miércoles, abril 26, 2006

¿Podemos aprender algo de Botswana, el ‘Milagro Africano’?

Como es sabido, Africa sub-sahariana es la región más pobre del globo y, para muchos, ya no tendría esperanza alguna para remontar su condición de sub-subdesarrollo. Recientemente, sin embargo, prestigiosos economistas han publicado una miríada de textos sobre un caso paradigmático, que parece escapar a la norma que estaría condenando para siempre a esa desesperanzada zona del mundo. Todos ellos consideran haber encontrado la excepción que confirmaría la regla en ese agreste país llamado Botswana, que abarca 600 mil kilómetros cuadrados (equivalente a Francia o Texas), que alberga una población de apenas 1,6 millones y que para colmo no tiene acceso al mar, enclaustrado como está entre Namibia, Zimbawe y Sudáfrica. Los suelos son pobres para la agricultura y prolongadas sequías la plagan permanentemente, como aquella que se extendió entre 1980 y 1987 y la que se inició en 1991. A pesar de todo ello, aunque parezca mentira, posee el record mundial de crecimiento económico de los últimos 45 años, por encima incluso de China, habiendo alcanzado una tasa anual promedio del ¡10% anual! Lo que significa que ha duplicado su Producto Interno Bruto (PIB) cada siete años desde 1961.

¿Cómo explicar semejante éxito según los textos en boga? En primer lugar, porque los británicos no destruyeron las instituciones locales relativamente participativas durante la colonización que duró de 1885 a 1966, cuando era el Protectorado de Bechuanalandia, y porque configuraron una burocracia meritocrática y medianamente honrada. Segundo: porque tuvieron la fortuna de contar con líderes presidenciales notables (como Sir Seretse Khama y el Dr. Quett Masire), quienes lograron ampliar sostenidamente el gasto público en educación (80% de la población adulta sabe leer y escribir), aseguraron los derechos de propiedad y construyeron una democracia relativamente estable, aunque aún muy endeble. Tercero: gracias a la relativa independencia de los grandes grupos tribales, a diferencia de otros países de la región, no hubo conflictos étnicos, en presencia de una ‘cultura homogénea’. Cuarto: según los economistas serios, se debería también a la aplicación de políticas económicas ‘prudentes’, porque, en efecto, Botswana logró mantener equilibradas sus cuentas fiscales y externas, con lo que su deuda externa es nimia. Finalmente, aparte de que antes de 1990 era el país que más ’ayuda externa’ recibió –US$ 133 por habitante/año- en el mundo (después de Israel), su vecindad con Sudáfrica y las condiciones económico-políticas señaladas atrajeron elevadas inversiones, que eran tan necesarias para explotar su principal recurso natural.

En ese análisis, nadie olvida tampoco el factor que es absolutamente fundamental: se trata de una economía que vende diamantes, vive de ellos y es el principal alimento de su gobierno, aunque no necesariamente de su población. El año pasado, la producción de diamantes representó el 40% del PIB que ascendió a US$ 9.400 millones en términos corrientes (y 16.600’ a precios de paridad de compra, ppc), con lo que producto por habitante fue de 5.900 dólares. Está demás decir que entre el 70 y 80 por ciento del total de exportaciones de bienes del país, que ascienden a US$ 3.680 millones (39% del PIB), corresponde a ese precioso mineral (al que acompañan otros: cobre, níquel, oro y carbón). Finalmente, el 95% de los ingresos del sector público proviene de la exportación de diamantes.

A comienzos de los años setenta, cuando se descubrieron masivas reservas de diamantes y otros minerales en la capa del desierto de Kalahari, la minería apenas representaba el 10% del PIB y que hoy alcanza el 36%. Desde 1999 Botswana es el primer productor mundial de diamantes. Las deslumbrantes piedras preciosas son producidas por la empresa Debswana, un joint venture entre el grupo sudafricano DeBeers y el gobierno botswanés, cada cual con el 50% de participación en la propiedad. Entre 70 y 85% de las ganancias fluyen al Estado en forma de impuestos, derechos de explotación y dividendos. Y, aunque usted no lo crea, hasta donde llegan mis datos, desde 1987 Debswana posee el 5,3% de las acciones de DeBeers, de manera que el gobierno botswanés ocupa dos asientos en el directorio del gigante monopolista internacional de diamantes que controla el 65% de la producción mundial. Por lo demás, desde 1992 existen dos empresas para la transformación (corte y pulido) de los diamantes y la empresa dominante se la reparten en proporciones iguales, el estado (Debswana) y la empresa norteamericana Lazare Kaplan International (Molepolole). El éxito radica, en este caso, y ese sí es un milagro, en la capacidad que tuvieron los líderes del país en el manejo de su riqueza minera y en sus dones de negociación frente a las empresas transnacionales, de los que muchos países del ‘tercer mundo’ solo pueden soñar. En efecto, a diferencia de la gran mayoría de economías minero-exportadores, la propiedad está casi exclusivamente en manos del Estado, sin que se hayan dado mayores conflictos con el sector privado. Las fantásticas ganancias de la industria de los diamantes se han venido invirtiendo en infraestructura social y económica, así como para acumular divisas.

A ello deben añadirse, sin embargo, las amenazadoras sombras del milagro, que generalmente ignoran los optimistas analistas del caso. En primer lugar, como es evidente, se trata de una economía que depende crucialmente de un solo producto de exportación, sujeto por tanto a las peripecias de la economía mundial en relación a la volatilidad de los precios. Segundo: a pesar de los enormes excedentes alcanzados gracias a ello, no se ha logrado diversificar la economía, con lo que el agotamiento del recurso llevaría a un acogotamiento de su desarrollo futuro. Más grave aún es la extrema inequidad en la distribución de ingresos, a tal punto que el último dato del Gini que poseemos llega al astronómico nivel de 0,63 (1993); agravada por la extrema desigualdad en la posesión de activos, en especial del ganado, que por lo demás explica parte del extremo deterioro ecológico, que no solo deviene del sobrepastoreo. Cuarto: La tasa de desempleo abierto asciende a la escalofriante cifra de 23,8% (2004) de la fuerza laboral. Quinto: A pesar de los esforzados programas de Mediano Plazo I (1989-1997) y II (1997-2002) contra el SIDA, resultaron ser un fracaso rotundo, a tal punto que el 37% (sic) de la población adulta está contagiada, ocupando así el segundo lugar a nivel mundial (después de Swazilandia). ¿Qué pasó con las ‘instituciones’ que para todos los economistas explicarían el tal prodigio botswanés? Sexto y seguramente ligado a lo anterior: la esperanza de vida al nacer ha caído a la mitad en los últimos diez años, al increíble dato de 34 años en el presente; teniendo en cuenta que 67 años es la media mundial (2005) y 55 años la del promedio africano. Finalmente, tampoco se pueden negar, sobre todo a partir de la década pasada, los escándalos de corrupción que se han venido denunciando. Por lo que parecería que, a diferencia del Perú, que sigue siendo ‘un mendigo sentado en un banco de oro’, Botswana parece ser uno sentado en un sillón de brillantes.

Aspectos todos estos que curiosamente son cuidadosamente ignorados por esos economistas deslumbrados por este espejismo milagros. No digamos que ello sea necesariamente una lección para el Perú, pero sí para los que creen ciegamente en lo que dicen los grandes economistas, muchos de los que solo resaltan ciertos aspectos convenientes que contribuyen al crecimiento económico –aunque no haya desarrollo- para poder hacer creer que la compleja realidad se ajusta a sus simplistas modelos. El triunfalista cacareo sobre este caso es un ejemplo especialmente patético al respecto y en que todo se explica a partir de las ‘instituciones correctas’, un cajón de sastre útil para salvarlos del desprestigio que los empañó luego del fracaso sucesivo de cada una de las mágicas recetas anteriores: ‘precios correctos’ primero, liberalización comercial después, seguida por la privatización, luego por la apertura de la cuenta de capitales, ahora por la ‘flexibilización laboral’, etc. Con lo que la economía se ha venido convirtiendo –a semejanza de la química o la biología- en ciencia experimental, en que los conejillos de indias somos los países del sur tropical y en que –dicho sea de paso- nuestros economistas se han convertido en los perros de Pavlov que babean cada vez que les tocan las campanitas desde el Norte.

Por lo demás, aunque este caso pueda ser informativo e ilustrativo, es poco lo que podemos aprender de una realidad tan distinta a la nuestra. Sin embargo, quedan tres lecciones evidentes. En primer lugar, una vez más, conviene recordar que el crecimiento económico –por elevado que sea- no necesariamente basta para desarrollar económica y socialmente un país. Segundo: que es extremamente peligroso fomentar una modalidad de acumulación primario-exportadora, especialmente cuando se basa en uno o unos pocos minerales; lo que quiere decir que es necesario diversificar la economía a través de políticas sectoriales, en parte financiadas precisamente con las ganancias de las boyantes exportaciones (dicho sea de paso, seguimos sin entender porqué no todas las mineras peruanas pagan regalías, dado que son contraprestaciones y no impuestos). Finalmente, Botswana es un buen ejemplo del rol crucial que puede y debe desempeñar el Estado, especialmente en sus negociaciones con las empresas transnacionales que explotan nuestros recursos naturales, sin descartar la posibilidad de conformar alianzas estratégicas y hasta de provechosos esquemas de copropiedad con ellas.
Fuente:
Gestión, abril 26, 2006; p. 15.

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Post-scriptum (marzo 27, 2008): Dos años después de escribir este artículo se sigue alabando el milagro botswanés, pero se dice, por ejemplo (¿quién los entiende?):

“So unemployment is 18%; about one-third of the people are poor. The income gap between townspeople and those in the countryside is wide and growing. Too much depends on diamonds, which generate over 70% of foreign earnings, one-third of GDP and about half of government revenues. A partnership between a South African giant, De Beers, and the government produces almost all the country's stones. Without new discoveries, diamond revenues may nosedive in the next 15-20 years. Government has not managed to diversify the economy enough”.

Fuente: “Botswana – The Southern Star”, en The Economist, marzo 27, 2008 (www.economist.com/world/africa/displaystory.cfm?story_id=10925770)


domingo, abril 23, 2006

Si Brasil es Belindia, Perú es Ganalandia

Treinta años atrás, Edmar Bacha rebautizó al Brasil, denominándolo mucho más realistamente Belindia. Con esa ingeniosa idea, en que se combinaban los nombres de Bélgica e India, quería representar socioeconómicamente a su país, en el que una pequeña minoría vivía como un belga promedio, mientras que la gran masa era tan pobre como el hindú común y corriente. En efecto, como es sabido, Brasil es uno de los países en el que no solo la pobreza absoluta (y la criminalidad) es abrumadora, sino que la distribución del ingreso personal (y de la riqueza) es una de los más desiguales del mundo.


Esta desigualdad generalmente se mide en base al coeficiente de Gini, que puede oscilar entre 0 y 1: la distribución será tanto más igualitaria cuanto más se acerque a cero (extremo en el que todos los individuos perciben el mismo ingreso) y, hacia el vértice opuesto, será más inequitativa a medida que llega a la unidad (en que un solo individuo posee todo el pastel económico).

Para quien haya visitado el Brasil, no se sorprenderá que el Gini llegue al elevadísimo nivel de 0,597 (2004), realidad que ni los disfraces del Carnaval de Río pueden enmascarar. En términos de desigualdad solo es superado -en lo que va de la presente década y para los que se dispone de datos- por unos pocos países, como Namibia con 0,707 (2003) y Bolivia con 0,606 (2002).

Generalmente se considera que las sociedades que tienen un Gini inferior a 0,4 son economías con una distribución personal del Ingreso Nacional relativamente equitativa dentro del sistema de economía capitalista de mercado. En ese sentido, los países más igualitarios serían Alemania, Bélgica, Dinamarca, Noruega y Suecia, todos los cuales tienen coeficientes menores a 0,3. En cambio, a este respecto, queda muy mal parado EEUU, cuyo Gini es de 0,45 (2004). En lo que a nosotros se refiere, el último dato del que disponemos para el Perú indica que asciende a 0,498 (2000), bastante más satisfactorio que el 0,571 que alcanzó ese mismo año el denominado milagro chileno (1).

Pero, regresando al tema, intentemos repetir el experimento del economista carioca para el caso peruano. Aplicando esa perspectiva a nuestra realidad, tendremos que encontrar dos países cuya sumatoria demográfica sea igual a la población peruana y que, además, se diferencien entre sí por desniveles de ingreso o producto por habitante tan amplios como los que existen aquí. Veamos si tal aproximación es posible.

Si usted recuerda que la población peruana se aproxima a los 27 millones de habitantes, tendríamos que sumando -en números redondos- las poblaciones de Ghana (22 millones) y Finlandia (5), se cubren nuestras expectativas en cuanto al primer aspecto. De otra parte, el Producto Interno Bruto (a precios de paridad de compra) del Perú llegó a 170.000 millones de dólares el año pasado (el nominal apenas alcanzó los 75.000), lo que -solo hasta cierto punto- coincide con la sumatoria de los PIB de paridad de Ghana (52 b) y Finlandia (158 b).

De donde se desprende, grosso modo, que en el Perú un 20% de la población goza de un ingreso promedio anual cercano al finlandés, mientras que las cuatro quintas partes restantes viven como el ghanés típico. Más interesante aún, si comparamos el PIB por habitante (a precios de paridad) de Finlandia con el de Ghana, la relación resultante es de 14 a 1. Y, lo más sorprendente, a pesar de cierta acrobacia estadística es que ¡la relación entre el ingreso del 20% de la población de mayores ingresos respecto a la del quintil inferior en el Perú también es de 14 a 1! (según la ENAHO IV-2004, en base a cálculos de Macroconsult). En tal sentido, como es evidente, el principal desafío que debemos afrontar en las próximas décadas consiste en hacer crecer paralela e interconectadamente ambos segmentos de nuestra fraccionada sociedad, el escandinavo y el africano, que sería la única manera de constituir una verdadera Nación, económicamente incluyente y políticamente participativa.

Por supuesto que también habríamos podido haber realizado el ejercicio entre Mozambique y Dinamarca (¿Mozamarca?), que poseen características similares, pero cuya conjunción resulta inconveniente por razones estéticas. Tampoco sería adecuado, por irrespetuoso, utilizar la combinación entre Mongolia e Islandia (¡Mongolandia!), o el del "País de Pelagatos" como habría preferido Abelardo Gamarra ('el Tunante') quien acuñó el término hace 100 años. Es en tal sentido que -como país- el Perú vendría representado más adecuadamente por el de 'Ganalandia'. En nuestro acrónimo hemos eliminado la 'h' de Ghana, para que el nombre infunda un mayor optimismo entre la juventud de esta nueva gran patria ganadora, cuyo próximo gobierno seguramente se abocará, tanto a reducir la enorme masa de desposeídos y marginados, así como los impresionantes abismos económicos y sociales ancestralmente existentes, comparables al maravilloso Cañón del Colca, al norte de la ciudad de Arequipa.

Fuente: El Comercio, abril 23, p. B3. Facsímil

Reproducido en La Insignia

miércoles, abril 19, 2006

Segunda vuelta: las opciones en juego

Si Keynes observara el panorama de los programas actuales diría, como lo proclamó hace exactamente 70 años, que “los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto. Los maniáticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico de algunos años atrás”. Porque, en efecto, la principal característica de los programas y promesas de los tres contendientes para llegar a Palacio consiste en su ‘aggiornamiento’ marginal de recetas anticuadas, sea del pasado reciente o de otras más lejanas.


El caso más sencillo de entender es el de Lourdes Flores. Ella, más que su partido, ha descubierto recientemente que hay muchos pobres en el Perú, que existe una inmensa e injusta exclusión social e, incluso, que ‘habría que cambiar el modelo económico porque no chorrea’. En cambio, en la práctica, según su plan de gobierno y el equipo que la acompaña fiel y desinteresadamente, continuará aplicando las políticas ortodoxas para asegurar la estabilidad macroeconómica y atraer la inversión extranjera, como debe ser de parte de quienes se consideran estadistas serios y respetuosos de las reglas de juego que nos impone la globalización. Sin embargo, ante las potenciales movilizaciones sociales que arremeterían contra el continuismo del ‘modelo’ se necesita un eficaz adormecedor social. Y es ahí donde radica lo novedoso de su programa, en el que figura en primera plana el grueso maquillaje –más que una buena cirugía plástica o un intenso programa de gimnasia- de políticas sociales con el que está enmascarando su mensaje. Teóricamente se considera así que ello podría calmar políticamente los ánimos para asegurar la gobernabilidad.

Bastante más complejo es el caso del APRA, cuyo programa también será relativamente ortodoxo en tanto necesita reivindicarse con los futuros libros de Historia del Perú. La novedad radica en la aplicación de políticas sectoriales (con énfasis en el agro y las PYMES), indispensables para diversificar la economía, asegurar la inclusión social y mejorar la distribución del ingreso. Al estar ubicado en el ‘centro’ y poseer un aparato sociopolítico y bases bien organizadas a diversos niveles (Congreso, gobiernos regionales, juventudes), estará aparentemente en condiciones de calmar casi todo tipo de movilizaciones sociales y, sobre todo, de negociar los aspectos más ortodoxos de su programa con UN y los más heterodoxos con el PNP.

Ambos tienen la gran ventaja que respetarán la institucionalidad democrática, lo que no necesariamente será el caso de nuestro tercer gran candidato, cuyo ‘nacionalismo’ lo podrá llevar por la vía fascista, como por la de ser cooptado por el gran capital transnacional, muy al estilo de Lucio Gutiérrez. Su plan de gobierno es -como los otros dos- impecable, coherente y dirigido a satisfacer las necesidades del pueblo. En este caso también el papel aguanta todo, pero la falta de una mayoría congresal y de bases sociales organizadas que lo sustenten (aparte de los militares y el fujimorismo) impedirá la aplicación exitosa de su programa de apariencia socialista.

Ante tales perspectivas tan negativas, como en el Perú todo es posible, afortunadamente no hay porque perder necesariamente el optimismo.

Fuente:Consorcio de Investigación Económica y Social, abril 19, 2006. Boletín del CIES, no. 33, Lima.

domingo, abril 09, 2006

Un Secigra para proyectos de inversión local

Por la falta, la demora o las deficiencias de los proyectos correspondientes, más de US$400 millones del canon y las regalías no pudieron ser aprovechados el año pasado por los gobiernos regionales, provinciales y locales para realizar sus tan necesarios programas de inversión productiva y social (no se equipó escuelas ni postas de salud, no se construyó canales de riego, no hubo nuevo acceso al agua ni a la luz).

El alcalde de Echarate (distrito de La Convención) ha señalado que apenas ha podido ejecutar un 30% de los fondos que le corresponden, lo que se debería a las dificultades que afronta en "la elaboración técnica de los perfiles de los proyectos". Lo que es comprensible, dado que --en general-- se trata de municipios paupérrimos que no cuentan con el personal profesional adecuado para elaborarlos. A ello se añade, como lo han señalado otros alcaldes de las 534 municipalidades que más dinero podrían recibir por esos conceptos, que "las normas por las que se autorizan los desembolsos son muy rígidas y difíciles de cumplir" (recogido del titular y página B4 de El Comercio, marzo 7, 2006). Lo que aparentemente se aplica a los municipios que tienen que presentar sus proyectos al Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) antes que el Banco de la Nación suelte el cheque correspondiente.

Por ese motivo, a instancias del Consejo Nacional de Descentralización (CND) y con el apoyo de varios ministerios, se organizó una feria de proyectos a la que asistieron 150 alcaldes de los 328 invitados (de 17 departamentos y del Callao). Se trataba de quienes dirigen los gobiernos locales a los que corresponde más de medio millón de soles por el canon y las regalías derivadas de la explotación de recursos naturales. En la feria se les presentó y ofreció una serie de proyectos preparados para su ejecución, lo que les permitiría iniciarlos en solo dos meses, gracias al financiamiento mencionado y a la promesa de apoyo técnico del CND. Este se ha propuesto lograr, por esta vía, la utilización del 70% de los fondos que no se aprovecharon el año pasado, con lo que no solo sobraría un 30%, más --probablemente-- gran parte de los US$700 millones que tendrían que desembolsarse el presente año.

Ciertamente, esa es una iniciativa interesante y valiosa, pero los malpensados podrían plantearse algunas dudas pertinentes, todas las que seguramente no son válidas en este caso: ¿Cómo así un alcalde puede escoger entre un sinfín de proyectos, como quien va a un supermercado? ¿Cómo así van a elegir y, menos aun, implementar adecuadamente un proyecto que un honorable alcalde y su personal no conoce en sus intrincados aspectos técnicos y beneficios sociales y económicos? ¿Cómo así recién se presentan estas valiosas oportunidades de inversión ad portas de las elecciones generales?

Pero, al margen de lo anterior, en aras de la concordia y por el optimismo que nos embarga frente a la expectativa de un flamante nuevo gobierno y un rejuvenecido Congreso, creemos que ese esfuerzo puede potenciarse con el apoyo comprometido de los universitarios. En tal sentido, ¿por qué no pensar en la implementación de un programa que aglutine a futuros profesionales de diversas especialidades, regiones y universidades para que elaboren los perfiles o los proyectos de factibilidad de inversión local que tanto requieren los pueblos, especialmente los más pequeños y más alejados de la llamada modernidad? A cambio de un trabajo en estas labores y una vez aprobado el proyecto y el desembolso del dinero, el graduando podría obtener --después de seis, nueve o doce meses de dedicación exclusiva-- su licenciatura, maestría o doctorado (previa sustentación pública ante un jurado de su facultad de origen).

El trabajo también podría hacerse extensivo a algunas actividades conexas, como el dictado de cursos de evaluación de proyectos al personal de las municipalidades, como la elaboración de un plan de desarrollo distrital o provincial concertado, como el seguimiento del proyecto en materia de compras, etc. Ciertamente que, durante ese proceso, los egresados serían asesorados por sus profesores --con visitas a la zona y, en algún caso, vía correo electrónico-- por los que habrían sido sus directores de la tesis profesional (convencional) en la facultad de origen.

Las ventajas para los pueblitos perdidos del ande o la selva serían múltiples, aparte de poder aprovechar productivamente el dinero que les corresponde. En especial se cuidaría que no se realicen proyectos elefantiásicos (estadios maracanás u hoteles de seis estrellas) o construcciones sofisticadas (cines con aire acondicionado o piscinas temperadas y con olas) o monumentos exóticos (para honrar a árbitros, iguanas o cuyes); y, sobre todo, evitaría las coimas, pues los egresados no serían dependientes de alcalde o concejo municipal alguno y estarían en condiciones de denunciar cualquier irregularidad ante las autoridades universitarias o las instancias públicas involucradas (SNIP o CND).

Evidentemente, los mayores beneficiarios serían los propios graduandos, por la experiencia práctica que adquirirán, por el trabajo conjunto que practicarán en equipos pluridisciplinarios, por su reconocimiento y compleja adaptación a otras costumbres y hasta culturas, por las perspectivas futuras de becas y trabajo que se le abrirían, no solo en los propios gobiernos locales, sino en ONG y hasta en organismos internacionales. También aprenderán de la sabiduría acumulada por los comuneros, lo que les permitiría reconocer que, si bien fueron a ayudar, al final terminaron siendo ayudados, aprendiendo a ser humildes (¡no era tanto lo que sabían!) y respetuosos de lógicas socioeconómicas aparentemente irracionales.

Lo que estamos proponiendo no es nada nuevo. Sencillamente se trata de un programa adicional dentro del marco del Servicio Civil de Graduandos, (Secigra).

En este caso, el financiamiento de los estipendios a los secigristas provendría de los propios fondos del canon, lo que le ahorraría costos a las municipalidades que, de lo contrario, tendrían que contratar onerosos técnicos. Pero, sin duda, se trataría de un proyecto más complejo de legislar y de administrar que los mencionados y, hasta cierto punto, es similar a la normativa del Secigra-PYME, dado que involucraría a universidades públicas y privadas, de Lima y del resto del país, así como a facultades diversas; en especial, a las de Administración, Agronomía, Contabilidad, Economía e Ingeniería. Sin duda, también habría que contar con antropólogos y sociólogos para el reconocimiento de la zona de trabajo, para el acceso a los comuneros y para la aculturación'de los egresados. El próximo Congreso podría iniciar así sus actividades legislativas de modo brillante, aprobando una ley como esta, que cubriría una necesidad tan sentida, precisamente, por los pueblos más olvidados del país. Y así respondería al sincero y profundo sentir de todos los partidos políticos.


Fuente: El Comercio, abril 9, 2006; p. B7. Facsímil.

domingo, abril 02, 2006

"Quien gane será absorbido por los grupos de poder". Entrevista publicada en La República

Su reciente libro "¿Somos pobres porque somos ricos?" es fundamental para entender por qué el Perú no ha logrado un desarrollo económico a lo largo de su historia. Aquí el destacado economista sostiene que ninguno de los tres candidatos favoritos podrá revertir esta situación.

Por: Milagros Salazar Herrera.

Foto: Roberto Guerrero.

–¿Cuál de los candidatos que lideran las encuestas tiene un plan de gobierno que pueda hacerle frente a la crisis distributiva?

–En teoría los tres tienen propuestas sobre este asunto, pero en la práctica sabemos que el plan de Unidad Nacional es neoliberal y nos va a llevar al continuismo. El del Apra es un proyecto proindustrial y el de Humala en teoría pretende incorporar a los sectores populares al desarrollo nacional.

–¿Esta propuesta de Humala es viable o pura demagogia?

–En teoría es viable, pero a nivel de las prácticas sociopolíticas con un congreso fraccionado, no va a funcionar. Entonces, lo que tenemos con estos candidatos es una oferta para viajar a Oceanía en tabla hawaiana, en una llanta de camión o en una chalana. Ninguno llevará al país por buen camino.

–¿Es posible crear los 650 mil empleos anuales que ha prometido Lourdes Flores si se ejecuta el plan de Unidad Nacional?

–No lo creo. En su plan de gobierno no hay políticas sectoriales que es lo único que podría generar ese número de empleos. Una cosa es lo que los candidatos proponen en el papel y otra cosa es lo que dicen.

–¿La Sierra Exportadora del Apra es una buena opción?

–Resulta interesante porque es en la agricultura donde hay que atacar el problema. Es vital buscar un mercado interno masivo para mejorar la distribución del ingreso, lo que pasa es que la dinámica económica actual nos lleva a un modelo primario exportador, es decir, que prioriza la exportación de las materias primas...

–Como sucede con la minería.

–Así es. No me opongo a este sector, pero lo que debe interesar es que las mineras no solo paguen canon sino regalías, que sus exportaciones generen empleo...

–Lo que los economistas llaman "encadenamiento productivo"...

–Exacto, que la exportación de los metales permita crear un valor de retorno. Pero lo que hacen estas empresas es comprar maquinaria de afuera, pagarles mucho más a los técnicos extranjeros. En consecuencia, la mano de obra peruana en la minería solo representa un 2% de la fuerza de trabajo.

–Usted sostiene que los países de grandes riquezas naturales como el Perú se enfrentan a la paradoja de la abundancia debido a que mantienen un modelo primario exportador que los condena a la pobreza. ¿Por qué?

–Yo planteo que "somos pobres porque somos ricos". Primero fueron el guano, el caucho, el petróleo, luego la harina de pescado y ahora los metales. Este modelo genera un círculo vicioso. Primero que nos enfrentamos a precios muy volátiles, con un "boom" de tres a cuatro años. Segundo, se genera una serie de rentas y corrupción. Tercero, se crea una cultura de "dormirnos en nuestros laureles". Entonces, el gobierno descuida la industria, la agricultura y otros sectores.

–Haber vivido a lo largo de nuestra historia del "boom" de recursos naturales ha sido nuestra apuesta por el subdesarrollo.

–Esa es la verdad. Ahora hay un sesgo hacia los mineros cuando paralelamente deberíamos potencializar la agricultura. Eso serviría de base para la alimentación y los insumos de la industria que permitiría crear empleo. Hay otro punto grave en el sector minero: existen millones de dólares del canon que no se usan por una serie de trabas de la burocracia, porque no existen proyectos o se diseñan obras como el monumento al cuy.

–¿Al respecto qué deberían proponer los candidatos?

–Instaurar un servicio civil para egresados de las facultades de economía, administración que permita armar los proyectos. Lo ideal sería crear grupos multidisciplinarios para la selva y la sierra.

–Usted señala que el modelo primario exportador tiene un efecto en el régimen democrático. ¿Quiere decir que cualquiera que gane podría afectar la democracia por mantener el modelo?

–Lo que pasa es que este modelo crea políticas clientelistas, genera nuevos grupos de poder, las grandes transnacionales son las dueñas del Perú. O sea, a mí no me van a decir que Humala va a hacer una política nacionalista. El primer año seguro va a querer hacerlo, pero...

–¿Será absorbido?

–Así es. Quien gane será absorbido por los grupos de poder. Humala terminaría copado como Lucio Gutiérrez en el Ecuador.

–¿Qué opción tenemos?

–Bueno, alguna esperanza podría haber en una alianza entre Ollanta Humala y el Apra, aunque parezca un pacto contranatura.

"Que la izquierda pague sus culpas en los comicios"

-Javier Diez Canseco no encabeza las encuestas, pero ¿su propuesta económica sobre el sector minero representa una salida?

-Estoy totalmente de acuerdo con Diez Canseco, quizás esa imagen corrosiva, de antropófago que tiene no le haya permitido sumar votos, pero es una buena opción. Él ha debido hacer una alianza con Susana Villarán y quizás con un grupo de Acción Popular.

-Pero ya ve, una vez más la izquierda prefirió presentarse dividida.

-Así es pues, pero que lo pague en estos comicios. Ojalá que la izquierda aprenda de esta experiencia para que en el 2011, si es que llegamos a ese año, gobierne una izquierda democrática, socialista, tipo Lula en Brasil.

-Pero ¿con qué líderes? La mayoría de los electores ha dejado en claro que Diez Canseco ni Villarán les genera confianza

-Es verdad, los ven como parte de los partidos tradicionales. Y eso a pesar de que en términos de contenido, Diez Canseco sí es el candidato antisistema, no Humala. En el fondo sigo soñando que aparezca una nueva generación de izquierda que le haga frente al continuismo. La frustración ha crecido impresionantemente. Hay gente que dice que es el abismo, pero cuando uno está desesperado salta nomás y se suicida.

Fuente: La República, abril 2, 2006. Facsímil.