de asumir la producción que el líder ha desplazado. Con ello se va conformando una región económica coherente e interdependiente muy dinámica, a la par que se van modificando paulatinamente las ventajas comparativas entre las economías, gestando una división del trabajo progresiva aunque asimétrica.

El mencionado paradigma sirvió, entre otros, para entender el éxito de los países del este asiático, camada que fuera liderada regionalmente por Japón, que desde los años cincuenta del siglo pasado asumió el rol de ganso-líder de la zona. Cada economía dependiente de aquella iba pasando paulatinamente de la importación de bienes industriales de esa economía, a la sustitución doméstica de importaciones y, finalmente, a la exportación industrial a todo el mundo. Fue así como transitaron en cadena, de la producción de bienes ‘crudos’ a los más elaborados, acelerando el crecimiento por las economías de escala y las externalidades que surgieron en el proceso.

Más aún, desde el Ministerio de Industria (MITI) japonés, se implementó literalmente el paradigma de Akamatsu para ‘planificar’ la división regional del trabajo con una visión holística, asignando funciones, financiamiento, subsidiarias y tecnologías a los gansos menores. Con el tiempo la división del trabajo regional en el Asia oriental se fue ampliando a los tigres menores y más atrasados, en olas de especialización descendentes por rama industrial. Luego de la muy exitosa incorporación de los cuatro Tigres (Corea del Sur, Taiwán, Hong-Kong y Singapur), se fueron plegando al grupo los tigres-bebé (Tailandia, Malasia, Indonesia) y finalmente los hasta entonces más atrasados pero cada vez más grandes (China, India, Vietnam). Como es evidente ya hoy en día se percibe que una nueva bandada se irá formando en torno a China, que liderará el Asia a partir de una o dos décadas, a pesar de que ahora apenas alcanza el nivel de desarrollo del Japón a fines de los años sesenta (exceptuando la región de Shangai).

En contraste, en el continente americano la bandada de gansos silvestres se ha ido desplegando menos dinámicamente, en la medida en que el super-ganso-lider (EEUU) sigue demandando principalmente materias primas y bienes de consumo ‘livianos’ de nuestra región, aunque desde los años ochenta ha ido desplazando su producción de bienes intensivos en trabajo hacia México y América Central, donde la ‘industrialización’ se da precariamente en forma de maquila y muy tímidamente como parte de cadenas globales de valor. Los TLC firmados o por firmar profundizarían esta nueva forma de subordinación productiva, financiera y tecnológica de nuestras naciones, en que el ganso dominante (que ciertamente se parece más a un águila calva) se reservará para sí la producción de los bienes y servicios más desarrollados tecnológicamente, que se dan con rendimientos crecientes y que rinden mayores valores de retorno y tasas de ganancia. Por lo que parecería que las ventajas comparativas estáticas, sustentadas primordialmente en la exportación de nuestros recursos naturales no renovables en bruto, seguirán determinando nuestro congelado lugar en la retaguardia de la economía continental y de las cambiantes bandadas de gansos silvestres, cuyas consecuencias conocemos todos: inestabilidad de precios y del tipo de cambio, fluctuaciones macroeconómicas, dependencia financiera y tecnológica, elevados niveles de desempleo y subempleo, desnacionalización de la economía, desigual distribución del ingreso y la riqueza, etc.

Las propuestas alternativas para enrumbarnos en otras direcciones están a la mano y son de sentido común si observamos –sin necesidad de copiar, pero sí de adaptar- el vuelo que siguieran los gansos del este asiático y al que se están encaminando los del este europeo. En ese entendido, aunque ahora los palmípedos de nuestro continente vuelan ciegamente hacia el extremo norte, parece pertinente que nuestros países también miren hacia los vecinos cercanos y lejanos del Sur. De lo contrario la distancia entre nosotros y el ganso-líder (y algunos pocos que mantendrán su ritmo) será cada vez mayor, tanto que perderemos el rumbo y tendremos que aterrizar forzosamente en una lejana isla rocosa del Océano, donde seguramente no sería muy agradable la convivencia de nuestro grupo de gansos sudamericanos tardos con una miríada de agresivos pelícanos y cormoranes.

Fuente: Gestión, mayo 24, 2006; p. 15. Facsímil

domingo, mayo 21, 2006

El perfil deseado para la dupla clave de la PCM y del Ministerio de Economía (entrevista a varios analistas)

Por Luis Navarro Izaguirre

"No necesitamos un Cubillas que amarre la pelota en la media cancha, sino un Velásquez que la entregue, tranquilo y bien. Con este ejemplo sencillo, el economista Jürgen Schuldt resume su posición sobre el perfil ideal de los principales cargos del Poder Ejecutivo, la jefatura del Gabinete Ministerial y la cartera de Economía, en el próximo régimen".

¿A qué se refiere Schuldt? Al hecho que, en los últimos años, la dupla primer ministro-titular del MEF ha estado más preocupada en mantener las cuentas en orden que en tomar acciones para permitir un gasto social más nutrido y, a la vez, eficiente.

"El primer ministro deberá poseer una visión integral de los sectores excluidos del crecimiento económico y enfatizar las políticas de impacto social", sostiene el economista. Y del otro lado de la moneda, evitar un MEF que funcione con contadores, para abrirle la cancha a un economista político.

Coincide con esta apreciación el ex ministro Fernando Villarán. "Un primer ministro debe tener una visión de largo plazo, que vaya más allá de lo económico, con prioridad en lo social", apunta.

Lo anterior, afirman los dos analistas, no significa que los ministros actuales, en los términos planteados, hayan jugado un mal partido. "Ha habido éxito en el manejo macroeconómico, pero hace falta un acercamiento a los temas sociales", recalca Villarán, ex ministro de Trabajo.

El sociólogo Felipe Portocarrero sí es categórico al afirmar que, en el corto plazo, será necesario mantener la estabilidad económica y ubicar en la cabeza del Consejo de Ministros a alguien que imponga orden. "Ahora es muy fácil plantear nuevas ideas de gasto, pero es posible que los ingresos fiscales sufran en el mediano plazo, por un reajuste hacia abajo de los precios de las materias primas", alerta.

En dicho escenario, de crearse un programa social de forma apresurada tendría que ser recortado por una menor recaudación y esta situación no sería prudente, sostiene Portocarrero.

El economista Hugo Santa María acota que el MEF no puede cargar todo el peso de las políticas sociales, ya que estas dependen también de la calidad de los presupuestos presentados por los ministerios con perfil social, como Salud, Educación y de la Mujer. "Debería buscarse un equilibrio entre un primer ministro preocupado en las políticas sociales y un ministro de Economía que le ordene los números", propone.

¿GERENTE O POLÍTICO?

¿Qué otra característica se busca en el perfil de un primer ministro? Para el especialista en márketing Rolando Arellano, la respuesta es tan sencilla como decir: "una persona con ideas". Y esta persona tendría que mostrar un equilibrio entre la figura de un gerente general y un político.

"En el caso de Alan García, tendría que ser un contrapeso fuerte, ya que el plan de gobierno del Apra impone la figura del primer ministro como cabeza del Ejecutivo. Una persona como Hernando de Soto tiene una visión de gerente y político", señala.

¿Y en el caso de Ollanta Humala, solo podría confiar en sus cuadros? Arellano estima que no, que si llega al poder le sobrarán candidatos, pero tendrá que ceder para mostrarse concertador. "Yo creo en la teoría del engranaje. Probablemente tenga que recurrir a un MEF más centrado para ponerse a negociar", dice.

En la suposición de un primer ministro como cabeza del Poder Ejecutivo, Schuldt menciona que además de no perder la brújula en el frente interno, el jefe del Gabinete también deberá tener manejo en canchas internacionales, "para negociar de tú a tú y no de sí o sí".

"Debería ser alguien con los reflejos de Alfonso Grados en sus años mozos. Un buen consejero y negociador hábil sería Francisco Sagasti", menciona. Para el MEF, Schuldt confiaría en Fernando Villarán acompañado por Waldo Mendoza y Javier Abugattas, sea cual fuere el próximo presidente.

¿DEL PARTIDO?

Para todos será básico que los cargos principales sean ocupados por personajes independientes del partido en el poder. "Además de sus propias capacidades, tanto el primer ministro como el titular del MEF deben tener la carta de renuncia bajo la mesa", comenta Santa María. En palabras de Villarán, "debe ser alguien que le diga no al presidente".

¿Y por qué no algún partidario? "Un político de partido, digamos Jorge del Castillo, va a concentrarse en los árboles. No tendría posibilidad de mirar el bosque", explica Arellano. ¿Y un empresario? Muy pocos lo ven. "Va a ser importante que tenga experiencia de trabajo en la administración pública y sepa evaluar este manejo", afirma Portocarrero. "El sector empresarial ha sentido la pegada de la primera vuelta y se ha replegado", añade Arellano.

Así las cosas, la Presidencia del Consejo de Ministros y el MEF serán los mariscales en cancha del equipo que arranque acciones el 28 de julio. Podríamos concluir, de acuerdo con lo expuesto, que el MEF actuaría como un volante de contención, en el caso de un primer ministro muy entusiasta. Pero hay una advertencia: esta vez será vital la elección del ministro de Agricultura, que suele ser el amigo del presidente. No vaya a haber un autogol.

Algunos nombres que se vocean

De la propia voz del candidato aprista Alan García, se empezaron a barajar los nombres que ocuparían los asientos del Gabinete. Señaló al ex viceministro de Hacienda Luis Carranza (con quien se ha reunido) como una alternativa en el MEF, lo que generó opiniones favorables en quienes propugnan la continuidad del orden macro.

Mencionó como alternativas a Javier Silva Ruete y Hernando de Soto como cabezas del Gabinete, además de Luis Felipe Arizmendi y Mercedes Aráoz en otras carteras.

Ollanta Humala ha sido más cauto. El único ofrecimiento conocido es la cartera de Trabajo a la izquierdista CGTP y dentro de su círculo más cercano Gonzalo García Núñez tiene anticuerpos en el sector más cerrado del humalismo. Su baraja se ve, por el momento, más limitada.

Fuente: El Comercio, mayo 21; p. B1. Facsímil.

sábado, mayo 20, 2006

De los 12 Apóstoles a las 7 Hermanas: ¿Del 'cambio responsable' a la continuidad irresponsable?

El domingo pasado, con la lucidez y el olfato que lo caracterizan, el Dr. Alan García dio a conocer una lista tentativa de sus candidatos predilectos para liderar el súper Ministerio de Economía. Entre la camada de radiantes economistas que nombrara, todos técnicos de la misma línea ideológica, resultan reveladores los nombres de Luis Felipe Arismendi, del plan económico de UN y miembro del PPC, y del Dr. Luis Carranza, alto funcionario de un próspero banco transnacional y ex viceministro de Hacienda durante el presente gobierno, quien renunciara al cargo por el excesivo (sic) populismo (sic al cubo) de PPK. Al día siguiente, dos ex presidentes de la Confiep se felicitaban por la cuerda selección del futuro presidente, quien a su vez se debía estar frotando las manos por esas espontáneas (hasta hace poco, impensables) loas.

¿Cómo entender la explícita mención de ciertos personajes para ocupar el MEF, que es un anuncio o especulación que uno recién esperaría para después del triunfo en la segunda vuelta?

Aunque pueda parecer una destemplanza de don Alan, pensamos que son dos las lecturas -no necesariamente excluyentes- que permitirían otorgarle cierta racionalidad a este singular suceso, sin mayor importancia aparente.

Una primera interpretación, la más obvia, consistiría en señalar que simplemente se trata de un coquetísimo guiño dirigido a la gran banca de inversión internacional y de un bien calibrado ansiolítico suministrado al aterrorizado capital nacional. Lo que no sería sino la diáfana señal de que se continuará con la política macroeconómica 'responsable' (es decir, ortodoxa) de los últimos quince años. Con ello, y siempre de taquito, se atraerían presurosamente los fundamentales votos y el desinteresado financiamiento que estaban reservados originalmente para Lourdes. Desde esa perspectiva, tales 'nombramientos' serían así un indicio bastante alentador de que el ex presidente ha madurado, demasiado quizá, porque faltaba poco para que nombrara incluso a PPK para asumir la cartera. Los candidatos nombrados, en cambio, seguramente pasarán piola, como imperceptibles tecnócratas de monta menor que asegurarían, técnica, automática, puntual y estrictamente, la disciplina monetaria y fiscal.

Pero también se puede ensayar una segunda lectura de esos nombramientos, dirigiendo la mira hacia el interior del propio partido del pueblo. De acuerdo con esta perspectiva, García Pérez no tiene por qué enamorar a la derecha, puesto que los votos y el apoyo pecuniario-moral de ese entorno vendrán solos, tratándose del mal menor en esta segunda vuelta. En este caso, se parte de la premisa -muy correcta- de que los apristas ya se sienten absolutamente seguros de llegar a Palacio, por lo que ya parecen haberse iniciado las escaramuzas en torno a la repartija, a la vera de la avenida Salaverry o en la Casa del Pueblo. De acuerdo con esta aventurada interpretación, serían dos los grupos que estarían pujando por acceder a los principales núcleos del poder, en los ministerios y directorios clave.

De un lado estarían quienes ahora parecen estar más cerca de Alan García, que son los que podríamos llamar 'modernizantes' (probablemente liderados por Garrido-Lecca) y que serían quienes han lanzado -a modo de globo de ensayo- a 'los elegibles' para el MEF. Este sector estaría más abierto a otras agrupaciones políticas, dejaría los ministerios y cargos supuestamente técnicos a los ortodoxos y se limitaría a coger las más jugosas carteras 'sociales' (incluida la de Agricultura). En esencia, sin embargo, el pragmatismo que los caracteriza -'en un mundo globalizado'- los llevará a profundizar y ampliar la modalidad primario-exportadora de acumulación. Aprovechando los altos precios de nuestros productos mineros e hidrocarburíferos, llegarán a sanos acuerdos o renegociaciones 'light' con las empresas transnacionales que explotan nuestros recursos naturales. De imponerse este grupo, habrá un aggiornamiento de la extendida cena que García quería celebrar en su anterior gobierno con los 12 Apóstoles criollos para viabilizar su gestión. Como estos prácticamente han desaparecido, el inteligente líder sin duda organizará el ágape con las 7 Hermanas (Shell, Texaco y demás petroleras), los 7 grupos mineros y los 7 bancos extranjeros... los nuevos Dueños del Perú. El menú será criollo, pero ahora habrán de entenderse en inglés.

En esa luz, el eslogan del 'cambio responsable' sería absolutamente irresponsable, ya que la gran mayoría del pueblo ya no se deja engatusar tan fácilmente, ni por tanto tiempo. Por lo que ese grupo 'globalizante' del partido, ducho como es en el campo político, si bien sería continuista en materia económica, también alentaría algunas de las políticas banco-mundialistas de Segunda Generación, maquilladas con políticas sociales relativamente contundentes para asegurar la pacificación social, gracias a la bien puesta mesa que heredarán de Toledo. Como tal, estarían más cerca del plan de gobierno de UN, al que le han dado un toque político-social más digerible. Se trataría, pues, de adoptar reformas que servirán para que nada cambie, basadas en una sofisticada combinación del neoliberalismo con sutiles adormecedores sociales. Con lo que acudiríamos al nacimiento de una nueva modalidad económico-política de convivencia social a partir del 28: El neo-social-liberalismo que nos continuará enrumbando por el derrotero del 'desarrollo del subdesarrollo' (¡Andre Gunder Frank redivivo!) durante el próximo quinquenio.

Del otro lado de la puja interna estarían los 'compañeros' aparentemente marginados por el líder del partido, que podrían caricaturizarse como 'radicales', 'duros', 'heterodoxos' o 'populistas'; digamos, y solo es un decir, Enrique Cornejo y todos aquellos asociados maléficamente a los nombres de Saberbein o Vásquez Bazán. Estos pretenderían cambiar la política económica metiéndole carbón (sin Carbonetto) al fuego y ajustarían parcialmente el modelo económico, adoptando políticas sectoriales y procesos selectivos de redistribución del ingreso, propugnando una posición más 'nacionalista' frente a la explotación de los recursos naturales y a las empresas transnacionales. En tal sentido, junto con las bases jóvenes del partido, se encontrarían bastante más próximos al plan de gobierno de UPP-PNP.

Si bien estos dos segmentos gelatinosos del Apra seguirán trenzados en su refriega menuda, también cooperarán entre sí para potenciar las acciones de su bancada en el Congreso, en el que el primer grupo conseguiría las reformas más convencionales de su programa con el voto de UN y similares, mientras que el segundo aseguraría los cambios más radicales negociando con UPP-PNP. Con lo que también, por este lado, estaría asegurada la 'gobernabilidad' del país por un buen tiempo. Por supuesto que todo lo antedicho, con su perdón, es pura ficción.

Fuente: Perú.21, mayo 20, 2006; p. 10


miércoles, mayo 10, 2006

El misterioso encanto del 7

Una y otra vez, políticos, periodistas y economistas nos repiten que la economía peruana debería crecer sostenidamente al 7% anual para resolver nuestros grandes problemas, comenzando por los de la pobreza y la desigual distribución de la riqueza. Ante tanta precisión y repetición de ese guarismo en los medios, muchos se preguntarán de dónde sale ese número tan especial, cuando bien podría ser uno más redondo, como el 5% o el 10%, entre otros tantos. Queremos ofrecerle tres hipótesis que permitirían explicar este recóndito fenómeno, cábala que se corea en muchos otros países ‘emergentes’.

La explicación que más está a la mano proviene del lejano pasado, que habría penetrado furtivamente el subconsciente de muchos expertos, en el que el número 7 parece desempeñar un papel crucial: El mundo fue creado sin duda en 7 días, con duda los planetas son 7, la Tierra alberga 7 mares, con 7 colores nos embelesa el arco iris, 7 son las notas musicales, los pecados capitales serían 7, las maravillas del mundo antiguo eran 7, el poder del mundo está en manos del G-7, a Blancanieves la siguen acompañando 7 enanitos, etcétera. Sin duda, en muchos casos, por alguno de estos insólitos misterios el seductor número 7 habría entrado subrepticiamente al científico mundo de la economía contemporánea.

Una segunda posibilidad radica en el hecho de que si nuestra economía creciera sostenidamente al 7%, nuestro Producto Interno Bruto (PIB) se duplicaría cada 10 años. En este sentido, la idea de la duplicación de alguna variable siempre ha sido una ambiciosa promesa y añoranza de los gobiernos. El cálculo se hace en base al ‘truco del 70’ que acostumbramos usar los economistas para determinar –sin calculadora- en cuántos años se dobla una cifra. Para lo que se divide el 70 (el 72 sería más preciso, pero menos manejable) entre la tasa de crecimiento de la variable y se obtiene el número de años requeridos para duplicar su valor absoluto. De esta manera, si crecemos al 10% anual el PIB se duplicará en 7 años y al 7% anual la duplicación se dará en una década, que es un tiempo adecuado para levantarle el ánimo a cualquiera.

Una tercera conjetura podría provenir del hecho que, dado que la población económicamente activa crece anualmente en torno al 3,5% y que la elasticidad empleo-producto es de 0,5, un crecimiento económico del 7% permitiría absorber completamente esa fuerza de trabajo que ingresa al mercado laboral cada año.

La cuarta hipótesis que se nos ocurre es bastante más sofisticada, si bien también pertenece a otro de los tortuosos submundos de los economistas. Se trata de una fórmula, desarrollada en los años 40 del siglo pasado por el economista keynesiano Evsey Domar, según la cual a mayor inversión (neta de la depreciación del stock de capital), mayor sería también el PIB. Aunque Domar estaba interesado en el ciclo económico de los países desarrollados, en la práctica los economistas la convirtieron en una receta útil para determinar la tasa de crecimiento económico y, sobre todo, para establecer los requerimientos de financiamiento externo de las economías atrasadas a efectos de asegurar su ‘despegue’.

Según esa perspectiva, la tasa de crecimiento económico se determina como la relación existente entre la cuota de inversión (I/PIB), que es igual al ahorro interno más el financiamiento externo, y la relación incremental capital-producto, que es la inversa de la productividad del capital (k). Con lo que la tasa de crecimiento es igual a I/PIB multiplicado por k. Dado que se ‘necesita’ crecer al 7% (la que, otra vez, ‘se supone’), con una k de 1/3 (también se asume que es una cifra realista válida de largo plazo), necesariamente la cuota de inversión tiene que ser del 21% (21 entre 3 igual 7), otro guarismo que se repite muy a menudo en el país y que tampoco parece ser casual que sea un múltiplo del 7.

Esta formulita es de uso muy común, no solo por su sencillez, sino porque le habla al sentido común de quienes creen en la importancia suprema de la inversión para alentar el crecimiento. Pero, lo que no hay que olvidar es que el propio Domar renegó de su ‘teoría’ diez años después de haber elaborado el célebre texto que la engendró, adhiriéndose a los algo más sofisticados planteamientos de Robert Solow que se publicaron entonces (en 1956). A pesar de ello, sin embargo, prácticamente todos los economistas han seguido usándola despreocupadamente para establecer el crecimiento económico esperado. Lo que es otro misterio, puesto que ya se sabe que la inversión no es condición necesaria ni suficiente (sic) para el crecimiento económico sostenido (ver: William Easterly, En Busca del Crecimiento, Barcelona, 2003). Como los gatos, pues, hay teorías económicas que tienen 7 vidas, lo que nos alegra para los felinos, pero que resulta muy peligroso cuando se las otorgamos a ideas erróneas en el campo de la política económica.

En última instancia, sin embargo, debe tenerse presente que no necesariamente un elevado crecimiento económico reduce los niveles de pobreza o mejora la distribución del Ingreso Nacional, ya que ello depende –simplificando en extremo- de la productividad de sus factores de producción y de las elasticidades empleo-producto que caracterizan su estructura económica sectorial, las que a su vez son una función de complejos factores extra-económicos. De manera que muy bien puede ser que una economía que crezca al 7% reduzca la pobreza en un porcentaje mucho menor que una que lo haga solo al 4 o 5% o que, en ese afán, se deteriore aún más la desigual distribución del ingreso. Por lo que a nadie debería sorprender que ese ambicioso 7% de crecimiento económico pueda atraer –y no solo en el caso de los países petroleros- las 7 plagas de Egipto, que fueron 10.

Fuente: Gestión, mayo 10, 2006; p. 15.Facísmil


Reproducido en: La Insignia como “El discreto encanto del 7” .