domingo, septiembre 04, 2005

Valores reales y nominales: peripecias del valor del petróleo

Si le dijeran que el producto bruto interno (PBI) del Perú aumentó en 7.700% en 1990, usted se reiría e increparía de ignorante al informante por haber dejado de considerar la inflación que hubo de por medio.

En realidad, en ese año el PBI deflactado no solo no creció, sino que descendió 5,1% en términos reales. Esto pasa con las exportaciones, que se duplicaron de US$7.000 millones a US$14.000 millones en los últimos cuatro años y usted se asombra y aplaude. Pero en términos reales (deflactado) tan solo pasaron de US$7.000 millones a un poco más de US$9.000 millones. Esa expansión es equivalente al 30% producto del esfuerzo de los empresarios, con el apoyo de los mercados internacionales.

Confusión similar ocurre cuando se habla del precio del barril del petróleo y se afirma categóricamente que ha alcanzado niveles históricos. Si bien los US$70 por barril es una cifra alucinante, en términos reales el alza aún no alcanza al de otros tiempos. El gráfico ilustra los azares del errático precio clave mencionado en los 60 años de posguerra, tanto en dólares nominales como reales de julio del 2005.

Como se puede observar, durante el largo período de auge económico de la posguerra (1946-1972) el precio se mantuvo en torno de los US$3, lo que contribuyó a gestar y sostener los llamados Años Dorados del capitalismo, en lo cual la economía mundial creció al 6% anual y el comercio internacional lo hizo al 12%. Ese precio nominal de US$3 equivalía a US$20 del año 2005, cifra que coincide con el promedio histórico del errático precio real del barril en los últimos 150 años.

Luego, con la guerra del Yom Kipur y el embargo petrolero de los países árabes, el precio nominal saltó abruptamente en el bienio 1973-74. Lo hizo nuevamente a fines de la década del 70 como consecuencia de la revolución iraní y la guerra entre Irán e Iraq, llegando a su pico histórico de US$38 nominales (en enero 1980), equivalentes a US$95 reales. Hacia 1986 volvió a caer a sus niveles reales históricos de US$20 por barril, con marcadas tendencias fluctuantes.

En los tres casos se trató, por tanto, de alzas que resultaron de recortes de la oferta. En cambio, la triplicación del precio nominal producida durante los últimos tres años es atribuible principalmente a incrementos relativamente graduales en la demanda, como consecuencia de la boyante economía mundial, en especial por la recuperación económica del este asiático y el 'boom' de China. Aunque algunas huelgas y huracanes que azotaron a los productores de petróleo también ejercieron impactos coyunturales por el lado de la oferta, más fuerza tuvieron en ese sentido la guerra de Iraq, la relativamente escasa capacidad instalada y de inventarios de la industria, así como las magras inversiones en exploración y desarrollo de proyectos energéticos. El dispendio mayor, sin embargo, sigue proviniendo de EE.UU., que consume el 26% de la producción mundial del oro negro, lo que se entiende en parte por las bajas tasas de interés que estimularon el consumo privado e inflaron la espectacular burbuja del sector construcción/viviendas y, más aun, si tenemos presente que allá el galón de gasolina cuesta algo menos de US$3, frente al doble que pagan alemanes, británicos y algunos otros europeos.

Solo en los años 60 del siglo XIX se sobrepasó el nivel histórico máximo de 1980, pero ese fue un período en el que el petróleo no era tan importante como hoy en la determinación de los costos y precios de las economías, ya que el carbón cumplía ese papel. El precio promedio real más bajo de la posguerra, en cambio, se dio en el marco de la crisis internacional de 1998.

El precio del barril aún tendría que sobrepasar la escalofriante barrera de los US$100 nominales para alcanzar su récord histórico en términos reales. Todos esperamos que esto no suceda, aunque son cada vez más los que apuestan por ello. Sin embargo, los estimados más serios postulan que oscilará en torno de los US$65 por barril durante el próximo quinquenio, lo que en sí ya es un nivel muy alto, equivalente al triple del promedio histórico real. Lo que no permitirá un crecimiento sustancial en lo que resta de esta década inaugural del siglo XXI. Recordemos que un aumento de US$10 en el precio del petróleo reduce el crecimiento de la economía mundial en algo menos de un punto porcentual. En todo caso, lo que sí está claro es que el precio no volverá a su precio histórico real de largo plazo (US$20 por barril), lo que significaría el 'ocaso de la era del petróleo' y el inicio de la 'era de las guerras de recursos' (Michael T. Klare).

¿Estaría preparado el mundo para un shock fulminante de ese tipo? En el ámbito internacional, las tres últimas grandes crisis (bienios 1973-74, 1979-80 y 1989-90) fueron generadas por el sustancial aumento del petróleo y con ello procesos de recesión con inflación a escala global. Fenómenos que se volverían a desatar, en especial si EE.UU. incrementa sustancialmente sus tasas de interés --lo que tendrá que hacer, tarde o temprano-- en un intento por sanear sus cuentas externas y, también, si el yuan se llegara a devaluar en más del 10% --posible, más tarde que temprano-- por las presiones políticas internacionales. Y, en el ámbito nacional, es conocido el desastre al que daría lugar un precio internacional de esa magnitud, pese a la apuesta por el gas. Consecuentemente, en el ámbito mundial y nacional, se requiere sentar las bases para desarrollar una economía postpetrolera. Por lo pronto, habrá que ir pensando en sacar la bicicleta del depósito.

Fuente: El Comercio, domingo 4 de setiembre 2005; p. B-3. Reproducido en: La Insignia, septiembre 8, 2005.