lunes, octubre 11, 2004

América Latina, volviendo a sus juegos juveniles




Fuente: Actualidad Económica del Perú, octubre del 2004.
Edición para Internet: La Insignia (www.lainsignia.org/2004/octubre/dial_002.htm)

¡Quién no recuerda la época en que, cuando aún éramos joviales colegiales de secundaria, nos divertíamos con el perverso jueguito del 'callejón oscuro', gracias al cual nos desfogábamos maltratando a los mensos de la clase! Manotazos, rodillazos y patadas de por medio, llorábamos de risa cuando formábamos parte de las filas que tenían el privilegio de repartirlas a su sarcástico gusto, con lo que gozábamos viendo llorar de susto, rencor o dolor a los que les tocaba correr dentro del callejón. Solo sea dicho de paso, parece mentira cómo esos juegos marcan a las personas de por vida, por lo que hasta la política peruana -como en el resto del subcontinente- siempre ha sido la continuación de ese ejercicio para mayores, en que por cierto las pataditas solo se propinan literalmente en algún caso extremo de desesperación o desequilibrio.


1. El callejón oscuro de la economía mundial

Con la tan mentada 'globalización', que nos han vendido tan bien empaquetada, las empresas transnacionales (ETN) y los gobiernos de los países centrales que las protegen e impulsan, nos están haciendo correr nuevamente entre las dos filas de furiosos y puntiagudos botines, como cuando éramos forajidos colegiales. Pero esta vez, en que ya no se trata de una broma pesada, nos hemos ubicado dentro del angustiante callejón oscuro voluntaria e ingenuamente, sin poner condiciones. Y, no sé si de puros masoquistas o por caídos del palto, de esta experiencia sí que ya no saldremos librados solo con unos cuantos rasguños y moretones en la canilla o el trasero.

Recordemos que, desde los años setenta y, sobre todo, so pretexto del colapso del servicio de la deuda externa (México, agosto 1982), nuestros economistas ortodoxos y los gobernantes que simpatizaban con ellos, condujeron a nuestros países al callejón oscuro, castigo aparentemente muy justificado para quien no cumple con sus acreedores. A cambio de la oferta para acceder a los 'inconmensurables' mercados mundiales nos exigieron liberalizar nuestras economías.

Más aún, lo que en los primeros años de la 'Década Perdida' parecía un simple proceso ortodoxo de estabilización de la inflación y de ajuste de la balanza de pagos, se ha convertido en un permanente "Retorno del Neoliberalismo" (Prebisch, 1981). Esta ortodoxia, inesperadamente, vino para quedarse y, bajo la apariencia de políticas de corto plazo, ha modificado radicalmente nuestra estructura y modalidad descentrada de acumulación. El mencionado paquete de medidas ha sido caricaturizado por John Williamson en términos del Washington Consensus y, más propiamente, con el acrónimo WC... que algunos confunden comprensiblemente con el Water Closet, por las consecuencias a que ha dado lugar.

Con la posible excepción de México y Brasil, que se han convertido en las principales cabezas de playa de las transnacionales de los países metropolitanos en América Latina, todas nuestras economías han regresado eufóricas al modelo primario-exportador del siglo XIX. La exportación de nuestros ricos recursos naturales, el cholo barato y los sectores financiero y de telecomunicaciones se encuentran entre los preferidos del gran capital foráneo, que desde ahí succiona ingentes flujos de excedentes -completando su rebosante alforja con el enorme servicio de la deuda externa- para financiar a los centros mundiales del poder, insaciables en sus ansias de consumo y de reproducción ampliada. La cornucopia del escudo peruano se ha inclinado en esa dirección.

Lo más problemático de este proceso es que prácticamente no queda espacio para que los latinoamericanos podamos competir en esta 'nueva economía', en la que estamos convirtiéndonos literalmente en emparedados, esos de camote frito en pan francés. Tenemos que correr, por un lado, entre la fila más sólida, conformada por los poderes centrales (EEUU, la UE y Japón), cuyas corporaciones controlan la parte más jugosa del ciclo de los productos y de las finanzas; y la otra fila, en la que se han alineado decenas de países sub o semi-desarrollados, entre los que destacan los cuasi-continentes (China e India), junto con los tigres y tigrillos del sudeste asiático, que se caracterizan por sus dinámicas exportaciones basadas en mano de obra barata y dócil, tecnologías de punta y producción en masa barata, de marca y relativamente sencilla, mayormente alimentadas por inversiones de las ETN de las metrópolis mundiales.

En ese proceso, las ETN juegan a varias bandas, solas o en alianza con otras. De una parte, lo hacen directamente desde sus países de origen, donde generalmente se realizan las labores más importantes, sutiles y rentables, comenzando con el desarrollo científico y tecnológico de sus productos y maquinarias, pasando por las labores de diseño, hasta llegar a las de márketing. De otro lado, se ubican -"deslocalizándose"- en zonas preferenciales del resto del mundo (desde China y la India, pasando por México y Brasil, hasta llegar a Malasia y Vietnam), desde donde nos exportan sus bienes, servicios, insumos, equipo y maquinaria.

Entre los dos grupos de economías, que se han especializado en la producción y exportación proveniente de los segmentos y ramas con mayor potencial de crecimiento a escala mundial, basados principalmente en los ejes de la revolución tecnológica en curso, prácticamente no nos dejan espacio alguno para escabullirnos del callejón oscuro. Con lo que, muy racionalmente, hemos regresado a ser primordialmente exportadores de materias primas, con el oro y el cobre a la cabeza (la minería representa 52% de las exportaciones totales del Perú), siguiéndole muy de cerca la exportación de personas (los dos y medio millones que viven fuera ya remesan 1.300 millones de dólares al año). Desafortunadamente, los vicios de este modelo que bien conocemos por los fiascos que significaron tales enclaves exportadores en el pasado (guano, caucho, petróleo y demás), se siguen procesando en el presente, a pesar de las avanzadas tecnologías que las ETN vienen aplicando para la explotación de los recursos naturales no renovables del país.

Por supuesto que este efecto sándwich se procesa también al interior de todos los países, sobre todo en los sub o maldesarrollados (pero también en los que se dicen desarrollados), en que los trabajadores del sector privado son amenazados por la presión de globalización y los del sector público por la privatización y el recorte del gasto público y en que los trabajadores poco calificados no tienen esperanza alguna de compartir los beneficios que puedan provenir del crecimiento económico.


2. Jugando a las sillas musicales

Todos conocen este juego de niños que se deplazan alrededor de un conjunto de sillas alineadas en el centro y cuyo número es menor al de los que intervienen en la partida. Cuando el director del divertimento apaga la música todos buscan sentarse en una silla vacía y quien se quede sin asiento sale del juego, muy avergonzado... y así sucesivamente. Los perdedores son los que no se pueden sentar, tal como les sucede actualmente a los países que no se acoplan a los mandatos y dictados 'naturales' de la nueva división internacional del trabajo.

Y, en efecto, en este salvaje proceso de administrada competencia a escala mundial, parece que nadie puede darse el lujo de perder el tren, a pesar de lo cual la mayoría de países latinoamericanos se está quedando sin silla, relegados crecientemente a la periferia planetaria y a la marginalización la mayor parte de su población. Quedan, como muchos países del África, olvidados en su pobreza...la que termina siendo nuestra principal "ventaja comparativa" aparente. Y digo aparente, porque hoy en día ya no basta contar con el proverbial cholo barato para competir a escala mundial, a no ser que venga acompañado con inversión extranjera, tecnología de punta y la explotación de nichos dinámicos específicos que estén en condiciones de surtir crecientemente el exigente mercado global.

Lo tremendo de este juego a escala global es que -encima que se da al interior del callejón oscuro- enfrenta entre sí a los propios países 'en desarrollo'. Competimos entre nosotros mismos por ocupar una silla, como les apetece a los que ocupan los lugares privilegiados que forman las filas del callejón. Efectivamente todos los países "del Sur" competimos por los mismos mercados y con los mismos productos, con lo que faltan cada vez más sillas y sobran cada vez más países. Y, en efecto, en esas condiciones, no hay lugar para todos. Es ahí donde comienza la trampa, ya que todos saben que las sillas las mueven las ETN a su conveniencia, facilitándoselas sólo a los países que consideran más sexy, riesgo-país de por medio.

De ahí que tengamos que portarnos bien, haciendo ofertas y ofreciendo condiciones paradisíacas a las grandes compañías. Ya que somos conocidos como los más coquetos enamoradores, durante la última generación hemos venido aplicando nuestra experiencia en ese campo al de las empresas transnacionales, a las que cireamos -cierto, que algo burdamente- con una serie de pícaros quecos tipo latin lovers.

Entre los obsequios que encantan a nuestras pretendidas están los siguientes bien conocidos, adquiridos en las tiendas del WC: cada vez menos impuestos y más exoneraciones, reducción de los aranceles y de las barreras para-arancelarias, abierta flexibilización del mercado de trabajo, apertura financiera total y de movimiento de capitales, privatizaciones a precio huevo, aumento de los impuestos indirectos y disminución de los directos, disminución del tamaño e intervención del Estado (a no ser que sirva a las ETN para que financie, por ejemplo, el desarrollo de infraestructura), promesa de estabilidad absoluta en las reglas de juego, privatización de la seguridad social (rubro muy rentable, por cierto), etc. Quienes sigan este recetario pueden estar seguros de conseguir una silla, aunque no necesariamente de por vida, ya que los gringos -¡bien criollazos se han vuelto!- prefieren el servinacuy.

Todo ello, como es sabido, está dirigido a "ganar competitividad" a toda costa; es decir, para asegurarle las más altas tasas de ganancia a las ETN. El fin justifica los medios. Los resultados de este juego no son precisamente alentadores si observamos el pobre desempeño de nuestras economías a lo largo de este periodo. El crecimiento económico anual por habitante (promedio ponderado), entre 1950 y 1980, fue del 2,7% en América Latina (Ocampo, 2004: 70). De ahí en adelante, decrecimos al -0,9% durante la década perdida (1980-90) y volvimos a crecer en apenas 1% durante los años noventa y lo que va del nuevo siglo (1990-2002). A ello debemos añadirle la creciente volatilidad de nuestras economías como consecuencia de la apertura y el tipo de exportaciones que hemos engendrado. La productividad por trabajador, en esos tres periodos, varió a las siguientes tasas, respectivamente: 2,7%, -1,7% y 0,1%. La productividad total de factores (PTF) fue del 2,1%, -1,4% y 0,2% anual en cada uno de esos periodos (1). Por añadidura, se mantienen, tanto la volatilidad de las exportaciones y la debilidad de las balanzas de pagos, como las bajas las tasas de ahorro e inversión.

Si a ello le añadimos el deterioro de la de por sí desigual distribución del ingreso y de los activos, la 'dualización' de nuestras economías, el aumento de la pobreza y la acumulación de los problemas sociales (2), tendremos un panorama claro de lo que todos sabemos sobre las consecuencias de las políticas del WC. El único gran triunfo del proceso neoliberal ha consistido en bajar la inflación a un dígito.

Y, por si fuera poco, también nos ofrecemos -más coquetamente aún- para atraer la inversión en maquila, para establecer zonas francas, para ser depositarios de desechos industriales, para que hagan uso ilimitado de nuestra riqueza ecológica y hasta para que se apropien de genoma humano (sic) (3), para que exploten nuestros bosques y minas (sin pago de regalías, por supuesto) y demás gollerías que requieren las transnacionales para poderse expandir y sentir a gusto en nuestro dulce hogar. Y, más recientemente, el regalo de moda -aunque nuestros gobiernos creen que es un obsequio de nuestra pretendida- consiste en la firma de tratados de libre comercio (TLC); sin tocar, por supuesto, los subsidios que le otorgan a su agricultura y abriéndoles el campo para que patenten lo nuestro.

Si además tenemos presente que también las economías desarrolladas se vienen abriendo cada vez más, tenemos un panorama de lo que nos espera en materia de competencia, a la que nos hemos entregado ingenuamente sin prepararnos y sin negociar contraprestaciones, aunque también es cierto que en el amor evidentemente esto no es elegante. Por añadidura, todo este proceso enfrenta indirectamente a los trabajadores del 'tercer mundo' con los de los países altamente industrializados. Paralela e imperceptiblemente, como es obvio, se está comenzando a dañar la economía mundial al crearse todas las condiciones para que se de una deflación como consecuencia del exceso de capacidad productiva a escala mundial.


3. ¿Atrapados sin salida?

Hay, pues, juegos que hacen mucho daño, sobre todo si algunos participantes no respetan sus reglas o lo hacen con los dados cargados. Del callejón oscuro en el que hemos caído ingenuamente, agravado por el tramposo juego de las sillas musicales, parecería que terminaremos en un túnel sin salida.

En todo ese proceso nos hemos convertido nuevamente en economías primario-exportadoras, sujetas a todos los efectos dañinos que hemos enumerado en un texto anterior ("Somos pobres, porque somos ricos"). Obviamente la culpa no radica en nuestras riquezas, sino en la forma como hemos negociado su explotación, la que -si fuésemos capaces- podría generar el "valor de retorno" necesario para generar dinámicas endógenas que nos puedan llevar al desarrollo, como en su momento lo hicieran economías exportadoras de materias primas como Canadá, Australia, Noruega, Suecia, entre otros. A ese respecto, es interesante observar cómo han reaccionado diversos sectores de la población el día de hoy, en que se ha dado a conocer la concesión otorgada para la exploración de "Las Bambas", enorme yacimiento aúreo-cuprífero, que para unos es una maravilla y para otros un desastre. Cuando no es necesariamente ni lo uno, ni lo otro, ya que todo depende de nuestra capacidad para negociar un reparto justo de los excedentes y, sobre todo, si se logra que su explotación y exportación -como la de los demás yacimientos mineros- genera los encadenamientos necesarios para beneficiar a amplios sectores de la población.

En última instancia de lo que se trata es de que busquemos el desarrollo de nuestros mercados internos, que son precisamente los que se han marginado en la búsqueda exclusiva de mercados externos. Tema tabú este último, porque nuestra capacidad doméstica de compra es diminuta para ser rentable, y es muy reducida porque tenemos que competir a nivel internacional, y tenemos que competir a escala mundial porque tenemos salarios escuálidos, lo que nos obliga a salir a exportar, lo que nos lleva a exigir la flexibilidad laboral, lo que pigmeiza aún más los mercados internos, lo que nos termina hundiendo en un círculo vicioso. Con lo que las sillas musicales se han convertido en sillas eléctricas, literalmente.

De ahí resulta nuestra no tan reciente y proverbial ilusión en las oportunidades que nos ofrecerían los 'infinitos' mercados mundiales para nuestras exportaciones, que se vaciarían en este gran mundo abierto, libre y transparente en que viviríamos. Y, en efecto, todos nos hemos venido tragando el sapo durante los últimos treinta años, ensayando incluso un nuevo himno nacional, que ahora se entona en prácticamente toda América Latina con la mano en el pecho: 'Exportar o Morir'. Esta frase sagrada -el mantra del WC- se invoca a diario, como en el budismo e hinduismo (aunque no en sánscrito en este caso), durante lo que ya es un culto para invocar a esa nueva divinidad que representa la mítica 'globalización'.

¿A qué viene toda esta cantaleta? dirán nuestros colegas ortodoxos: "¿Qué alternativa ofreces? ¡No serás tan ingenuo para creer que hay otra! ¡Sólo queda el pensamiento único, que es el único sensato, racional y realista! ¡Todo lo demás es populismo económico!" Eso mismo le espetaban los economistas ingleses a los gobiernos de Alemania durante gran parte del siglo XIX (a pesar de List, 1841), así como a los EEUU (a pesar de Alexander Hamilton). Posteriormente se lo repetían a todos los demás países. Pocos fueron los que lograron remontar el subdesarrollo, evitando la periferización a la que querían someterlas las economías dominantes, sin hacerle caso a los cantos de sirena del aperturismo y la liberalización. Interesantemente, a medida que alcanzaban a los países desarrollados, esos países también se volvieron liberales en materia de comercio exterior y trataban de obligar a los demás a convertirse al dogma de la ortodoxia librecambista, con lo que pretendían quitarle o "le quitaban efectivamente la escalera" para ascender al desarrollo a los que venían desde abajo o desde atrás (véase: List; 1841; Ha-Joon Chang, 2002).

Aunque hay motivos para la alarma, no hay necesidad de desesperarse. Y es que, lo que olvidan los bien ingenuos o los muy interesados propulsores neoliberales del WC (y los más sofisticados defensores de los post-WC), muchos países se liberaron de las potencias que buscaban subordinarlas, incluso en el siglo XX. Para lo que aplicaron una serie de políticas heterodoxas que no tienen nada que ver con el implacable cartabón neoclásico (ver: Rodrik, 2003). Un repaso cuidadoso de la historia económica universal nos haría ver que ningún país ha escapado al subdesarrollo siguiendo el recetario ortodoxo (ni Suiza representa la excepción que constata la regla), en base a esquemas creativos que detallaremos en una próxima oportunidad.

Por supuesto que cada vez será más difícil soltarse de las ataduras de la periferización a las que nos han sometido -comenzando por el lado ideológico- los centros dominantes en su sarcástico juego del callejón oscuro, en que siguen empujando las sillas musicales a su antojo y conveniencia. Baste ver la euforia que ha despertado la inminente firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU (y otros que se vislumbran a futuro), donde toda la negociación es una finta más en el juego, en la que obviamente no interesa la participación de la ciudadanía, ni siquiera para informar qué y cómo se viene negociando el asunto. Los documentos ya están impresos y empastados en lujosas ediciones preparadas por prestigiosas imprentas norteamericanas. Las firmas que hay que añadirle después de la "negociación" están descontadas...de lo contrario ¡los mandan al callejón oscuro a nuestros negociadores! ¡o les quitan las sillas que les habían prometido en el FMI, el BID o el Banco Mundial!


Lima, 31 de agosto del 2004.


Bibliografía

Chang, Ha-Joon (2002). Kicking Away the Ladder - Development Strategy in Historical Perspective. Londres, Anthem Press.
List, Friedrich (1841). Sistema Nacional de Economía Política. Madrid: Aguilar, 1955 (versión en ingles: The National System of Political Economy. Londres: Longmans, Green, and Company, 1885).
Nordas, Hildegunn K. (2004). The Global Textile and Clothing Industry post the Agreement on Textiles and Clothing. Ginebra: Organización Mundial del Comercio, OMC:
(www.wto.org/english/res_e/booksp_e/discussion_papers5_e.pdf).
Ocampo, José Antonio (2004). "Latin America's Growth and Equity - Frustrations During Structural Reforms", en Journal of Economic Perspectives, vol. 18, no. 2; pp. 67-88.
OMC (2004). "Evolución del Comercio y de las Políticas Comerciales", parte del primer borrador del Informe sobre el Comercio Mundial 2004, junio; la versión definitiva aparecerá en setiembre (www.wto.org/spanish/news_s/pres04_s/press378_annex_s.pdf).
Palley, Thomas (2002). "A new development paradigm: domestic demand-led growth", en Foreign Policy in Focus, Discussion Paper, setiembre (www.fpif.org/pdf/papers/DPdevelopment.pdf).
Prebisch, Raúl (1981). "El Retorno de la Ortodoxia", en Pensamiento Iberoamericano, no. 1.
Rodrik, Dani (2003). "Growth Strategies", en NBER Working Paper No. 10050.


Notas

(1) Según la misma fuente la evolución promedio por década de la PTF en el Perú, cayó en 0,75% en los años setenta, en 3,36% en los ochenta y en 0,82 en los noventa (Ocampo, 2004: 93).
(2) Nótese, sin embargo, que aumentó la esperanza de vida al nacer y bajó la tasa de analfabetismo.
(3) "Por décadas, sus plantas medicinales, semillas, insectos y los conocimientos asociados a ellos, han sido materia prima de las industrias farmacéuticas, cosméticas, agrícolas. Más recientemente, son buscados por su propia constitución genética, materia prima para descubrir variaciones genéticas particulares, que podrían dar claves para conocer la relación de los genes con enfermedades, negocio de gran potencial para las transnacionales farmacéuticas". Fuente: Silvia Ribeiro, "Los cazadores de genes", en ALAI-AMLATINA 25/08/2004,México D.F